Paloma Fuentes: ‘La felicidad no tiene que ver con sonreír a toda costa’

En su libro ‘La medicina de la felicidad’, la doctora Paloma Fuentes nos ofrece veinte vitaminas mentales para pasar de supervivientes a súper vivientes.

La Medicina de la Felicidad (Editorial Pinolia) es la receta que prescribe la doctora Paloma Fuentes para optimizar tu calidad de vida. No contiene fórmulas mágicas ni pócimas milagrosas. Solamente veinte ingredientes sencillos para fortalecer tu salud mediante el cuidado de tu cerebro y tu mente. En esta entrevista nos adelanta algunas de las claves. 

Muchos psicólogos dicen que vivimos en una "tiranía de la felicidad" que nos obliga a sonreír y estar contentos pase lo que pase, como si no tuviéramos derecho a llorar una pérdida o sentirnos mal por alguna circunstancia. ¿Usted qué opina, cómo podemos encajar los duelos dentro de su filosofía de la felicidad?

Claro que sí, porque esa tiranía que usted menciona se refiere a una Felicidad artificial, falsa, yo le llamo la «Felicidad plexiglás». La Felicidad no tiene que ver con sonreír a toda costa, creerse el mensaje de que somos capaces de alcanzar nuestros sueños si nos lo proponemos, o con colocar futbolines y alimentos «bio» en los centros de trabajo. Ni siquiera tiene que ver con estar contento o alegre, aunque sean emociones muy agradables. La Felicidad que yo explico y desarrollo en el libro tiene que ver con la energía que brota de nuestros pensamientos y nuestras emociones, y que es la que utilizamos para desenvolvernos por la vida. El duelo nos provoca emociones maravillosas como el dolor o la tristeza, que nos aportan informaciones muy valiosas sobre nuestra vida y sobre nosotros mismos. La Felicidad surge de una mente que es capaz de identificar el dolor y la tristeza, de escuchar sus mensajes y de disfrutar (y digo disfrutar) sus enseñanzas. No solo no es incompatible, sino que en el libro se explican por qué desarrollar habilidades como la Aceptación, la Adaptación y la Flexibilidad es importantísimo para afrontar las situaciones duras , dar la mejor respuesta y salir de ellas reforzados como seres humanos.

La felicidad depende, no tanto de que se produzcan acontecimientos positivos en nuestras vidas, sino de nuestra forma de encarar todo lo que nos va pasando. ¿Podemos aprender a ser más optimistas? ¿Existe algún método o herramienta avalado en estudios científicos y que nos ayude a lograrlo?

Yo no creo en el optimismo que habitualmente se define como ver el vaso medio lleno en lugar de medio vacío. Yo creo en el optimismo que consiste en el vaso en su nivel real, pero trabajar activamente para llenarlo cuando se vacíe. Es decir, el optimismo no es una forma de ver el mundo, sino una actitud que me lleva a poner cada día mi granito de arena para que sucedan cosas buenas. Hay varios estudios que relacionan el optimismo con un predictor de bienestar en los cuidadores de personas discapacitadas, un mejor rendimiento en los deportistas o incluso mejores resultados a medio/largo plazo en las personas sometidas a hemodiálisis (mejor evolución, menor número de complicaciones). Y la buena noticia es que, efectivamente, también el optimismo se puede entrenar. En el libro expongo varias pautas de entrenamiento, pero merece la pena destacar algunas de ella. En 2011, la doctora Sara Lazar, de la Universidad de Harvard publicó un estudio que demuestra que meditar durante 27 minutos a lo largo de ocho semanas provoca cambios cerebrales estructurales positivos en la corteza órbito-frontal y en el hipocampo, dos zonas vinculadas al desarrollo del optimismo.  Otra forma de entrenar el optimismo es mediante la recreación de pensamientos anticipatorios sobre sucesos agradables, es decir, imaginar conscientemente cosas o momentos que nos gusten provoca un aumento instantáneo de endorfinas y eleva el rango de optimismo (Anticipating A Laugh Reduces Our Stress Hormones, Study Shows. American Physiological Society. April 2008). Y la ultima es realizando gestos de bondad hacia los demás. Este último es un estudio de la Escuela de Medicina de la Universidad de Massachussets (Altruistic Social Interest Behaviors Are Associated With Better Mental Health. Carolyn Schwartz, Scd, Janice Bell Meisenhelder, Dnsc, rn, Yunsheng MA, Mph, and George Reed, Phd). Se trata de realizar gestos sencillos (abrir una puerta, ceder el paso en el ascensor, saludar amablemente a desconocidos…), pero realizados de forma consciente.

 

Su programa Happynet habla de 20 habilidades para mejorar la calidad mental. Si tuviera que destacar dos de ellas y explicar brevemente su importancia, ¿con cuáles se quedaría?

Esa pregunta es muy complicada porque todas son importantes y complementarias entre sí. Si quieres que hablemos de dos, la primera es la Atención Concentrada porque es el sustento del resto de habilidades. Cuando trabajamos la atención desarrollamos el acceso a nuestra consciencia, que es la palanca que nos facilita entrenar adecuadamente el resto de habilidades. Y la segunda que voy a mencionar es la Apreciatividad porque nos abre las puertas a un nuevo mundo y  nos amplifica nuestra forma de ver, valorar y disfrutar de verdad lo que somos y lo que tenemos a nuestro alrededor. Entrenando nuestra apreciatividad somos capaces de convertir lo “normal” en extraordinario, o lo que es lo mismo, con la Apreciatividad elegimos transformar lo habitual, lo cotidiano, en Felicidad.

 

¿Cree que la búsqueda constante de experiencias placenteras e inmediatas que rige nuestra sociedad está interfiriendo en nuestra capacidad para ser felices?

Creo que esa búsqueda de experiencias placenteras inmediatas y basadas casi exclusivamente en lo material está distorsionando nuestro sentido de la Felicidad. Todos esos estímulos externos tan deseables que nos llegan constantemente hace que confundamos gratificación con Felicidad. En un viaje que realicé en 2017, desde Alaska hasta Rio de Janeiro en barco, con paradas a lo largo de toda esa costa, hice una encuesta a 2 679 personas a las que les pedía una sola palabra que ellas identificaran con su sentido de la felicidad. Había personas de más de treinta nacionalidades, y de todas las edades, profesiones… Las palabras más repetidas en la encuesta (por mayoría aplastante, casi un 82 %) fueron calma, sosiego y tranquilidad. Algo muy alejado de lo que habitualmente vinculamos a felicidad: alegría, entusiasmo, ilusión, placer o júbilo. La auténtica felicidad surge de un estado de paz, de armonía y equilibrio interior. Y solo depende de nosotros mismos.


 

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