Los antihistamínicos no curan tus alergias (este es el motivo)

Muchas alergias se pueden tratar con antihistamínicos. Aunque este medicamento no cura la enfermedad, puede controlar los síntomas, pero ¿cómo funcionan?

 

Los antihistamínicos son fármacos que se recetan con frecuencia para tratar diferentes tipos de alergias. La función de este medicamento no es la de curar la enfermedad, sino controlar la aparición de síntomas para que las personas alérgicas puedan retomar su rutina sin verse afectadas por la exposición al alérgeno.

Para entender el mecanismo de acción de los antihistamínicos, primero es necesario comprender qué ocurre en nuestras células cuando entramos en contacto con el alérgeno.

Una reacción en cadena

Una persona que sufre de una alergia al polen, por ejemplo, tiene en su circulación anticuerpos específicos contra el polen. Estos anticuerpos son como agentes del sistema inmunitario que deambulan por el organismo en busca de amenazas.

En este caso, la persona alérgica al polen tiene sus anticuerpos listos para detectar al polen como un peligro y en el momento en que su presencia entre en contacto con nuestro organismo, saltan las alarmas y comienza la respuesta inmune. A su paso, los anticuerpos pueden “asentarse” sobre distintos tipos de células inmunitarias, como son los mastocitos.

Dos pastillas de antihistamínicos
Fuente iStock

Los liberadores de histamina, la reina de la reacción alérgica

Estos mastocitos tienen unos receptores específicos para acoger los anticuerpos que detectan el polen y cuando pasan cerca, los captan y se mantienen unidos a ellos por largos períodos de tiempo.

Este mecanismo permite que las células estén “cargadas” y preparadas para detectar el polen en cuanto entre en el organismo. Si seguimos con el ejemplo de la alergia al polen, al tratarse de una alergia estacional, cuando la cantidad de polen aumenta en el aire, el sistema inmunitario se activa y provoca la aparición de los famosos síntomas de la alergia que todos conocemos (estornudos, enrojecimiento, picor…).

El polen es inhalado a través de las vías respiratorias y distribuido por el interior hasta que llega a las células que están recubiertas con los anticuerpos específicos. Aquí comienza una reacción en cadena en el interior de las células que culmina, entre otras cosas, con la liberación de histamina. La histamina es un compuesto creado por células como los mastocitos y tiene varias funciones.

En una situación controlada y puntual, la presencia de histamina puede ayudar a nuestro a organismo a liberarse de patógenos, curar heridas y modular la circulación en eventos críticos o traumáticos. Fuera del sistema inmunitario, la histamina también tiene un papel importante en la comunicación entre neuronas, y está involucrada en procesos asociados a enfermedades como el Alzheimer y Parkinson. En otras palabras, la histamina en las cantidades adecuadas, es buena para nuestro cuerpo.

En los síntomas típicos de una rinitis o rinoconjuntivis alérgica, la histamina interviene en el picor, estornudos, secreción nasal descontrolada (rinorrea) y la vasodilatación de los vasos sanguíneos que facilita la llegada de otras células del sistema inmunitario al lugar de reacción. Este conjunto de procesos causados principalmente por la activación de mastocitos y liberación de histamina, es la parte visible de la reacción alérgica y que impide a las personas que la sufren puedan llevar una rutina normal durante la temporada de polen.

La mayoría de estos síntomas pueden desaparecer con el uso de antihistamínicos. El mecanismo de acción de este medicamento ocurre al final de esta reacción en cadena, al interponerse entre la histamina y su receptor.

¿Cómo frena los síntomas un antihistamínico?

Las funciones de la histamina son tan diversas porque es capaz de activar a distintas células uniéndose a una especie de ‘’botones’’ o ‘’antenas’’ que tienen en su superficie llamadas receptores. Los antihistamínicos se encargan de buscar estos diferentes receptores y bloquearlos, para que no puedan ser activados por la histamina liberada por mastocitos. De esta forma, la histamina que se produce, al no poder activar otras células se acaba degradando y desapareciendo.

Todos los pasos anteriores en la reacción en cadena siguen ocurriendo, pero si se toman antihistamínicos, las personas alérgicas no llegan a presentar los síntomas, que no son otra cosa que los procesos finales y visibles de la alergia. Además, el efecto de los antihistamínicos está limitado en el tiempo, ya que los receptores son bloqueados por un corto plazo de tiempo y de forma reversible, lo justo para evitar los síntomas mientras dura la exposición al alérgeno.

Por todas estas razones, si una persona es alérgica, los antihistamínicos sirven únicamente para controlar los síntomas de forma puntual, pero no son capaces de modificar el curso de la enfermedad ni de curarla.

Si se trata de una alergia estacional, el uso de antihistamínicos debe repetirse cada vez que aparezca la aparición del polen. En el caso de alergias permanentes, como la alergia a los ácaros o a los animales, el medicamento puede ser necesario durante todo el año para mantener a raya los síntomas o al menos reducir su impacto.

El diseño de antihistamínicos se ha optimizado con el paso del tiempo para reducir los efectos secundarios y hacerlos más específicos para unos tipos de receptores de histamina y no otros.

Aunque muchos antihistamínicos se pueden comprar en las farmacias sin receta previa, es imprescindible que un especialista en alergias diagnostique la enfermedad y decida, junto con el paciente, la mejor opción de tratamiento.

En caso de ser antihistamínicos, según el tipo de alergia, también se puede optar por un tipo u otro según la ruta de administración. Siempre es recomendable consultar todas estas opciones con el médico de cabecera o un especialista.

 

Referencias:

Randall et al. 2018. Antihistamines and allergy. Aust Prescr. doi: 10.18773/austprescr.2018.013

 

 

Sherezade MR

Sherezade MR

Soy una doctora en Alergología que en sus ratos libre cuenta la ciencia en redes. Me licencié en Biología en la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) y realicé el doctorado en la Universidad de Medicina de Viena. Ahora trabajo como postdoc en el Instituto de Alergología Fraunhofer asociado al Hospital Charité de Berlín. Mi nueva faceta es divulgadora amateur que hace vídeos cortos en Twitter y streams largos en Twitch. A veces también escribo o consigo logros para la Alianza en World of Warcraft. Página web

Continúa leyendo