Efecto nocebo: la Ley de Murphy (erróneamente) aplicada a la salud

El efecto nocebo hace que nos autosugestionemos con que cierto medicamento va a generar efectos adversos. ¿Por qué surge? ¿Quién lo experimenta?

Cajón con medicinas farmacia
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¿Si se realizase a las puertas de un hospital un sondeo para comprobar si los pacientes conocen el “efecto nocebo”, probablemente, la mayoría contestaría de forma negativa. Pero quizá tampoco sepan que ellos mismos –consciente o inconscientemente– lo están experimentando. Su significado podría compararse con la aplicación de la ley de Murphy al ámbito de la salud y la terapéutica: “Si algo puede salir mal, saldrá”.

Atendiendo a lo conceptual, el efecto nocebo se produce por una serie de fenómenos psicológicos, fisiológicos y neurobiológicos asociados con daños reales o percibidos. Estos surgen como consecuencia de las expectativas negativas de los pacientes y no se relacionan con el efecto del fármaco. Dicho de otra manera, autosugestionarse con que cierto medicamento va a generar efectos adversos. Es el opuesto del placebo, que invoca una actitud positiva y cura solo con creer en ello.

Hay constancia del efecto nocebo “tanto en la investigación como en la práctica clínica diaria”, apuntaba recientemente el reumatólogo Miguel Ángel Abad Hernández, del Hospital Virgen del Puerto de Plasencia (Cáceres), en un webinar que abordó este fenómeno y que estuvo organizado por la Sociedad Española de Farmacia Hospitalaria y los laboratorios Pfizer. Y es que, precisamente, una enfermedad reumatológica, la fibromialgia, es considerada una de las patologías más propensas a generarlo.

Ahora bien, el efecto nocebo, ¿nace o se hace? A tenor de los expertos y los estudios existentes, más bien lo primero. “Es algo innato al paciente”, considera Abad Hernández. “Una suerte de mecanismo defensivo”, opinaba en otro evento sobre esta misma temática Fernando Muñoz, jefe de Sección Clínica de Aparato Digestivo del Hospital Universitario de Salamanca.

Existen unas bases fisiopatológicas, así como una serie de criterios que permiten identificar a personas más propensas a experimentarlo. Junto a los factores genéticos, existe más predisposición en mujeres frente a hombres, así como ciertos rasgos de la personalidad – ansiedad, angustia, preocupaciones o presencia de trastornos mentales–, la propia expectación que tenga el paciente sobre el fármaco o antecedentes de efectos adversos. “La confianza en el medicamento o la compañía que lo fabrica también es fundamental. La marca genera expectativas positivas para no tener efecto nocebo”, añade el especialista del hospital salmantino.

Asimismo, conviene atender a la propia retroalimentación del boca a boca. Y es que el efecto nocebo en un paciente puede influir en el resto cuando se comparten las experiencias negativas. Una situación que se produce de manera especial en los espacios comunes de los centros sanitarios: salas de espera, salas de infusiones, etcétera.

Pero también hay factores atribuibles al propio medicamento. Está demostrada la influencia de aspectos como el color de la presentación –el azul está más asociado al efecto nocebo–, el precio –cuanto más barato, más posibilidades de producirse– e, incluso, la vía de administración: la parenteral (mediante inyección) es la más propicia. Asimismo, los nuevos fármacos que han ido apareciendo en los últimos años, como los biosimilares, pueden generar, por desconocimiento, desconfianza en quien los va a ingerir. Existe un claro y meridiano ejemplo actual respecto a las vacunas frente a la covid-19 o, en concreto, las dosis de AstraZeneca. El ruido generado en torno a sus efectos adversos puede inducir a que cualquier paciente inmunizado con inyecciones de esta marca sienta malestar o sensación de fiebre que no sea tal.

Por ello, cuando se produce una modificación de tratamiento, “es fundamental informar bien del porqué del cambio y transmitir tranquilidad por parte del médico. Si el clínico está convencido, el paciente acepta el cambio y lo afronta sin preocupaciones”, tal y como aconseja Abad Hernández.

En esta línea, el tercer pilar en la lucha contra el efecto nocebo son los profesionales sanitarios. En el caso de los prescriptores, “las sensaciones o expectativas presentadas a los pacientes respecto a un tratamiento deben ser positivas”, apunta Carlos Crespo, jefe de Farmacia del Área Sanitaria de Pontevedra. Desde la consulta se debe transmitir confianza, en especial si existe un contexto desfavorable en torno al fármaco o producto, como lo expuesto con las vacunas frente a la covid-19, prestando especial atención a la comunicación no verbal. En definitiva, una vez más, “se trata de establecer un marco positivo en la consulta y en la relación entre médico y paciente”, sentencia Muñoz. e

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