Estas son las estrategias más prometedoras para derrotar al coronavirus

Vacunas, fármacos, terapias… cada día se publican docenas de nuevos estudios científicos relacionados con la COVID-19. Una revisión analiza cuáles son los enfoques más esperanzadores en la lucha frente al nuevo virus.

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Desde que estalló en China el brote de la nueva enfermedad causada por el SARS-CoV-2, laboratorios de todo el mundo trabajan contrarreloj para desarrollar herramientas que nos permitan hacer frente al virus. Se trata de un problema que se puede abordar desde múltiples enfoques: test de detección rápidos, desarrollo de fármacos y vacunas, uso de plasma sanguíneo procedente de pacientes curados…

La cantidad de información nueva que surge cada día es absolutamente abrumadora. Una búsqueda en la base de datos científica Google Scholar arroja un listado de más de 1 650 artículos, y cada día se añaden docenas de nuevos trabajos. ¿Cómo pueden, tanto los científicos como la población general, asumir esa ingente cantidad de información?

Con el objetivo de organizar y cribar la información disponible, un equipo de investigadores de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill acaba de publicar una revisión y valoración que compila las estrategias más prometedoras para luchar contra los coronavirus más peligrosos (no solo el SARS-CoV-2 sino también sus parientes como el SARS y el MERS), así como los potenciales nuevos coronavirus que puedan ocasionar pandemias en el futuro. Los investigadores proponen que, para conseguir un avance rápido, el enfoque más prometedor es la selección de antivirales y el uso de terapia génica.

“Los coronavirus representan una amenaza real para la salud humana y la economía global”, explica Ralph Baric, uno de los autores. “Debemos considerar nuevas contramedidas para controlar el virus pandémico SARS-CoV-2, así como la gran variedad de virus zoonóticos que también representan una amenaza y pueden causar problemas en el futuro”.

Vacunas

En el artículo, que se publica en la revista Frontiers in Microbiology, los autores discuten una a una las posibles formas de abordar la lucha contra el coronavirus. La más efectiva sería, sin duda, el desarrollo de una vacuna. En esta revisión se han incluido también los resultados de todos los ensayos clínicos y preclínicos publicados hasta el momento sobre vacunas contra el SARS y el MERS.

Según indicó hace pocos días la Organización Mundial de la Salud, actualmente hay al menos setenta vacunas en desarrollo contra el nuevo coronavirus, y varias de ellas ya se están probando en humanos. Según la actual revisión, los enfoques de vacuna más prometedores son los que aprovechan el sitio de unión al receptor – la llamada proteína S del virus-, que le permite unirse y fusionarse con las células que va a infectar.

Los autores destacan, sin embargo, que puesto que la secuencia de aminoácidos de la proteína S es muy diferente entre los distintos coronavirus, probablemente las vacunas que funcionen frente a una cepa no serán efectivas frente a otras.

En el trabajo se destaca también que, además de las vacunas tradicionales que usan subunidades atenuadas y vivas de los virus, también son prometedores los enfoques modernos que se basan en ADN o ARN y en vectores de nanopartículas.

No obstante, y puesto que el desarrollo de una vacuna lleva mucho tiempo (años, probablemente), es necesario abordar otros enfoques que permitan una salida rápida a la actual emergencia sanitaria mundial.

Antivirales

En la búsqueda de medicamentos efectivos contra la COVID-19, los más prometedores son los antivirales de amplio espectro, como los análogos de nucleósidos. Como su nombre indica, estos fármacos imitan alguno de los nucleósidos, que son los bloques que forman el material genético, del ADN o el ARN de los virus. Al ‘colarse’ en la cadena del ácido nucleico se interrumpe la síntesis del mismo y se detiene el proceso de replicación del virus.

El problema fundamental de este enfoque es que los coronavirus disponen de una enzima que se encarga precisamente de corregir posibles errores encontrados durante la replicación del material genético, y esto limita la acción de los antivirales antes mencionados. De momento, las excepciones parecen ser dos fármacos: la la β-D-N4-hidroxicitidina y el remdesivir, ambos propuestos por los autores como buenos candidatos contra el SARS-CoV-2.

 

Plasma sanguíneo de pacientes recuperados

Una solución rápida para abordar el problema en lo que se pone a punto la esperada vacuna o se desarrollan fármacos eficaces es una técnica que ya se empleó durante la pandemia de gripe de 1918: el uso de plasma sanguíneo de pacientes recuperados. Se trataría de proporcionar inmunidad pasiva a corto plazo aprovechándose de los anticuerpos generados por las personas que ya han pasado la enfermedad.

Una de las ventajas de esta técnica es que tan solo se necesita para llevarla a cabo del equipo necesario para una transfusión de sangre normal, y aunque es necesario verificar su eficacia, puede ser una solución exprés que salve vidas y ayude a evitar el aumento en el número de cuadros graves que colapsan las UCI de los hospitales.

 

Terapia génica

Otra de las alternativas más atractivas, según los autores, para luchar contra la COVID-19 en lo que se desarrolla una vacuna sería la terapia génica, que consiste en la transferencia de material genético a células o tejidos del paciente a través de un vector, que en este caso sería un virus adenoasociado (AVV por sus siglas en inglés).

Esto implicaría la entrega rápida y dirigida de anticuerpos, inmunoadhesinas, péptidos antivirales e inmunomoduladores a las vías aéreas superiores, para brindar protección a corto plazo y con riesgos de toxicidad mínimos. Los autores calculan que este tipo de herramientas pueden desarrollarse, adaptarse y probarse en tan solo un mes.

"La inmunización pasiva basada en AAV puede usarse como una alternativa rápida. Es sencilla y solo contiene dos componentes, el vector viral y el anticuerpo", explica Victor Longping, otro de los autores. "En teoría, una dosis única podría generar una respuesta protectora en una semana y durar más de un año. Quizás ya es tarde para tratar el SARS-CoV-2, pero se podría en todo caso tener en cuenta para futuros brotes de la enfermedad”.

Referencia: Longping et al. 2020. The Current and Future State of Vaccines, Antivirals and Gene Therapies Against Emerging Coronaviruses. Front. Microbiol., 24 April 2020

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