La mayoría de los malos de Hollywood, con problemas de piel

Los villanos de las películas a menudo se representan con patologías dermatológicas, y eso crea prejuicios contra las personas que las sufren.

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En un estudio transversal, estos especialistas quisieron comparar hasta qué punto los villanos más famosos de la historia del cine –el ranking lo tomaron del American Film Institute (AFI)– sufrían más problemas en la piel que sus antagónicos: los buenos de las películas. Los resultados fueron contundentes: “Los diez principales villanos muestran una incidencia significativamente mayor de problemas dermatológicos que los diez mejores héroes”, destacaron los dermatólogos. Mientras que los primeros presentaban problemas de este tipo en un 60%, los héroes no sufrían ninguna patología de esas características.

 

Entre los problemas de estos personajes supermalvados se incluían: alopecia (30%), hiperpigmentación periorbitaria –la producción de melanina alrededor de los ojos es mayor, y por tanto se oscurece esa zona– (30%), arrugas profundas (20%), cicatrices en la cara (20%), verrugas faciales (20%) y rinofima –patología de la piel de la nariz que conlleva una deformación de la misma– (10%).

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Darth Vader se lleva la palma

 

Y muchas veces, según apuntan estos especialistas, los cineastas hacen que los malos combinen varios de estos problemas a la vez en su objetivo de proyectar la imagen del mal. Ponen como ejemplo a Darth Vader, quien, sin su característica máscara, luce calvicie, una piel de un gris muy poco natural, hiperpigmentación periorbital, cicatrices faciales y arrugas profundas. Este cúmulo de problemáticas incitan a sentir aprensión y miedo a lo desconocido. Los dermatólogos mencionan también otro caso de la saga de Star Wars: el Emperador (Darth Sidious), quien, al igual que su pupilo, acumula no escasos problemas de cutis.

 

Entre los ejemplos de villanos del mundo del cine con patologías dermatológicas también se encuentran Freddy Krueger, con sus cicatrices, en Pesadilla en Elm Street (1984), la señora Danvers, que luce un gran nevus –alteración congénita de la pigmentación de la piel, normalmente de color marrón o azulado– en Rebeca (1940) o Cruella de Vil, con poliosis –mechón de pelo blanco– en 101 dálmatas (1996). En cambio, entre los buenos, estos problemas resultan mucho menos habituales.

 

Según explican los autores del estudio, “los problemas dermatológicos se usan en las películas para dilucidar la dicotomía entre el bien y el mal a través de la representación visual”. Y eso puede contribuir a que nos sintamos inclinados a sentir prejuicios hacia aquellas personas que sufren estas patologías.

 

Imagen: Pat Loika vía Wikimedia / CC

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