Desaprender a fumar con ayuda farmacológica

Así actúa la vareniclina, fármaco que quita el gusto por el tabaco.

El Sistema Nacional de Salud ha decidido incluir entre sus prestaciones un nuevo medicamento para dejar de fumar, cuyo principio activo es un compuesto llamado vareniclina. El tratamiento consiste en una administración vía oral del fármaco durante doce semanas, con la colaboración imprescindible de la fuerza de voluntad del fumador.

 Pero ¿cómo funciona concretamente? Mediante una doble acción. La vareniclina compite con la nicotina por los receptores cerebrales ­4ß2, sobre los que tiene en primer lugar una actividad agonista –es decir, los anula– parcial. Mediante este efecto, el compuesto alivia los síntomas de abstinencia nicotínica y de ansia de fumar, mientras que a través de su otra actividad –de antagonista– bloquea los efectos de refuerzo del consumo continuado de nicotina.

Lo primero que debe hacer el paciente que quiera abandonar el hábito es pedir una cita con su médico de atención primaria. Una vez allí, y tras comprobar que el deseo de dejarlo va en serio, el profesional sanitario le prescribirá el nuevo medicamento. Junto a la receta y las pautas de consumo, también le aportará un calendario de seguimiento para comprobar que va alcanzando los objetivos parciales. Durante las citadas doce semanas, el medicamento le ayudará tanto a que disminuya el deseo de fumar como, sobre todo, a mitigar el síndrome de abstinencia.

Sin embargo, al igual que ocurre en la deshabituación de cualquier droga, el papel del paciente y el médico serán la clave del éxito. La vareniclina por sí sola no hace milagros, por lo que la intervención de un profesional sanitario se vuelve imprescindible. Como la adicción al tabaco tiene un fuerte componente conductual, la acción química tiene que verse reforzada por la psicológica. El tratamiento está disponible para todas las personas mayores de dieciocho años, a excepción de las mujeres embarazadas y aquellas que se encuentren en el periodo de lactancia, que deben consultar con el profesional sanitario.

Mejora integral

Los beneficios de culminar con éxito el tratamiento son tan positivos como conocidos, pero conviene recordarlos. A corto plazo, el exfumador experimenta una recuperación del olfato y del gusto, así como una mejora de la capacidad física y normalización de la tensión arterial y el pulso.

Los beneficios a más largo plazo incluyen, entre otros, el incremento de la función pulmonar en un 30% a las tres semanas y una  reducción del 50% en el riesgo de accidentes cardiovasculares pasado un año. Además, una década después de dejar el tabaco, el riesgo de padecer cáncer orofaríngeo, esofágico, laríngeo o vesical será el mismo que el de quienes nunca han fumado.

Por Javier Ruiz-Tagle

Gaceta Médica

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