Durmiendo con su enemigo



Uno de cada cuatro españoles, y sus parejas, conviven noche tras noche con los ronquidos. Muy pocos de ellos saben, sin embargo, que ese molesto sonido puede derivar en trastornos respiratorios muy graves. O que, gracias a una simple mascarilla, tienen una solución inmediata y casi total.

Dormir con una motocicleta. Ésta es la analogía que emplean muchos expertos para referirse a lo que experimentan las sufridas parejas de la cuarta parte de la población española que ronca con asiduidad, casi cada noche, y padece los problemas, no sólo médicos sino también sociales que se derivan de esa latosa serenata nocturna. Tanto es así que ya se han dictado las primeras sentencias judiciales en las que el ronquido es causa suficiente para una ruptura matrimonial, basadas en los preceptos de la Academia Americana de Otorrinolaringología y Cirugía Facial. En este centro reza un lema que con cierta jocosidad dice: "sonría y el mundo reirá con usted, ronque y dormirá solo".

Más allá de estas cuestiones sociales, lo cierto es que el ronquido no es, como hasta hace poco se creía el síntoma de una enfermedad durante el sueño. Junto con otros factores que lo acompañan se ha convertido en un importante trastorno de salud pública.

Cuando ruge este motor lo hace a 60 decibelios

El ronquido se produce cuando la vía respiratoria superior está obstruida, o no está completamente abierta, por lo que el individuo tiene dificultades para respirar con normalidad. Es entonces cuando inspira aire por la boca, que al llegar a la parte trasera de la misma provoca el choque entre la úvula o campanilla, el velo del paladar blando, la garganta superior y la lengua, que está caída hacia atrás cuando dormimos. El resultado es una vibración, como si de un instrumento de viento se tratase, que emite los molestos sonidos. Ese "rugido del motor" tendrá siempre una intensidad superior a los 60 decibelios, y en seis de cada diez casos procederá de la resistencia al paso del aire que se produce en la garganta de varones de mediana edad -a partir de los 40, la cosa empeora-, con sobrepeso y con hábitos poco saludables; suelen ser consumidores de tabaco, alcohol y toman sedantes o antihistamínicos, agravantes todos ellos que contribuyen a resecar aún más las membranas mucosas de la zona palatina y faríngea, como explica el doctor Gonzalo Pin Arboledas, responsable de la Unidad del Sueño del hospital valenciano Quirón. Además, también existe una serie de causas fisiológicas que provocan el ronquido, como la desviación del tabique nasal, el bajo tono muscular, un constipado o infecciones virales, amígdalas muy grandes...

El doctor Pin Arboledas advierte que la roncopatía no es una enfermedad por sí sola, aunque sí es el primer signo de alarma de que algo peor puede estar por llegar. Será preocupante en los casos en los que los ronquidos intensos se acompañen de apneas durante el sueño, que son episodios de 10 o más segundos durante los cuales se interrumpe la respiración. En ese caso, la sangre y el cerebro no se oxigenan y el organismo queda a merced de la hipertensión arterial, los accidentes cardiovasculares e incluso las arritmias. Y no sólo eso. Los movimientos torácicos son más fuertes, el cuerpo se tensa, y el efecto reparador del sueño es deficiente. En suma, no se "cargan las pilas" al dormir.
 
Son personas que siempre duermen poco y mal

"Los roncadores presentan síntomas claros al día siguiente de la falta de descanso: son personas abotargadas, con cansancio, hipertensión arterial, hipersomnolencia, cardiopatía isquémica, irritabilidad, cefaleas matutinas y también trastornos sexuales, como impotencia", señala el doctor Jordi Coromina, codirector de la Unidad de Otorrinolaringología del Centro Médico Teknon, en Barcelona.

Y José Joaquín Carbonell, responsable de la Unidad de Sueño en el Sanatorio San Francisco de Asís, de Madrid, pone el dedo en la llaga: "la somnolencia continuada los convierte en mediocres trabajadores y auténticos polvorines al volante, de forma que los roncadores patológicos -los que padecen apneas- no duermen realmente las tres cuartas partes de la noche y multiplican por once el riesgo de sufrir un accidente de tráfico". Las cifras asustan: en España, el 30% de los siniestros por carretera se debe a trastornos de sueño; de ellos, el 90% resultan mortales, por lo que la Dirección General de Tráfico está ideando cursos para conductores profesionales a quienes la noche no les da tregua.

Este abanico de razones lleva a los expertos en alteraciones del sueño a pedir que se acuda de inmediato a los servicios de Atención Primaria en cuanto se detecten los síntomas citados o, lo que es más habitual, cuando la pareja se percate de que el roncador también deja de respirar durante unos segundos. El médico de cabecera evaluará si el roncador es simple, es decir, si sólo ronca, con lo que bastará con seguir una dieta y hacer ejercicio, o si es un caso patológico, que se derivará a un especialista o a alguna de las 219 unidades del sueño existentes en España. Según indica el doctor Carbonell, en dichas unidades se le practicará unas pruebas de screening o identificación del problema, y en los cuadros más graves, una polisomnografía, que registrará una serie de señales biológicas durante el sueño. Estas pruebas determinarán el tipo de alteración que sufre el roncador, y contabilizarán las apneas por hora. Diez o más episodios de apnea por hora, cada uno de diez o más segundos, diagnosticarán el síndrome de Apnea Obstructiva del Sueño (SAOS). En la actualidad ésta es una enfermedad que padecen entre 1,5 y 2 millones de españoles, de los que sólo entre un 5 y un 9% sabe que la sufren. El SAOS produce a largo plazo trastornos respiratorios y cardiovasculares tan graves que pueden desembocar en una apoplejía o embolia cerebral o un infarto de miocardio.

También lo hacen las mujeres, pero mucho menos

En las unidades de sueño, la proporción de pacientes de SAOS es de diez hombres por cada mujer. En ellas se detecta de forma preeminente a partir de la menopausia y también en el último mes de embarazo, aunque no hay evidencias de por qué el fenómeno se agudiza precisamente en esos momentos. El remedio "infalible" para los roncadores adultos, ya sean simples o patológicos, es la CPAP -en inglés, Continuous Positive Air Pressure-, inventada por el australiano Collin Sullivan en 1981, y que sustituyó a la hasta entonces reina de la cirugía del ronquido, la traqueotomía.

La CPAP no es más que una mascarilla especial que se coloca mediante dos tubitos en la nariz e insufla aire ambiente por encima de la presión atmosférica sin dejar que el paladar se cierre. A las 100.000 personas que se lo colocan cada noche -y a sus parejas? "les ha cambiado la vida de un día para otro", dice el doctor Carbonell, salvo para casi el 15% de los roncadores, que no la toleran por incomodidad.

Los fármacos milagrosos no sirven para nada

La eficacia de la CPAP es tanta que otros instrumentos ideados con posterioridad, como algunas prótesis bucales, no han logrado hallar muchos adeptos, amén de que no se contemplan en la Seguridad Social y su coste oscila entre los 150 y los 700 euros. Y, aunque evitan el colapso de la vía respiratoria, su eficiencia sigue siendo menor que la de la mascarilla.

Casi nula es la utilidad de las decenas de fármacos cuya aparición se sucede desde hace años para combatir el molesto ruido. En estos momentos, el mercado está saturado de prometedores líquidos y cintas dilatadoras nasales que según aseguran logran tensar el velo del paladar y la musculatura orofaríngea, si bien según los expertos no existe evidencia científica alguna de que favorezcan el descanso.

Pequeñajos pero ruidosos

Capítulo aparte merecen, en el tratamiento de los ronquidos, los niños. El mayor experto que existe en España sobre la materia, el doctor Jordi Coromina, de la Clínica Teknon, de Barcelona, expone en su libro El niño roncador que el 12% de la población infantil ronca, aunque presenta síntomas muy diferentes a los adultos. Serán habitualmente niños pequeños en estatura y kilos, que por la noche descansan muy mal porque se mueven y sudan mucho y que, al contrario que los mayores, tienen tres veces más posibilidades de ser hiperactivos. Verán mermados, eso sí, su capacidad de atención, aprendizaje y su rendimiento escolar.
En los pequeños, la causa de los ronquidos será siempre el excesivo tamaño de las amígdalas o las adenoides o vegetaciones desarrolladas en exceso, por lo que el único remedio para evitarlos es la cirugía mediante láser que las reduzca, y nunca las extirpe. Si no se hace, las secuelas serán palpables con el paso del tiempo: "suelen tener problemas en la formación de los dientes, mal oclusiones como el paladar ojival o la barbilla retrasada (retrognatia), más conocidos como cara de pájaro", apunta el otorrinolaringólogo de la Clínica Teknon.La cirugía, por arriesgada, tampoco es la panacea

Hasta 300 de estos productos están registrados en la Oficina de Patentes estadounidense. Para el doctor Pin Arboledas, "sólo algún aerosol con corticoides puede facilitar la respiración", aunque no es comparable a una CPAP. Hay quien, incluso, se atreve con productos milagrosos -en realidad, fraudulentos- que prometen curar los ronquidos, y que se aprovechan de la desesperación de algunos por atenuar el sufrimiento. Es el ejemplo de un antirronquidos electrónico que, colocado en la muñeca del roncador, reacciona con pequeñas descargas eléctricas cuando detecta el sonido, o el de un afamado implante comercializado desde septiembre de 2004 en Estados Unidos por la firma Restore Medical, y que consiste en colocar tres objetos pequeños de tejido de poliéster en una parte del paladar, con el fin de endurecerlo y restaurar así el flujo del aire. Nada de ello ofrece garantía alguna.

Así las cosas, el veredicto es unánime acerca del tratamiento más idóneo para corregir el problema de los ronquidos. Respecto de la cirugía, los doctores coinciden en descartarla en la práctica totalidad de los casos, por arriesgada y porque el tejido eliminado en la orofaringe se regenera con el paso del tiempo. La intervención quirúrgica más común es la uvulapalatofaringoplastia, o UUPP en sus siglas anglosajonas, que consiste en quitar el exceso de tejido de la parte posterior de la garganta, o también la recurrente cirugía estética que corrige la desviación del tabique nasal.

La sociedad contribuye al aumento de roncadores

No faltarán, aun con todo, quienes acudan a los mil y un remedios caseros que atesora la sabiduría popular sobre cómo acabar con los ronquidos. A los clásicos de coserse una pelota de tenis en la espalda del pijama para no dormir tumbado boca arriba, meter un chupete en la boca del roncador o elevar la cabecera de la cama 10 centímetros y no utilizar nunca almohada les falta un detalle: los ronquidos pueden ser independientes de la postura que se adopte en la cama.

En las sociedades modernas, el envejecimiento de la población y los peores hábitos alimenticios y vitales provocan un creciente aumento de roncadores y, por consiguiente, de personas afectadas por el SAOS. El mundo de la medicina ha empezado en los últimos años a darse cuenta de la importancia de la concienciación social en este sentido, así como de la necesidad de aunar las más variadas disciplinas para limitar los problemas del sueño. Por primera vez en España quince sociedades científicas distintas, que agrupan a los más dispares especialistas, se han reunido durante todo un año y están a punto de arrojar el primer gran consenso nacional sobre los ronquidos, la apnea e hipoapnea del sueño y el Síndrome de la Apnea Obstructiva del Sueño. Las conclusiones serán distribuidas a todos los médicos del país para que se ponga fin a un problema de sencilla solución.

Érika Montañés 







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