Día Mundial para la Prevención del Suicidio: un problema que nos afecta a todos

En colaboración con We Care-u y Gaceta Médica, nos hemos reunido con seis profesionales para debatir sobre este importante problema de salud pública. El objetivo: visibilizar, prevenir y concienciar a la población sobre este tema que aún sigue siendo un tabú en nuestra sociedad.

 

En el año 2018 más de tres mil personas en España decidieron poner fin a su vida, una cifra que duplica el número de muertos por accidentes de tráfico. En este último caso, las campañas de prevención que se realizan periódicamente han dado sus frutos, y la mortalidad en carretera va descendiendo cada año. No sucede lo mismo con el suicidio, un tema tabú, delicado, de esos de los que se prefiere no hablar, o mirar para otro lado, y cuya presencia en los medios y el debate público siempre viene vestida de un toque sensacionalista que no ayuda en nada a prevenir el problema.

El 10 de septiembre es el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, un evento que pretende concienciar a la población mundial de este problema e intentar prevenirlo. En este marco, El Global, Gaceta Médica, Muy Interesante y Marie Claire, con el apoyo de Janssen, han organizado un encuentro temático para dar voz a seis expertos en materia de salud mental.

Los datos

El suicidio afecta a cerca de 800.000 personas en el mundo cada año, un dato que equivale a un intento cada 40 segundos. “Un objetivo de la Organización Mundial de la Salud es que se reduzcan un 10% los intentos de suicidio en todo el mundo”, ha explicado Ana González-Pinto, presidenta de la Sociedad Española de la Psiquiatría Biológica (SEPB).

En nuestro país, se considera que tenemos unas tasas de mortalidad por suicidio media (del 9%). “Hemos mejorado la sensibilización social, la formación y la responsabilidad de los clínicos a la hora de proteger personas con riesgo más alto”, ha recalcado Julio Bobes, presidente de la Sociedad Española de Psiquiatría (SEP). Sin embargo, es necesario prestar también atención a los intentos de suicidio: “es un dato más oculto, más sensible”, explica Itziar Ceballos, gerente de la Asociación Vizcaína de Familiares y Personas con Enfermedad Mental (AVIFES), “se habla hasta de 16.000 personas que han intentado acabar con su vida”.

En cuanto a los grupos de población con más riesgo de suicidio, Ceballos indicó que “hay más hombres que mujeres, el porcentaje es desigual. Se habla de que la población en riesgo son los  adolescentes, pero me parece que el caso de la población mayor de 60 años es también muy relevante". 

González-Pinto recordó, en este sentido, que hablamos de “la segunda causa de muerte después del cáncer en adolescentes, por encima de los accidentes de tráfico”, precisando aun así que la diferencia de género no es significativa ya que la muerte por este tipo de accidentes afecta también más a hombres que mujeres. “Hay personas con alto riesgo de suicidios, a veces con diagnóstico agresivo, enfermedades limitantes, con pluripatología” que por lo tanto están más expuestas, según Bobes.

 

Es necesario prestar más atención a la salud mental

En nuestro país, el 40-50% de las urgencias psiquiátricas corresponden a intentos de suicidio. ¿Qué lleva a una persona a querer quitarse la vida? Las causas son múltiples, y por eso los expertos coinciden en que no hay que hablar de suicidio sino de suicidios, en plural, porque cada caso es único y tiene su particular complejidad. “Cuando hablamos de cifras globales, no hay idea de complejidad, quita racionalidad”, reflexiona Ceballos.

“El suicidio se asocia a la desesperación y a la falta de esperanza, es un síntoma de depresión, pero que puede ir asociado también a otras enfermedades”, explicó González-Pinto. “Si hablamos de factores de riesgo, la depresión está presente en casi el 90% de los casos”. Rafael Casquero, miembro del Grupo de Saludad Mental de SEMERGEN, insistió en este vínculo: “la depresión es considerada como un factor muy importante, aunque hay otras causas que son frecuentes, como por ejemplo el consumo de drogas o el alcoholismo”. También se produce el proceso inverso: “una enfermedad mental puede desencadenar el consumo de drogas.” Y, por supuesto, hay otras patologías como los trastornos de personalidad, la esquizofrenia, o ciertos trastornos alimenticios. 

 

El suicidio, un problema de todos

Como comentábamos al principio, y debido al tabú que rodea a este problema, podría pensarse que el suicidio es un tema que corresponde al ámbito privado, pero los expertos coinciden en afirmar lo contrario: el suicidio es un problema de salud pública, y debe tratarse como tal.

Los efectos de un suicidio (o de un intento de suicidio) son, en todo caso, devastadores tanto para el entorno cercano como para el más amplio: “una persona que quieres ha muerto, y eso produce un impacto: aparece la angustia, la incertidumbre y por supuesto un sentimiento de culpa”, apunta Ceballos. Afecta a un círculo cercano de diez o veinte familiares, pero también llega a los amigos y al entorno laboral. “El impacto no solo se produce en el entorno nuclear, afecta a mucha gente que en algún momento piensa  ‘¿por qué?’’’. De ahí la importancia de la gestión de y la asimilación, ya que las consecuencias a corto, medio o largo plazo de un suicidio pueden ser devastadoras. “Si no somos capaces de volcar apoyos y ser conscientes de lo que ocurre, los problemas aparecerán”, reflexiona la experta, y más si se trata de un familiar tan cercano como un padre o una madre. Acompañar a los seres cercanos en este proceso de duelo de una manera específica es también fundamental.

 

La prevención es la clave

Carlos Mur, director gerente del Hospital Universitario de Fuenlabrada, precisó que, al igual que con cualquier otro problema de atención primaria, “es necesario detectar factores de riesgo y  tener en cuenta la prevención de la reincidencia”.  Para Casquero, “en atención primaria, la clave es la comunicación con la persona. Debería reforzarse a nivel social estableciendo nuevos lazos sociales que se han ido desestructurando”. ¿El objetivo? Reforzar la comunicación entre médico y paciente. Y es que, aunque no sea algo habitual en las consultas de los centros de salud. El experto recuerda que “todos los médicos deberían preguntar o saber cómo están de ánimos sus pacientes”.

Y no solo en el ámbito sanitario: la prevención frente al suicidio debería ser trasversal. “La prevención no puede ser completa si no hay una capacidad de trabajar desde la sectorialidad”, afirma Ceballos. “Es una oportunidad interesante para entrar en el tema educativo, y aprovechar para tratar el tema de salud mental. Sabemos que los adolescentes están viendo episodios de suicidios en series, tenemos que trabajar estos temas en las aulas. Es importante que se promuevan políticas específicas e implicar a más agentes sociales”.

 

Un nuevo enfoque

El suicidio es un problema global que debe ser visibilizado en la sociedad. En ese sentido, Jesús Celada, director general de Políticas de Apoyo a la Discapacidad, precisó que muchos de los casos de suicidios, al proceder de personas con problemas de salud mental, encuentran poca comprensión en la sociedad: “la propia discapacidad mental es un fenómeno del que no se informa adecuadamente. En los años 60-70, se escondía a las personas con discapacidad en casa”, recuerda el experto. El avance desde entonces ha sido importante pero, aun así, es necesario un mayor esfuerzo: “discapacidad y suicidio, a efectos de comunicación deben ir de la mano, teniendo además en cuenta que los intentos de suicidio frustrados acaban, en algunos casos, en discapacidad.” La idea es que “contar la experiencia de la propia persona que lo ha vivido hace más visible esta realidad”, subraya Celada.

Las redes sociales también deberán ser nuestras aliadas a la hora de prevenir el suicidio: “Tenemos que aliarnos y utilizar las redes como una herramienta más”, opina Ceballos. “Las víctimas suelen, de hecho, acudir a ellas y muchas veces se trata de una herramienta valiosa que, bien gestionada, puede ayudar a la prevención y a la detección”.

Las redes sociales pueden ser, también un arma de doble filo. Casquero recalcó que “internet y las redes son muy poderosas, a veces para mal”. “No es casual que haya más suicidios en la población juvenil”, confirmó Jesús Celada. Al ser nativos digitales, su acceso es más fácil. “La prevención y la inclusión social son claves para prevenir el suicidio”. Nos enfrentamos por lo tanto a un arma de doble filo, ya que los jóvenes pueden padecer cierta frustración ligada al poco reconocimiento o incluso al acoso.  

 

Conclusión: acabar con el estigma

En definitiva, para abordar el problema del suicidio desde una perspectiva más humana e integral es necesaria la educación y la atención temprana, así como comunicar y visibilizar el tema desde otra perspectiva que no caiga en el amarillismo.

Para Ceballos, “no podemos evitar pensar que las personas con problemas de salud mental tienen un estigma. Por otro lado, la muerte no es un tema que se trate abiertamente”

“La existencia de campañas de sensibilización  muy poderosas en redes sociales que han conseguido reducir los accidentes de tráfico, ¿para cuándo una sensibilización global sobre la problemática del suicidio?”, reflexiona Mur.

“Toda persona busca en el mundo ser aceptada por el entorno”, indica Casquero. “En nuestro caso, en la atención sanitaria, deberíamos buscar las herramientas para que cualquier persona pueda tener más posibilidades de expresarse y comunicarse”, concluye. 

 

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