¿Determinan los genes nuestro rendimiento deportivo?

Nuestras capacidades físicas, sobre todo la fuerza, la resistencia y la velocidad, y por ende nuestra habilidad para destacar en un deporte concreto, vienen determinadas por nuestra genética pero también por cómo 'usamos' esa genética.

Una cuestión de mitocondrias

La habilidad para mantener una contracción muscular durante más tiempo –resistencia muscular– está condicionada por la capacidad para utilizar distintos sustratos metabólicos en los motores celulares, las mitocondrias. Nuestros músculos desarrollan más fuerza si consiguen generar estructura proteica extra (hipertrofia) que permita mantener una mayor tensión, y serán más veloces si las estructuras que permiten la contracción muscular, los sarcómeros, son capaces de acortarse con suficiente eficacia. Los mecanismos biológicos responsables de estas adaptaciones son bien conocidos por la fisiología del deporte. Sin embargo, relativamente poco se sabe sobre los genes que condicionan la biología de una persona para que ésta tenga más posibilidades de tener músculos resistentes, fuertes o veloces.

Se han realizado infinidad de estudios que pretendían asociar un gen (o una modificación de un gen, conocida como polimorfismo) con un deporte o una capacidad física. Sin embargo, las conclusiones son controvertidas y en pocos casos se ha alcanzado un consenso con suficiente rigor científico. Por ejemplo los genes responsables de que una persona posea un consumo de oxígeno máximo antes de comenzar un entrenamiento no son los mismos genes que determinan la capacidad de respuesta de ese consumo de oxígeno máximo a un entrenamiento.

Por otro lado, nuestra antropometría condiciona la capacidad para destacar en un deporte. Para ser un buen maratoniano se debe tener unas piernas ligeras y poco peso mientras que los mejores jugadores de baloncesto suelen tener una gran estatura. A través de estudios del genoma completo (GWAS, por sus siglas en inglés) se ha comprobado que los genes que hacen que un africano sea más alto no tienen por qué ser los mismos genes que hacen alto a un europeo.

Los genes que hacen que un africano sea más alto no tienen por qué ser los mismos genes que hacen alto a un europeo

Una excepción a la falta de correlación entre un gen y una capacidad física, en este caso la potencia, viene representada por el gen alfa-actinina 3 (ACTN3). La proteína que codifica este gen es requerida para contracciones musculares explosivas. Se ha identificado un polimorfismo del gen de la ACTN3, denominado R577X, que hace que los músculos se contraigan con menor explosividad, haciéndonos más lentos pero más resistentes a la fatiga y metabólicamente más eficientes.

Esta es una mutación natural que se estima surgió hace aproximadamente 50.000 años cuando nuestra especie migró de África a Europa y Asia favoreciendo así ser más resistentes en detrimento de la explosividad. En la actualidad se considera que aproximadamente mil millones de personas en todo el mundo poseen esta variación genética. En deporte, el genotipo homocigoto 'nulo' (XX) es infrecuente entre jamaicanos y afroamericanos, los grandes protagonistas de las pruebas de velocidad; así como en futbolistas de élite, un deporte predominantemente explosivo. Sin embargo, que exista asociación no implica causalidad. Existen deportistas de reputado nivel que siendo homocigotos XX para el gen de la ACTN3, han llegado a ser élite en especialidades deportivas donde prima la potencia y explosividad muscular, como el fútbol.

Otro ejemplo, algo más controvertido, es el gen de la enzima convertidora de angiotensina (ACE). Su alelo I ha sido asociado con mejor resistencia, mientras que el alelo D de este gen es frecuente en deportes de fuerza y explosividad muscular. Un estudio reciente ha analizado 346 velocistas de élite de los cuales sólo un atleta con genotipo homocigoto para ACE II –y ninguno para la variante XX de ACTN3– registró un mejor tiempo en la prueba de 200 metros que el de los clasificados para la final de esta modalidad en los Juegos Olímpicos de Londres. Además los sprinters con genotipo ACE DD hicieron mejores marcas en la carrera de 400 metros que aquellos con ACE II. Dada la sólida evidencia encontrada en modelos de investigación animal, se han llevado a cabo numerosos estudios que han intentado relacionar el gen de la miostatina, cuya proteína limita la hipertrofia muscular, con la fuerza muscular. Sin embargo, estos estudios no son suficientemente concluyentes.

De los 20.000-25.000 genes que el Proyecto Genoma Humano estima tiene una persona, solo 2 se han conseguido asociar a las capacidades físicas básicas, con suficiente rigor científico. Este hecho evidencia la complejidad en la interrelación de los distintos genes para generar una habilidad muscular concreta que se traduzca en rendimiento para una modalidad deportiva.

Entonces, ¿el deportista nace o se hace?

Para dar solución al clásico dilema de si un atleta 'nace o se hace' (o 'genética vs. ambiente'), hemos de recurrir a la rama de la genética conocida como epigenética, la cual estudia cómo se expresan e inhiben ciertos genes en función de factores externos como el entrenamiento, la dieta, el clima, exposición a contaminantes e incluso el trato de una madre hacia el hijo en sus primeros años de vida. Puede que los genes determinen nuestro rendimiento deportivo, pero no sabemos todavía qué genes son.

Helios Pareja y Javier Morales Rojas son investigadores en la Escuela de Doctorado e Investigación de la Universidad Europea

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