Obesidad: No se soluciona solo con dieta y ejercicio

Uno de los mayores errores de la ciencia (y de la sociedad) de nuestro tiempo es, discutiblemente, nuestra pobre comprensión de la obesidad

Tal vez pienses que estoy exagerando, al fin y al cabo, es una cuestión de balances energéticos, ¿no? Una persona está obesa o tiene sobrepeso cuando consume más calorías de las que gasta, ¿verdad? Por tanto, lo contrario también es cierto, para adelgazar basta con “quemar” más de lo que se consume.

Pues la realidad, querido/a lector/a, es mucho más complicada. Lo primero a considerar es que la obesidad es, en sí misma, una enfermedad. Aun así, lo más habitual cuando alguien piensa en la obesidad es que ni siquiera piense en el concepto de enfermedad. Y no me refiero a esos casos que están obesos por padecer una enfermedad, me refiero a que la obesidad es por sí misma una enfermedad, y quienes la padecen están enfermos. Y esto no lo digo yo, lo declaró oficialmente la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 2014.

Aquí ya debería sospecharse que el asunto no es tan sencillo como restar las calorías que se “queman” a las que se ingieren. Y siendo que estamos hablando de una enfermedad que ya se encuentra en una escala epidémica (e incluso pandémica), evidentemente tampoco es un problema que hayamos sabido manejar correctamente. De hecho, desde 1975, la obesidad se ha casi triplicado en todo el mundo. Y hoy en día afecta a tantísima gente (hace 5 años, a más de 1900 millones de adultos con, al menos, sobrepeso, y más de 340 millones de niños y adolescentes –de 5 a 19 años-) que a muchos nos parece normal ver gente enferma por todas partes o incluso en nosotros mismos.

El problema de un enfoque simplista como el del balance energético es que es parte de los motivos que se listan por los cuales hemos llegado a este aumento de la tasa de obesidad.

 

Entonces… ¿Qué es la obesidad?

La obesidad es un trastorno multifactorial. Esto significa que existen multitud de factores implicados en su desarrollo (más de cien, de hecho). Habiendo más de un centenar factores relacionados con la obesidad, la reducción del balance energético parece cada vez más absurda, ¿no crees? La genética, el entorno, el desarrollo y el comportamiento desempeñan un papel importante en la probabilidad de que una persona tenga obesidad.

 

Empecemos con lo complejo: el adipostato

Existe un mecanismo teórico en nuestro cerebro que funciona como un termostato, manteniendo el nivel de grasa corporal de una persona dentro de un estrecho margen a pesar de la considerable variación de la dieta y la actividad (teoría del punto fijo). En otras palabras, este concepto nos dice que tu cerebro tiene su propio sentido de la cantidad de grasa corporal que debe tener. Y dispone de un complejo sistema que regula con mucha precisión tu consumo y tu gasto de energía para mantenerte dentro del llamado “punto de referencia de la grasa corporal”. Así que toda esa ecuación de equilibrio energético, que sí, que tiene sentido sobre el papel, pero no es algo que controles voluntariamente. Tu cerebro regula las calorías que ingieres en función de las calorías que quemas. Puedes tener épocas de tener unos kilos de más o unos de menos, pero lo habitual es que siempre te muevas en el mismo rango. Y para mantenerte dentro de ese rango (que por cierto, es regulado por la parte de tu cerebro que se conoce como hipotálamo) tu cerebro necesita saber cuánta energía tienes disponible en todo momento, y lo sabe “escuchando” a hormonas como la leptina, que se produce en tu grasa corporal (tras recibir esta señales de los intestinos, páncreas y estómago).

Puedes pensar en esto como en un coche. La leptina es el indicador de gasolina que le dice a tu cerebro cuánta gasolina hay en tu depósito. Pero la leptina es sólo una pieza del puzzle. Tienes un montón de otras señales hormonales que también están implicados.

Entonces, ¿qué ocurre si una persona decide ponerse a dieta para perder peso? Después de todo, las personas con obesidad deberían comer menos, ¿no?

 

No todo es leptina…

Las hormonas en nuestro cuerpo suelen vivir en un equilibrio. Es decir, si algo estimula X, es probable que exista algo que lo inhiba, para que X no tienda solo a crecer o decrecer. Así, si antes hablábamos de la leptina, esa hormona que se produce tanto en el tejido adiposo (a largo plazo) como en el estómago (a corto plazo) y produce sensación de saciedad, también cabe mencionar la grelina.

La grelina es una hormona que, a diferencia de la leptina, estimula el apetito (se produce en el estómago y en las neuronas del hipotálamo). Conocemos también otra hormona cuyo efecto es estimular el apetito, la anandamida. Esta se produce exclusivamente en el intestino delgado.

Por supuesto existen otro montón de hormonas implicadas en todo esto (insulina, CCK, PYY…).

 

¿Qué tiene que decir la ciencia respecto a todo esto?

La calidad de la comida es (inmensamente) más importante que las calorías de la comida. Esto es porque al cerebro le importa más la calidad de las calorías que su cantidad. Y ya hemos visto que la cosa va del cerebro y sus estímulos, ¿no?

Con respecto al ejercicio, cuando una persona sana hace ejercicio, mantiene su peso. Sin embargo, ¿qué suelen hacer las personas enfermas con obesidad en un gimnasio? Intentar perder peso. Y cuando no lo consiguen (a pesar del ejercicio) de manera mantenida, es cuestión de tiempo que abandonen el gimnasio. Por supuesto, lo que mucha gente no tiene en cuenta es que, aunque no lograran perder peso, tampoco lo ganaron. Es decir, se mantuvieron, al igual que habrían hecho la mayoría de personas en un rango de peso normal. Pero claro, ese no era el objetivo, así que dejan de hacer ejercicio.

Además, sabemos por grandes meta-análisis que el principal papel de la actividad física es ayudar al mantenimiento del peso, no impulsar una pérdida de peso muy significativa.

Hay muchos más factores relacionados con cómo nuestro cerebro regula el peso, además de la dieta y el ejercicio. Por ejemplo, también afectan a este proceso muchos de los medicamentos que tomamos, el sueño insuficiente o de baja calidad, o las alteraciones de nuestro ciclo sueño-vigilia, por ejemplo en aquellos de nosotros que trabajamos por las noches.

También hay otros factores, menos modificables, como la termogénesis. La termogénesis es la cantidad que quemamos en reposo y con la actividad, y gran parte de ella viene determinada por nuestra genética.

 

La importancia de la dieta y el ejercicio

Si hay una idea que NO deberíais llevaros de este artículo, es que la dieta o el ejercicio no son importantes. ¡Qué va! Ambas son cosas con una cantidad de evidencia abrumadora a favor de que, con independencia de otros factores, ayudan a mejorar la calidad y la cantidad de vida.

Prescindir de cuidar lo que comemos y de hacer ejercicio con regularidad puede ser una de las peores decisiones de nuestras vidas. Por eso, me he sentido inclinado a hacer esta advertencia, porque esto es internet, y no es difícil que falte quién malinterprete “la cura de X no es Y” por “Y no sirve para nada”. Ese no es el mensaje.

El mensaje es que existen muchísimos factores que contribuyen a esta enfermedad que llamamos obesidad. Desde factores médicos, hasta sociales, psicológicos, económicos, ambientales e incluso relacionados con el desarrollo fetal. Y que, por supuesto, al tratarse de una enfermedad, no es una elección de estilo de vida. Culpabilizar a quien la padece no solo es una flagrante muestra de ignorancia, es un acto falto de empatía, compasión y respeto.

 

 

Referencias:

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Harris, R. B. S. (1990, 1 de Diciembre). Role of set‐point theory in regulation of body weight. The FASEB Journal, 4(15), 3310–3318. https://doi.org/10.1096/fasebj.4.15.2253845

Müller, M. J., Bosy-Westphal, A., & Heymsfield, S. B. (2010, 9 de Agosto). Is there evidence for a set point that regulates human body weight? F1000 Medicine Reports, 2. https://doi.org/10.3410/m2-59

‌Müller, M. J., Geisler, C., Heymsfield, S. B., & Bosy-Westphal, A. (2018, 9 de Julio). Recent advances in understanding body weight homeostasis in humans. F1000Research, 7, 1025. https://doi.org/10.12688/f1000research.14151.1

‌Yu, Y.-H. (2017, 17 de Enero). Making sense of metabolic obesity and hedonic obesity. Journal of Diabetes, 9(7), 656–666. https://doi.org/10.1111/1753-0407.12529

Amyad Raduan

Amyad Raduan (GlóbuloAzul)

Licenciado en Medicina por la Universidad Miguel Hernández de Elche, con Máster propio en Integración y Resolución de Problemas Clínicos en Medicina por la Universidad Alcalá de Henares, Máster en Medicina Clínica por la Universidad Camilo José Cela y actualmente realizando un Máster Oficial en Investigación Clínica por la Universidad Miguel Hernández de Elche. También es Diplomado en Transporte Sanitario Medicalizado. En la actualidad, ejerce como Médico Residente en la especialidad de Medicina Familiar y Comunitaria, en el Hospital Vega Baja de Orihuela (Alicante). Asímismo, es dueño y fundador de la empresa de divulgación científica especializada en medios audiovisuales, GLÓBULO SALUD SL, a través de la cual coordina a un equipo de médicos, ilustradores y animadores. (Canal de YouTube)

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