¿Funcionan las dietas basadas en el grupo sanguíneo?

¿Hay evidencia científica detrás de las ‘dietas del grupo sanguíneo’?

 

Ahora que se acerca el verano y el calor, vuelven a resurgir las innumerables dietas milagrosas que te hacen adelgazar “fácil y rápidamente”. Entre ellas, popular desde hace unas dos décadas, se encuentra una dieta conocida como “la dieta del grupo sanguíneo''. Pero, ¿existen evidencias de  que funcione este tipo de dietas? ¿qué tiene la ciencia que decir de todo esto? Es bastante fascinante saber si los beneficios que “te venden” con la dieta del grupo sanguíneo tienen una base científica o son sólo ideas erróneas, así que exploremos las verdades sobre la dieta del grupo sanguíneo.

¿Cuáles son los grupos sanguíneos?

Seguro que sabes que existen varios tipos sanguíneos, lo que igual no tienes tan claro es cómo se clasifican. El grupo sanguíneo es un sistema de clasificación de la sangre humana, y se pueden diferenciar dos formas de clasificación que se complementan mutuamente. El primero es conocido como ABO, y se basa en el tipo de antígenos que poseen los glóbulos rojos de una persona. De esta forma, una persona con antígenos A en sus glóbulos rojos, y anti-B en su plasma, será del grupo sanguíneo A. Si, por el contrario, los antígenos son de tipo B y anti-A, su grupo sanguíneo será B, mientras que si tiene ambos antígenos (A y B) tendrá un grupo sanguíneo tipo AB, y si no tuviera ningún tipo de antígenos en sus glóbulos rojos pero sí anti-A y anti-B en su plasma, pertenecerá al grupo 0 (cero).

Por otro lado, existe otro sistema de clasificación en función de los factores Rhesus, o más comúnmente conocido como Rh. El Rh, es otro tipo de antígenos que puede estar, o no, ligados a la sangre, de forma que si la persona tiene este tipo de antígenos, se etiquetará como Rh positivo, mientras que si carece de ellos, será Rh negativo.

Sabiendo esto podemos diferenciar 8 grupos sanguíneos en total: A+, A-, B+, B-, AB+, AB-, 0+ y 0-.

¿En qué consiste la dieta del grupo sanguíneo?

Se trata de un tipo de dieta basada en la hipótesis de que cada persona debe consumir ciertos alimentos y realizar determinados ejercicios en función de cuál es su grupo sanguíneo, con el objetivo de alcanzar “la salud y el bienestar definitivos”. Lo que sostiene esta hipótesis es que las personas con diferentes grupos sanguíneos digieren determinadas proteínas de forma distinta, por lo que si una persona consume alimentos “adecuados” para su grupo sanguíneo estará más saludable, pero si, por el contrario, consume algo “incompatible” con su grupo sanguíneo, experimentará muchos problemas de salud.

A su vez, sostiene la suposición de que cada grupo de sangre representa una herencia evolutiva, por lo que, quien tiene grupo 0, el grupo sanguíneo más “ancestral” según los defensores de esta hipótesis, deben llevar una dieta rica en proteínas animales, como nuestros ancestros los cazadores-recolectores. En cuanto al grupo A, más próspero, debería seguir una dieta vegetariana, ya que se supone que surgió a raíz de la época agraria, mientras que los del grupo B, al “originarse” en los pueblos nómadas, tendrían beneficios especiales en el consumo de lácteos.

Este tipo de dietas han sido defendidas por varios autores, entre los que destaca especialmente Peter J. D’Adamo, el naturista que desarrolló originalmente este plan dietético en 1996. Sin embargo, aunque existen varios estudios relacionados con los beneficios de la dieta del grupo sanguíneo para la salud, no existen pruebas científicas que demuestren sus ventajas.

A pesar de que no existe una conexión científica plausible entre la dieta y el grupo sanguíneo, los consejos de este tipo de dietas no son intrínsecamente dañinos. Además, entre otras cosas, alientan el hecho de que no se aprueben los alimentos procesados ni las bebidas azucaradas que conducen a muchos resultados graves para la salud. Por ello, no es de extrañar que existan muchas personas satisfechas con este tipo de dietas a pesar de la falta de evidencia científica.

A continuación vamos a explorar algunos de los beneficios que sugieren los estudios de Peter D’Adamo y su padre, James D’Adamo, y lo que sugieren otros estudios. ¡A ver qué os parece!

Genera inmunidad contra las enfermedades

El naturista ha afirmado que la dieta del grupo sanguíneo tiene la tendencia a promover la inmunidad contra las enfermedades y dolencias, y a aumentar la protección interior. Básicamente, lo que ocurre es que elimina los alimentos procesados del plan nutricional y fomenta el consumo de alimentos sanos, incluyendo proteínas y verduras. Estos alimentos saludables promueven la salud intestinal y favorecen la inmunidad. Por ello, una dieta en función del grupo sanguíneo garantiza el consumo de alimentos que ayudan a reducir la inflamación y mejoran la salud general y el sistema inmunitario.

Sin embargo, otros estudios sostienen que cualquier dieta que elimine los alimentos procesados favorece la salud gastrointestinal y refuerza la inmunidad contra determinadas enfermedades. Las investigaciones sostienen que la comida procesada podría  afectar a la inmunidad y conducir a enfermedades graves, como la obesidad, la hipertensión, la depresión y el síndrome metabólico, por lo que evitar tomar alimentos favorecerá un mejor estado de salud. Por tanto, actualmente no existe evidencia que sugiera que las dietas del tipo de sangre son especialmente beneficiosas para la salud humana.

Mejora la salud mental y emocional

Peter D' Adamo también sugiere que una persona tiene más probabilidades de ser feliz y de tener la mente despejada cuando consume una dieta del tipo sanguíneo. Además, sus defensores también sugieren que puede ser beneficiosa porque ayuda a la producción de neurotransmisores, al equilibrio hormonal, al sueño y a otros procesos fisiológicos importantes. En pocas palabras, este tipo de dieta “lleva a la persona a sentirse más motivada, a mejorar su autocuidado, a tener más poder y a estar más sana mentalmente”.

Ahora te estarás preguntando ¿cómo es posible esto si esta dieta no tiene ninguna evidencia científica? Pues, básicamente, porque cualquier dieta saludable, junto con la promoción del ejercicio físico, mejora la salud mental y fisiológica de una persona, pero no tiene nada que ver con seguir, o no seguir, una dieta basada en tu grupo sanguíneo. El hecho es que cuanto más calidad tenga la dieta, mejor será la salud mental y emocional, ya que una dieta sana y equilibrada tiende a disminuir la ansiedad y la depresión.

Incluso una dieta sencilla que excluya los ingredientes poco saludables, y que fomente la fruta y la verdura, conduce a una vida más sana. En definitiva, tampoco existe un respaldo científico que sugiera que la dieta según el tipo de sangre sea más beneficiosa que cualquier otra dieta saludable.

Evita muchas enfermedades graves

Según el naturalista Peter D’Adamo, las personas que consumen una dieta en función de su tipo sanguíneo tienen menos probabilidades de padecer enfermedades graves, como el asma, las migrañas, la diabetes, el colesterol o la hipertensión arterial, entre otras afecciones.

Y volvemos a lo mismo de antes. Está demostrado que muchas enfermedades están causadas por el consumo de comida basura y procesada, que contiene granos refinados, azúcares adicionales y aditivos. Eliminar de nuestra dieta habitual la comida basura y procesada hace que la persona tenga menos tendencia a numerosas enfermedades, ya que los alimentos procesados provocan estrés, inactividad, mala salud intestinal y desequilibrios hormonales.

Por ello, cualquier dieta que evite este tipo de alimentos, que fomente el consumo de vegetales, frutas y proteínas, además de que sugiera una nutrición equilibrada, te mantiene alejado de innumerables afecciones médicas. En este sentido, la dieta del grupo sanguíneo no desempeña ningún papel significativo.

Conclusión

No existe una correlación entre el tipo de sangre y cómo funciona la digestión o la química corporal. Es decir, no existe una evidencia científica plausible que relacione los grupos sanguíneos con un tipo de dieta determinado. Eso no quiere decir que los consejos que da D'Adamo sobre qué alimentos comer o evitar no puedan ser útiles para muchas personas y para evitar numerosas patologías.

Las dietas basadas en el tipo de sangre pueden tener efectos favorables sobre el organismo, ya que fomenta el hecho de evitar los alimentos procesados y las bebidas azucaradas, además de que no se trata de una dieta nociva para la salud. Pero no hay que olvidar que estos resultados favorables no tienen nada que ver con el tipo de sangre de cada persona, sino con llevar una dieta saludable libre de “comida basura”.

Sin embargo, algunos de los consejos de este tipo de dieta podrían ser dañinos. Por ejemplo, D’Adamo recomienda el consumo de lácteos a las personas con un grupo sanguíneo de tipo B, y no debemos olvidar que existen personas con intolerancias a los lácteos. Pues bien, el naturalista recomienda a estas personas intolerantes tipo B que deben incorporar igualmente los lácteos a su dieta, sólo que más lentamente para que el cuerpo se “vaya acostumbrando” a estos alimentos. Y es que esto es un problema real, ya que estas personas carecen de lactasa, la enzima encargada de descomponer la lactosa en componentes útiles para el organismo. Por ello, sus células intestinales no son capaces de procesar los productos lácteos, y pueden terminar con ataques severos de calambres abdominales, vómitos y diarrea.

Referencias:

Brown, J. (2013). Effect of a Vegetarian-like Diet on Blood Coagulation and Other Health Parameters in Blood Types A and O: An Evaluation of the" Blood Type Diet" [Thesis for the Degree Master of Science]. Arizona State University. https://keep.lib.asu.edu/_flysystem/fedora/c7/72507/tmp/package-UKFajE/Brown_asu_0010N_12536.pdf

Cusack, L., De Buck, E., Compernolle, V., & Vandekerckhove, P. (2013). Blood type diets lack supporting evidence: a systematic review. The American journal of clinical nutrition, 98(1), 99–104. https://doi.org/10.3945/ajcn.113.058693

Nagra, M. (2019). The Blood Type Diet: Science or Fiction?. Center for Nutrition Studies. https://nutritionstudies.org/the-blood-type-diet-science-or-fiction/

Wang, J., García-Bailo, B., Nielsen, D. E., & El-Sohemy, A. (2014). ABO genotype, 'blood-type' diet and cardiometabolic risk factors. PloS one, 9(1), e84749. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0084749

 

Andrea Sirvent

Andrea Sirvent (GlóbuloAzul)

Graduada en enfermería por la Universidad de Valencia, así como instructora de Soporte Vital Básico y Desfibrilador Externo Automático (DEA), certificado por la Sociedad Española de Medicina Intensiva, Crítica y Unidades Coronarias (SEMICYUC). Trabajó durante un tiempo para el servicio público de sanidad en Inglaterra (NHS), y como instructora en la Federación de Salvamento y Socorrismo de la Comunidad Valenciana (FSSCV). Actualmente ejerce como enfermera en la unidad de críticos (Unidad de Cuidados Intensivos y Unidad de Reanimación) del hospital Marina Baixa de Villajoyosa, en Alicante, y se encuentra cursando un Experto en Cuidados Críticos Enfermeros.

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