Envejecimiento: desafíos para una sociedad más longeva

La esperanza de vida mundial es cada vez más alta y los investigadores se centran en cómo frenar los estragos de la edad.

Anciana

Si alguien lanza la pregunta de quién quiere vivir más, prácticamente todo el mundo levantaría las manos y firmaría. Sin embargo, si la pregunta pasa a ser quién quiere ser “viejo” la cosa cambia y nos encontraríamos en un páramo vacío. Aun siendo parte natural e inevitable de la vida, el envejecimiento sigue viéndose asociado a una serie de valores negativos que perduran y afectan a la propia visión que la sociedad tiene de esta cara de la moneda: soledad, dependencia, deterioro, tristeza, muerte… Aun con todo, la esperanza de vida mundial sigue subiendo: en 2040, España será el país más longevo con una esperanza de 85.8 años. Esto hace indispensable que la ciencia y los gobiernos unan fuerzas y afronten el problema.

Con esta intención y en el contexto de Ciencia en el Parlamento, una iniciativa que intenta incluir los estudios y las investigaciones de expertos en las decisiones legislativas, los profesores Francisco Fernández Avilés y Leocadio Rodríguez Mañas se reunieron con quienes mandan en el país para concienciarles y orientarles en el camino correcto.

Rodríguez Mañas, médico en el Hospital Universitario de Getafe y miembro del Centro de Investigación Biomédica en Red en Fragilidad y Envejecimiento Saludable (CIBERFES), afirmaba que lo que preocupa no es el envejecimiento sino “cómo se llega” a ese momento. Comparte la opinión de que las investigaciones, servicios y cuidados deben centrarse en lograr que el deterioro del cuerpo y las facultades de las personas por la edad sea el menor posible; se debe procurar que los seres humanos lleguen a la vejez con independencia y autonomía.

Con este fin, los expertos consideran que la mejor forma de afrontar el problema es llevar a cabo una ofensiva total que afecte a los dos grandes grupos que pueden cambiar la situación: los jóvenes y los ancianos. Cada vez está más difundida la idea de que se debe concienciar a las nuevas generaciones de que llevar una vida sana y cuidarse ayudarán a que la vida se prolongue y se llegue en mejores condiciones a la tercera edad. Llevar un estilo de vida saludable, cuidar el bienestar emocional (elemento importante para prolongar la esperanza de vida) y vivir en un entorno favorable son detalles en los que se puede trabajar desde joven.

Para los ancianos, Fernández Avilés y Rodríguez Mañas defienden que es importante tratar aspectos del sistema sanitario como facilitar un acceso centralizado a la información del paciente, mejorar el soporte y la asistencia o los tratamientos coordinados, tener en consideración el contexto socio-económico y geográfico de las personas (no es lo mismo vivir en un entorno rural que en un entorno urbano) y fomentar la actividad y el voluntariado entre las personas mayores. En países como Estados Unidos o Reino Unido, gran parte de su población de mayor edad colabora con asociaciones o realiza actividades como voluntarios que les ayudan a mantenerse activos física y mentalmente.

La otra parte del problema, según el profesor Leocadio Rodríguez, es cuando los cuidados llegan demasiado tarde y las situaciones de dependencia llegan sin poder frenarlas, porque “cuando una dependencia aparece es muy difícil revertirla”. Algo similar ocurre, según Fernández Avilés, con los casos de cronicidad que él considera algo “equiparable al envejecimiento”. Para prevenir estos casos graves existen las llamadas terapias avanzadas, que buscan mejorar las condiciones de estas personas e incluso prevenir o minimizar sus efectos y que cada vez están más cerca.

Entre las distintas opciones que equipos de todo el mundo están desarrollando se podrían destacar las terapias génicas, técnicas por las que se inserta un gen funcional en las células de un paciente para corregir un defecto genético causado por una patología; la terapia celular, introducción de nuevas células en un tejido para combatir una enfermedad; la edición genética o la creación de órganos funcionales para trasplantes.

Todas estas posibles soluciones necesitan, según Fernández Avilés, de una potenciación de la investigación para que puedan desarrollarse y extenderse a la población sin suponer un gasto enorme para ellos. El médico e investigador del Hospital General Universitario Gregorio Marañón y miembro del Centro de Investigación Biomédica en Red en Enfermedades Cardiovasculares (CIBERCV) pone el ejemplo de Japón, país que “ha convertido las terapias avanzadas en un asunto de Estado” y se ha alzado como uno de los referentes mundiales del campo.

Sin entrar en temas de política, gasto económico y demás, lo que resulta evidente es que la tendencia que sigue la sociedad humana es la de vivir cada vez más tiempo y eso hace indispensable que estemos preparados para afrontar lo que nos depare el futuro. La inmortalidad parece seguir siendo algo de ciencia ficción y resulta complicado creer que llegaremos a los 86 años sintiéndonos como cuando teníamos 20, pero lo que sí podemos hacer es promover comportamientos y servicios que nos permitan llegar a esa edad de la mejor manera posible. No podemos parar el reloj, por lo que tendremos que intentar aprovechar cada segundo que nos conceda.

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