¿Es la fibromialgia una enfermedad real o un 'cajón de sastre'?

Quienes padecen fibromialgia sufren un dolor continuo y un cansancio extremo sin una causa aparente

 

Seguro que más de uno de vosotros ha oído hablar de la fibromialgia, o quizá hayáis oído alguno de los otros nombres por los que antes solía ser conocido: fibrositis o síndrome de fibromiositis.

La fibromialgia es un trastorno crónico que se caracteriza por un dolor generalizado en los músculos y el esqueleto, a menudo acompañado de fatiga, y disfunción del sueño, el estado de ánimo y la memoria. Actualmente afecta a alrededor del 2,4% de la población española, que puede parecer poco, pero si te digo que eso supone unas 900 000 personas ya da un poquito más de respeto.

Curiosamente, es aproximadamente siete veces más frecuente en mujeres que en hombres, y, aunque no es un problema peligroso ni mortal, la persistencia de los síntomas puede afectar negativamente a la vida de la persona y de sus seres queridos.

Causas de la fibromialgia

Se desconoce la causa exacta de la fibromialgia, pero se piensa que hay muchos factores implicados.

Hoy en día se ha avanzado considerablemente en lo que conocemos sobre este síndrome, y ya se barajan hipótesis de estudio que centran la atención en ciertos cambios en la médula espinal y el cerebro de las personas afectadas, dando lugar a dificultades para procesar el dolor adecuadamente. Como consecuencia, los receptores del dolor en el cerebro tienden a crear algún tipo de “memoria” del dolor asociado, lo que a su vez aumenta su sensibilidad al mismo, generando una reacción exagerada tanto a las señales dolorosas como a las indoloras.

Hay personas que desarrollan la enfermedad sin una causa aparente, aparece sin más. Otras pueden identificar aquello que propició la aparición de la afección, como puede ser un evento traumático (infección, golpe, accidente de coche,...) o una enfermedad previa (artritis reumatoide, lupus eritematoso,...). Cabe destacar que, aunque parezca que los golpes y ciertas enfermedades sean agentes desencadenantes, lo más probable es que estemos ante un caso de correlación, sin causalidad demostrada hasta la fecha.

Entre los factores descritos que podrían el riesgo de desarrollar fibromialgia encontramos: antecedentes familiares de la enfermedad, alteraciones genéticas, ciertas enfermedades subyacentes, traumatismos, o, incluso, una afección psicológica prolongada, como un trauma emocional, estrés, alteraciones del sueño,...

Síntomas de la fibromialgia

La fibromialgia es un síndrome, es decir, una condición que agrupa varios signos y síntomas. El síntoma principal, el más destacado, es el dolor musculoesquelético generalizado. Este dolor se define normalmente como un dolor sordo continuo que persiste durante más de 3 meses. Además de ser intenso, puede empeorar con el cansancio o el sobreesfuerzo.

Los afectados suelen referir también cansancio incluso tras dormir durante un periodo prolongado. Esto quizá se deba a que el sueño suele verse interrumpido por el dolor, o a los trastornos del sueño asociados, como la apnea del sueño o el síndrome de las piernas inquietas.

Como consecuencia de esta fatiga, pueden surgir algunos problemas mentales como la dificultad para concentrarse o la sensación de aturdimiento mental (lo que se conoce como fibroniebla), además de trastornos de ansiedad o depresión.

Además, pueden aparecer otros muchos síntomas, tales como dolores de cabeza tensionales o migrañas, dolor de vejiga al orinar (cistitis), síndrome del intestino irritable, hormigueos, o problemas para dormir.

A modo de aclaración, puede parecer que la fibromialgia y el síndrome de fatiga crónica son lo mismo, pero existe una característica distintiva entre ambas, y es que el síntoma principal de la fibromialgia es el dolor, mientras que el de la fatiga crónica es la falta de energía. Aunque ambas tienen síntomas similares, se distinguen por su síntoma más incapacitante.

Las personas afectadas también pueden sentirse frustradas porque  aparentemente "están bien", sin mostrar signos de encontrarse mal, a pesar de que no se sienten bien.

Diagnóstico de la fibromialgia

Tal vez te hayas percatado de que a la hora de hablar de los distintos aspectos de esta condición, ya sea de las posibles causas, síntomas o definiciones varias, a menudo se utilizan términos ambiguos y la forma condicional de los verbos. No se trata de un accidente, y es que antes de 1990 no existían directrices aceptadas para identificar a los pacientes con fibromialgia para su estudio. Esto hizo que investigar sobre esta condición fuera realmente complicado. Además, cuando por fin se pudieron establecer unas directrices para detectar a las personas que sufrían esta condición, dos años más tarde, estos criterios no funcionaron bien en la clínica, ya que no identificaron a casi la mitad de los pacientes con fibromialgia.

La falta de evidencias y consenso esencialmente supusieron que esta condición no fuera conocida. Es más, hasta las últimas décadas, muchos médicos cuestionaban la existencia de la fibromialgia. Sin embargo, con el paso del tiempo, un conjunto creciente de evidencias estableció que la fibromialgia es un síndrome que comprende un conjunto específico de signos y síntomas.

En la actualidad, para que un médico se plantee si alguien tiene fibromialgia, la persona tiene que llevar al menos 3 meses con un dolor generalizado, además de obtener resultados negativos en las pruebas que se realicen para descartar otras enfermedades con síntomas similares.

Como habréis observado, es muy difícil diagnosticar a alguien de fibromialgia, ya que  ninguno de los síntomas son objetivables. No existe inflamación, ni resultados de laboratorio alterados, y mucho menos radiografías o resonancias patológicas. Por ello, el diagnóstico es completamente clínico, y el médico explorará los síntomas y descartará otros posibles trastornos.

Según las antiguas directrices, los médicos examinaban 18 puntos de presión del cuerpo (“puntos gatillo”) para ver si existía hipersensibilidad y provocaban dolor al aplicar una presión firme. Sin embargo, las cosas han cambiado y, hoy en día, los médicos pueden diagnosticar a un paciente con fibromialgia cuando encuentren un dolor extenso en todo el cuerpo que dure al menos 3 meses. Por supuesto, tras haber descartado otras posibles causas.  

Por si todo esto no era lo suficientemente complicado, la fibromialgia puede quedar oculta tras patologías con sintomatología similar. Es decir, alguien que padece artritis o lupus, puede tener también fibromialgia, pero nunca ser diagnosticada porque la artritis y el lupus ya cursan con dolor generalizado.

Tratamiento de la fibromialgia

No existe un “tratamiento para la fibromialgia”, sino que lo que se va a tratar en todo momento son los síntomas que aparezcan. Como cada persona puede presentar distintos síntomas, las estrategias de tratamiento deben ser individuales.

Dentro del tratamiento, antes de proporcionar fármacos, se darán pautas de autocuidado para que los síntomas sean menores o lo más llevaderos posible. La fisioterapia puede ayudar al paciente a mejorar su flexibilidad, fuerza y resistencia con la ayuda de determinados ejercicios, especialmente el entrenamiento acuático. Una mezcla de ejercicios aeróbicos de baja energía y de resistencia puede ayudar a disminuir la sensibilidad, el dolor y la rigidez, además de ayudar a combatir los problemas de sueño en algunos pacientes. También pueden ser útil acudir a un psicólogo, ya que no solo puede potenciar tu autoestima, sino que te va a dar trucos para afrontar los momentos de mayor estrés y técnicas de relajación.

En caso de que estos métodos no funcionaran, ya se puede optar por incluir la farmacología en el tratamiento. Habitualmente, lo primero que se prescribe son medicamentos para disminuir el dolor asociado (analgésicos) y mejorar el sueño (antidepresivos). Por supuesto, para que mejore el sueño, hay que evitar la cafeína y favorecer un ambiente de descanso, teniendo una habitación silenciosa, cómoda y sin luz.

Pronóstico y evolución

La fibromialgia es una afección crónica, es decir, que convive con la persona durante un largo periodo de tiempo, por lo que la mayoría de las personas afectadas tienen dolor, y otros síntomas, durante meses o incluso años. Eso no quiere decir que la enfermedad sea para toda la vida. En ocasiones, puede resolverse al disminuir el estrés, o siguiendo un tratamiento adecuado.

Algo que sí que hay que tener claro es que, a pesar de los síntomas, no produce secuelas físicas ni influye en la supervivencia de quien lo padece. Eso sí, la calidad de vida la persona puede verse bastante afectada.

El estigma detrás de la fibromialgia

Como ya hemos comentado anteriormente, todavía no se han descubierto las razones por las que aparece esta enfermedad, ya que no se ha encontrado un biomarcador o una explicación empírica sobre lo que la causa.

Por consecuencia, hay gente que sostiene que “no es una enfermedad real”, o que los síntomas son falsos y los pacientes “fingen” el dolor, el agotamiento o el malestar psicológico. Incluso se puede llegar a plantear que no hay nada malo en la salud de los pacientes y que solo están buscando atención. Estas convicciones dan lugar a un gran estigma asociado a la fibromialgia.

Esto puede resultar muy frustrante para las personas que lo padecen, ya que no solo tienen unos síntomas que incapacitan, en cierta manera, su actividad diaria, sino que también viven bajo la sombra de las acusaciones sociales. Como ya hemos comentado, aparentemente "están bien", y no existen signos físicos ni analíticos que demuestren que están mal, pero no hay que olvidar que estas personas, se pueda demostrar o no empíricamente, no se encuentran bien, y necesitan comprensión.

Conclusiones

Antes, los médicos y el público solían descartar la fibromialgia como un trastorno psicológico o un “cajón de sastre” debido a la ausencia de hallazgos objetivos en la exploración física y en las evaluaciones habituales de laboratorio e imagen. Algunos médicos siguen sin aceptar la fibromialgia como una enfermedad diferenciada. Sin embargo, las investigaciones básicas y clínicas han aclarado las bases neurofisiológicas de la fibromialgia y han llevado a su clasificación actual como síndrome de sensibilidad central (SSC). 

Estrictamente hablando, en términos de léxico, hay quiénes defienden que la fibromialgia no ha de considerarse una enfermedad. Por otro lado, hay quienes argumentan que se llame como se llame, no deja de ser menos real y las personas que sufren la condición, no padecen de menos.

Hoy en día también sabemos que la fibromialgia puede considerarse un trastorno neurosensorial caracterizado en parte por anomalías en el procesamiento del dolor por parte del sistema nervioso central (SNC). La mayor comprensión de las bases biológicas que subyacen a la fibromialgia está conduciendo rápidamente a una nueva era de terapia farmacológica específica para la enfermedad.

Aunque cada vez avancemos más en el conocimientos de este trastorno, aún hay mucho camino por recorrer. Las personas afectadas de fibromialgia a menudo están descontentas con su diagnóstico, y tienden a pensar que aún no se ha descubierto lo que padecen, por lo que es normal que se sientan incomprendidas e ignoradas dentro de un “cajón de sastre”.

‌Referencias:

Biundo, J. J. (2020). Fibromialgia. Manuales MSD. https://www.msdmanuals.com/es/hogar/trastornos-de-los-huesos,-articulaciones-y-m%C3%BAsculos/trastornos-de-los-m%C3%BAsculos-las-bolsas-sinoviales-y-los-tendones/fibromialgia?query=fibromialgia

Fibromialgia (2017). MedlinePlus enciclopedia médica.  https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/000427.htm#:~:text=Es%20una%20afecci%C3%B3n%20en%20el,de%20cabeza%2C%20depresi%C3%B3n%20y%20ansiedad.

Fibromialgia: qué es, síntomas, diagnóstico y tratamiento (2017). Fundación Española de Reumatología. https://inforeuma.com/enfermedades-reumaticas/fibromialgia/

Fibromyalgia. (2017). NIAMS: National Institute of Arthritis and Musculoskeletal and Skin Diseases. https://www.niams.nih.gov/es/informacion-de-salud/fibromialgia

‌Häuser, W., & Fitzcharles, M. A. (2018). Facts and myths pertaining to fibromyalgia. Dialogues in clinical neuroscience, 20(1), 53–62. https://doi.org/10.31887/DCNS.2018.20.1/whauser

 

Andrea Sirvent

Andrea Sirvent (GlóbuloAzul)

Graduada en enfermería por la Universidad de Valencia, así como instructora de Soporte Vital Básico y Desfibrilador Externo Automático (DEA), certificado por la Sociedad Española de Medicina Intensiva, Crítica y Unidades Coronarias (SEMICYUC). Trabajó durante un tiempo para el servicio público de sanidad en Inglaterra (NHS), y como instructora en la Federación de Salvamento y Socorrismo de la Comunidad Valenciana (FSSCV). Actualmente ejerce como enfermera en la unidad de críticos (Unidad de Cuidados Intensivos y Unidad de Reanimación) del hospital Marina Baixa de Villajoyosa, en Alicante, y se encuentra cursando un Experto en Cuidados Críticos Enfermeros.

Continúa leyendo