Crisis del coronavirus: así es el día a día de los sanitarios españoles

Plantas llenas dedicadas por entero al COVID-19, aplazamiento de intervenciones no urgentes e incertidumbre por la escasez de materiales.

Hospital Madrid
Hospital General de La Paz en Madrid. /Getty

Cada tarde, sobre las 20:00, los ciudadanos españoles tienen una cita. No pueden salir de sus casas excepto para recados importantes, pero la sociedad española se las ingenia para asomarse por su ventana, terraza o balcón a hacer un gesto muy sencillo: aplaudir. El aplauso es su homenaje a todas las personas que, con su trabajo, facilitan la complicada situación del estado de alarma por el coronavirus SARS-CoV-2, que provoca la enfermedad del COVID-19.

Dafne es enfermera y trabaja en el Hospital Santa Bárbara de Soria, una ciudad muy envejecida de Castilla y Leon. “Aquí hay mucha gente mayor. Se fue llenando la planta que habilitaron; después, se llenó urología, trauma, cirugía… Está el hospital lleno, incluso las oficinas; todo es COVD-19. Estamos colapsados, no damos abasto. Los ingresos son constantes, y también hay jóvenes. Mandas a alguien para casa y en diez minutos se te llena otra vez la habitación”.

La situación que describe Dafne no es muy distinta a la de otros hospitales en España, y Madrid es la más afectada por los colapsos, que ha centralizado las urgencias para otras patologías, como ginecología, obstetricia, y los paritorios en cuatro hospitales: La Paz, el Gregorio Marañón, el 12 de Octubre y el Puerta de Hierro. María tiene 27 años y es matrona: “En Madrid, las matronas están siendo reubicadas como enfermeras. Se está tirando de recursos de donde se puede, y todavía no hemos llegado al colapso total”. Lo mismo ocurre con otras especialidades. Según Julia, residente de oftalmología de la Clínica San Carlos, en Madrid: “En cualquier momento nos llaman a hacer guardias en la UCI: hay cinco alas del hospital habilitadas para ello”. 

En el Hospital Príncipe de Asturias de Alcalá de Henares (Madrid), un cirujano gástrico que no quiere revelar su nombre confirma esta situación: “Con el hospital sobrecargado de pacientes, tenemos que seguir atendiendo los pacientes habituales, pacientes oncológicos pendientes de ser operados, cirugías de otro tipo... Ellos están en casa esperando y tienen una merma en su calidad de vida. Si normalmente operamos a 100 pacientes a la semana, ahora es del orden de tres, cuatro o cinco... nunca más de diez”. Se trata de una avalancha de pacientes con la que nadie contaba. Una situación de estrés para los sanitarios, que cuentan con el problema añadido de tener que proteger a determinados pacientes que acuden al hospital por otras patologías: “Intentamos no hacer contactar pacientes con los positivos por coronavirus, pero hay momentos en que comparten la misma planta”, confirma el cirujano.

La responsabilidad de este colapso, para él, nunca es del paciente: “Las personas nunca son culpables de lo que les pasa, ni de acudir al centro de salud que consideren si no se encuentran bien. La alarma social y las dudas han propiciado esta situación”.

Por otro lado, no todos los pacientes que posiblemente tengan coronavirus pueden dar positivo en COVID-19, porque no hay test disponibles para todos, ni siquiera para los sanitarios, que también enferman. Jorge, residente de geriatría en Cruz Roja: “Vamos un poco cuesta abajo, y nos tenemos que organizar porque poco a poco van cayendo nuestros compañeros. Pero poco a poco hay más organización y se van haciendo las cosas mejor”. 

El principal problema de los test de COVID-19 es que los resultados tardan 24 horas en obtenerse. Hasta que los anunciados tests rápidos se implementen, a muchas personas con síntomas no se les realiza el test, y son enviadas a casa o permanecen ingresadas. “Las únicas personas a las que se les hace el test son las que pasan a ingreso. Mientras espera los resultados, esa persona permanece 24 horas ingresada”, recuerda la enfermera soriana.

Por otro lado, resulta obvio concluir que la imposibilidad de realizarles a todos los afectados una prueba implica que las cifras reales serían muy superiores a las oficiales. 


Escasez de materiales

Mientras se espera la llegada de los test rápidos a los hospitales españoles, los sanitarios cuentan con un equipo y un protocolo bien estandarizado; pero les falta material. Dafne describe a Muy Interesante cuál es su equipamiento diario: “Llevo mi bata habitual, y encima otra bata quirúrgica que se cambia cada día; encima de todo ello, un delantal de plástico; además, doble mascarilla y doble guante. Al salir de una habitación, y antes de entrar en otra, tienes que quitarle el delantal, te rocías con lejía y agua, y a seguir”.

Pero no hay suficientes mascarillas homologadas para todos los que la necesitan: “Llevamos la misma mascarilla FFP3 durante toda la semana y, encima, una quirúrgica que sí es diaria. Me da mucha rabia ver a gente por la calle con mascarillas super buenas cuando aquí no tenemos para proteger a la gente”. 

Fallecidos en soledad

El COVID-19 es una enfermedad respiratoria que causa complicaciones graves en entre un 5 y un 15 % de los afectados. Cuanto mayor edad y mayor sea el historial de patologías previas del paciente, más probabilidades de sufrir graves consecuencias e, incluso, la muerte. Esta es, sin duda, la cara más amarga de la situación del COVID-19.

“Hay gente mayor que está falleciendo a la que no se le puede hacer el test”, cuenta Dafne. "Cuando muere alguien, los familiares no le pueden despedir, no pueden ver a su ser querido; si acaso, se pueden asomar un poco a través del cristal. Hay muchos abuelitos que están muriendo solos y sin tiempo a hacerles la prueba”.

En esta delicada situación de crisis sanitaria, mucha gente en España tiene miedo de la llamada ‘medicina de triaje’; es decir, un protocolo de actuación que se aplica en emergencias y catástrofes naturales, y que consiste en priorizar a pacientes más jóvenes, que tienen más probabilidades de sobrevivir, a la hora de aplicar los tratamientos. Pero tanto Dafne como el cirujano madrileño niegan que se esté interviniendo a los pacientes de manera distinta a la habitual.

En cualquier caso, la situación está al límite: “La sensación que tenemos todos es que la toma de decisiones va por detrás de la pandemia”, cuenta el cirujano de Alcalá de Henares. “Nos viene grande a todos”, sentencia Dafne. 

Hospital Madrid IFEMA
El complejo hospitalario del IFEMA tiene capacidad para 5 500 pacientes. /Getty

Un hospital de 5 500 camas en 18 horas 

Todos los servicios sanitarios, públicos y privados, están volcados en la gestión del coronavirus. El IFEMA, recinto ferial de Madrid que acogió la Cumbre del Clima el pasado diciembre (COP25), es ahora un complejo hospitalario de 5 500 camas, organizado en el tiempo récord de 18 horas. La COP25 se organizó en 18 días.

El Gobierno chino y también el sector privado español están donando material sanitario a los hospitales españoles. Mientras, otros los profesionales de limpieza, de alimentación, de seguridad, de transportes... trabajan cada día para permitir que las personas, confinadas en sus hogares, puedan seguir abasteciéndose con seguridad. Para España, esta es una crisis no solo sanitaria, sino económica.

Por el momento, para el resto de ciudadanos, solo queda cumplir con las medidas de asilamiento para tratar de aplanar la famosa curva de contagios: quédate en casa, lee, y no olvides tu cita diaria en el balcón.

 

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Laura Marcos

Laura Marcos

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