Diez hitos de los trasplantes

Este reportaje publicado en el número 10 de Muy Saludable ha sido premiado por su rigurosidad, impacto y claridad divulgativa en la VI edición de los premios ASEBIO de Comunicación y Divulgación de la Biotecnología.

No obstante, los trasplantes, tal como los entendemos, son intervenciones relativamente recientes. A continuación, explicamos su evolución a partir de diez grandes avances que en las últimas décadas han permitido salvar millones de vidas.

1. La microcirugía permite unir arterias

Si tuviéramos que escoger un año y un personaje para definir el inicio de la era de los trasplantes, sin duda serían 1902 y el médico francés Alexis Carrel, que obtendría el Nobel de Medicina diez años después. Hasta entonces solo se habían hecho injertos de piel y pruebas con dientes, con escaso éxito, y no se había desarrollado aún una técnica que permitiera implantar un riñón o un corazón.

"En esa época se practicaba una cirugía de guerra basada en la extirpación", comenta Antonio Román, coordinador del Programa de Trasplante Pulmonar en el Hospital Vall d’Hebron de Barcelona y presidente de la Sociedad Catalana de Trasplantes.

"Lo que primaba era la velocidad", añade. No se buscaba reparar, sino retirar. En parte, esto era así porque la anestesia era mucho menos eficaz que hoy, pero también debido a que no se sabía cómo conectar los vasos sanguíneos y a lo máximo que se aspiraba era a taparlos para evitar el sangrado.

Sin embargo, en 1902 Carrel logró describir la técnica de la triangulación, una forma de realizar las punzadas que permitía ligar arterias y venas. Era el comienzo de la microcirugía y, por extensión, el de los trasplantes, pues hacía posible enlazar los vasos del donante y el receptor. El camino estaba así abierto, pero no estaría libre de dificultades.

3. La revolución de los inmunosupresores

El objetivo era claro, pero complejo: idear una estrategia que permitiera reducir las propias defensas sin comprometer la vida del paciente. El primer logro llegó a principios de la década de los 60 con la azatioprina, un fármaco que dificulta la división de los linfocitos, las principales células del sistema inmune.

Su uso permitió que se hicieran muchos más trasplantes de riñón, pues ya no era preciso que se practicaran entre gemelos. Pero su eficacia no era la mejor: el órgano acababa fallando y la mitad de los intervenidos moría durante el primer año.

El gran avance tuvo lugar a finales de los 70, gracias a la ciclosporina. En lugar de entorpecer la división de los linfocitos, esta les impide funcionar, por lo que terminó siendo el inmunosupresor bisagra con el que se podía abordar casi cualquier tipo de  trasplante. Resultó tan eficaz que los fallecidos en el primer año pasaron a ser menos de un 10%. Luego vendrían nuevos medicamentos y combinaciones que permiten disminuir las dosis y los efectos secundarios.

"Hoy el rechazo agudo que mata se ha solucionado, pero en la gran mayoría de los pacientes se produce un rechazo crónico; ese es el verdadero verdugo", asegura el doctor Román.

En ese proceso, el deterioro irreversible que sufre el órgano implantado obliga a muchas personas a pasar por un nuevo trasplante.

5. Llega el primer trasplante parcial de cara

Con la mejora de las técnicas quirúrgicas y de la inmunosupresión, las operaciones se multiplicaron: se instauró el trasplante de pulmón –y el de doble pulmón–, el de hígado, el simultáneo de corazón y pulmón…

En 2005, tuvo lugar un suceso sorprendente: en el Complejo Hospitalario de Amiens, en Francia, se llevó a cabo el primer trasplante parcial de cara. La receptora fue Isabelle Dinoire, una francesa que se había desmayado  en su casa y se había golpeado contra un mueble al caer.

Cuando recobró la consciencia comprobó que su perro, tratando de despertarla, le había arrancado parte de la nariz, los labios y el mentón.

La cirugía era compleja: durante horas había que implantar y unir músculos, vasos y nervios de una donante. Y además estabael componente psicológico: el riesgo de que la mujer rechazara su imagen.

Pero fue un éxito.

Cuando los periodistas le preguntaron cómo había podido aceptar su nuevo rostro, Dinoire les respondió que porque podía sonreír, gesticular y expresarse. La paciente falleció el pasado abril, como consecuencia de las complicaciones que surgieron tras experimentar un rechazo en la zona afectada, pero en los últimos años se han dado nuevos avances en este  mismo sentido.

Así, en 2010 se practicó el primer trasplante total de un rostro. Tuvo lugar en el Hospital Vall d’Hebron de Barcelona. La operación duró veinticuatro horas.

Sin embargo, la polémica planea sobre este tipo de intervenciones: al parecer, la comunicación de los resultados por parte del cirujano responsable, Paolo Macchiarini, fue demasiado optimista y no tan transparente como debería. En realidad, la paciente ha sido reoperada periódicamente porque el conducto tiende a cerrarse, además de sufrir otras complicaciones. "Creo que existen riesgos y que se ha ido demasiado rápido", comenta el doctor Román. Estamos tocando el futuro, pero debemos avanzar con seguridad.

8. Vejigas e intestinos impresos en 3D

Si rellenar órganos de cadáver parece una vía prometedora, aún más lo sería poder fabricar directamente esos biomoldes. Para ello ya se han empezado a utilizar impresoras 3D, que no solo son capaces de reproducir diseños de distintos materiales,  sino que podrían usarse para inyectar células de diferentes tipos, cada una en su lugar correspondiente. Sin embargo, resulta difícil, pues muchos órganos poseen poblaciones celulares variadas, en capas superpuestas, y necesitan numerosos y eficientes vasos sanguíneos para nutrirse.

Como en el caso anterior, ya se ha probado en humanos, con una horma de material parecido al plástico y con Macchiarini también como protagonista.

Sin embargo, los resultados han sido peores de lo esperado –y de lo que se comunicó al principio–, y la mayoría de los pacientes han fallecido. De hecho, el Instituto Karolinska de Estocolmo, donde trabajaba Macchiarini, no le ha renovado el contrato.

Aun así, el doctor Matesanz se muestra optimista. "Lo que aparentemente hizo Macchiarini, incluso con todas las dudas que suscita todo lo relacionado con este cirujano, parece una vía clara en los trasplantes de órganos huecos, como la tráquea, la vejiga y fragmentos de intestino. En el corazón, el riñón u otros órganos complejos no lo veo claro”. Para eso hay otras estrategias, que recuperan en parte algunas ideas antiguas, como los xenotrasplantes, esto es, los que se dan entre distintas especies.

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9. Los cerdos, la fábrica de repuestos humana

Cuando Jaboulay implantó riñones de cerdo y cabra en humanos, solo duraron unas horas. Hoy sabemos que el  fracaso se debió al rechazo. Pese a ello, se sigue explorando el uso de órganos  de animales. Los cerdos resultan, en  este sentido, muy interesantes.

No solo  son fáciles de criar, sino que el funcionamiento y tamaño de sus órganos son  parecidos al nuestro. Eso sí, contienen retrovirus que pueden reactivarse cuando pasan a los humanos, pero incluso este problema podría haberse  solucionado: el año pasado se descubrió que la nueva técnica de cortapega genético CRISPR –siglas en inglés de repeticiones palindrómicas cortas agrupadas y regularmente intercaladas– permite solventarlo. “Hay varios equipos que trabajan en este tipo de trasplantes, pero el futuro seguramente no pase por aquí”, asegura el doctor Román.

En vez de ello, podrían emplearse los cerdos como si fueran incubadoras de órganos humanos, un alternativa más interesante. En ello trabaja el grupo del bioquímico Juan Carlos Izpisúa, en el Instituto Salk de California. Su enfoque resulta apabullante: consiste en suprimir los genes del animal que dan lugar a un determinado órgano para crear así una especie de nicho, un hueco virtual.

Entonces, cuando aún es un embrión, se inyectarán células madre humanas que lo rellenarán, lo que da lugar a un órgano esencialmente humano. Sin embargo, "todavía no hay estudios publicados; ni siquiera conocemos con exactitud los métodos que están empleando", puntualiza el doctor Román. Eso sí, "se trata de una iniciativa muy sugerente", comenta su colega Matesanz. Y, de este modo, palpando el futuro, saltamos definitivamente hacia él.

10. Órganos reparados y reimplantados

"En los próximos años se seguirá avanzando en la fabricación de órganos a partir de células madre y casi seguro en los animales quimera, como el cerdo”, asegura el doctor Román. Pero también cabe especular con avances en otros campos.

Por ejemplo, algunos investigadores trabajan en el desarrollo de la inmunotolerancia, técnica que evita el uso de inmunosupresores. Se ha especulado con la posibilidad de que en poco tiempo se puedan llevar a cabo trasplantes de cabeza (el neurocirujano italiano Sergio

Canavero quiere intentarlo en 2017), aunque muchos expertos, como el doctor Román, consideran que, por el momento, es mera ficción. Por el contrario, este se muestra más convencido del empleo de aparatos que sustituyan a órganos. “Ahí  tenemos la diálisis. Además, ya hay muchos pacientes que viven años con máquinas que hacen las veces del corazón”, indica.

Tal vez uno de los mayores avances estará relacionado con la prevención. "Hay enfermedades que no hace mucho tiempo implicaban la necesidad de llevar a cabo un trasplante, pero que ahora podemos atajar", apunta el especialista  del Clínic.

Reparar en vez de sustituir órganos representa otro de los objetivos más realistas. "Ya somos capaces de mantener con vida pulmones fuera del cuerpo; esa es una oportunidad para arreglarlos", explica el doctor Román. Por ejemplo, en el caso de que se diera un tumor, podríamos sacarlos del cuerpo, someterlos a dosis de quimioterapia impensables en la actualidad y, resuelto el problema, volver a introducirlos.

De ahí que, a la respuesta de qué podemos esperar en la apasionante carrera de los trasplantes, el doctor Román responda sin dudar: "Que no hagan falta".

Etiquetas: revistasalud

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