El entrenamiento más completo según la ciencia

Intercalar el trabajo de fuerza y el aeróbico constituye la mejor opción para sacar rendimiento al poco tiempo que solemos emplear en entrenar.

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La realidad es que las personas que logran entrenar de forma continua lo hacen de promedio dos veces por semana y no más de cuarenta minutos en cada ocasión. Con esta media, si queremos generar cambios significativos en nuestro cuerpo para mejorar la salud y la estética, hemos de cambiar de perspectiva. Al centrarnos un día en la masa muscular y otro en los ejercicios aeróbicos, el estímulo al que se somete al cuerpo es insignificante, aunque acabemos extenuados.

La razón se haya en que el organismo no sabe si corre delante de un león para sobrevivir –y está haciendo un sobreesfuerzo por ello– o si entrena por un objetivo saludable. Así que, si está ocho horas sentado u otras tantas de pie y de pronto se le impone una actividad física intensa y sin ordenar, su tendencia será a protegerse. Ni quemará más grasa, ni generará más músculo; al revés, intentará reservarse y gastar lo menos posible, por si el esfuerzo se prolonga en el tiempo. Su reacción resulta biológicamente lógica.

Entonces, ¿cuál es la dinámica ideal? La respuesta es muy sencilla: combinar las dos modalidades en una misma sesión o en diferentes momentos pero dentro del mismo día. Los profesionales lo llaman entrenamiento concurrente. No obstante, tras dar respuesta a la primera pregunta, nos surgen al menos dos cuestiones más. La primera: ¿cuánto tiempo es necesario emplear para notar cambios significativos en el cuerpo? Y la segunda: ¿cómo combinar los ejercicios de fuerza y los de resistencia en cada sesión?

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