Hormonas, así controlan tu vida

Dopamina, la reina del placer

Para que uno de los múltiples mensajeros químicos del organismo se pueda definir como hormona es condición  necesaria que utilice el conducto sanguíneo para comunicar órganos distintos. De ahí que exista cierta polémica sobre si algunos neurotransmisores –cuya función principal es llevar mensajes entre las neuronas, todas en el cerebro– son o no hormonas. Con la dopamina, no existen dudas. Además de su importante papel como neurotransmisor, viaja por la sangre desde las glándulas suprarrenales a diferentes partes del cuerpo. Y esos largos recorridos se corresponden también con sus múltiples funciones. Pero es su papel en las emociones lo que más ha atraído la atención de los  científicos en los últimos años. Un experimento dado a conocer en Nature Neuroscience demostraba cómo escuchar música que nos gusta provoca la secreción de dopamina. Lo mismo ocurre con la sensación de estar enamorado.

 

Otro trabajo, recogido en Current Biology, afirma que es la responsable de que aspiremos a objetivos placenteros, como esos viajes situados muy por encima de nuestras posibilidades económicas. Ese soñar despierto previo a una decisión de cómo pasar el tiempo libre está, por lo visto, muy influenciado por esta hormona. Quizá su relación con el placer explica su papel en las adicciones. La mayoría de las drogas hacen que se disparen los niveles de dopamina, y al intentar dejarlas, llega el mono, porque se echan de menos las buenas sensaciones ligadas a esta hormona del  placer. Los últimos estudios apuntan, incluso, a las redes sociales, tipo Facebook y Twitter, como generadoras de esta catecolamina.

 

En medicina, su papel podría ser clave para la curación de muchos más trastornos, pues está asociada al efecto placebo, que hace que superemos síntomas y enfermedades tras tomar, por ejemplo, una simple pastilla de azúcar. Sin embargo, hasta ahora su aplicación clínica más conocida es en el tratamiento del párkinson. En concreto, la levodopa,precursora de esta hormona, retrasa los síntomas de un mal que sigue siendo incurable. Asimismo, se ha registrado su uso para el shock séptico –infección que degenera en una grave hipotensión arterial– y algunas cardiopatías. Por otra parte, un artículo publicado en la revista PNAS ha demostrado que la administración de dopamina en tumores aumenta el tamaño y la estructura de los vasos sanguíneos que estos usan para alimentarse. Esto podría facilitar el acceso a las células malignas de los anticancerígenos, algo hasta ahora dificultoso. Puesto que siempre se ha dicho que las personas con pensamientos positivos responden mejor a la quimioterapia, el autor de este estudio, el oncólogo de la Ohio State University Sujit Basu cree que quizá la dopamina provocada por esos pensamientos haya tenido en realidad un efecto biológico en el tumor.

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