Coronavirus y EPOC: una relación en el filo de la navaja

Los pacientes con enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) parecen tener menos posibilidades que el resto de ser infectados por el SARS-CoV-2, pero este microorganismo resulta especialmente peligroso para ellos.

coronavirus y pulmones
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Los resultados de los primeros estudios y lo observado en los últimos meses en los hospitales españoles indican que los pacientes aquejados de enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) corren un riesgo de ser infectados por el coronavirus SARS-CoV-2 similar al de la población general. Sin embargo, los que llegan a ingresar en los hospitales a causa de COVID-19, la enfermedad que causa este microorganismo, tienen peor pronóstico que la media. Las investigaciones confirman que en los casos más graves, el coronavirus desencadena en el organismo lo que se denomina tormenta de citocinas. Estas proteínas, también llamadas  citoquinas, ayudan a combatir las infecciones, pero, cuando se activan demasiadas, el sistema inmune acaba atacando al cuerpo y generando un proceso inflamatorio descontrolado que puede resultar letal.

Quedan por conocer y entender más detalles de este fenómeno en los pacientes con COVID-19, pero las observaciones clínicas apuntan a que cuando la respuesta inmune no controla el virus –por ejemplo, en el caso de las personas mayores con un sistema inmune debilitado–, aquel se propaga más eficazmente y daña los pulmones. Provoca una hiperinflamación de tales órganos que estaría asociada al síndrome de insuficiencia respiratoria aguda o síndrome de distrés respiratorio del adulto (SDRA), descrito como la principal causa de mortalidad por COVID-19.

 

Enfermedades respiratorias previas: ¿un factor de riesgo?

Paradójicamente, las personas con enfermedades respiratorias crónicas no se están viendo especialmente afectadas por el nuevo virus que ha puesto el mundo patas arriba. Los datos disponibles hasta el momento muestran que las comorbilidades (la presencia de enfermedades coexistentes o adicionales en relación con el diagnóstico inicial) más frecuentes en los hospitalizados con COVID-19 son la hipertensión arterial, las enfermedades cardiovasculares, la diabetes y el tabaquismo. Debido a que los individuos con dolencias respiratorias crónicas –especialmente asma y EPOC– son más susceptibles de sufrir infecciones víricas, se los consideraba un grupo potencialmente más vulnerable a la infección por SARS-CoV-2. Pero los expertos afirman que “a día de hoy no hay ningún dato que haya confirmado esta sospecha”.

En un reciente seminario online organizado por la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (SEMERGEN), José Tomás Gómez Sáenz, coordinador del Grupo de Trabajo de esta, afirmó que a los pacientes con enfermedades respiratorias “no les va particularmente mal con esta nueva dolencia”. ¿Por qué? “Quizá se han protegido más desde el principio por el miedo a contagiarse, o quizá sus tratamientos funcionan. Todavía no se ha podido encontrar una explicación clara”. Los datos recopilados en España indican que el porcentaje de personas con EPOC ingresadas por COVID-19 no es superior en términos relativos al de la población general. En la serie más amplia publicada hasta el momento, de 1590 casos analizados, solo veinticuatro –un 1,5 %– tenía EPOC, y  ninguno asma.

Lo que sí se ha comprobado es que, como cabía esperar, tener enfermedad pulmonar obstructiva crónica es mala cosa cuando el coronavirus entra en la ecuación: “Por lo general, los afectados tienen peor pronóstico, y su índice de mortalidad resulta mayor”, asegura Marina Blanco, coordinadora del Área de Asma de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR). Por su parte, Leovigildo Ginel, secretario del Grupo de Trabajo de Respiratorio de SEMERGEN, aclara que “los pacientes con dolencias respiratorias crónicas no tienen un mayor riesgo de infectarse por el virus SARS-CoV-2, y la forma en que se presenta la COVID-19 en ellos no difiere de la del resto de la población. Lo importante es que tales enfermedades crónicas estén bien controladas; en este sentido, la principal recomendación es que los pacientes cumplan correctamente con sus tratamientos habituales”.

Además, el doctor Ginel recomienda, tanto a los asmáticos como a los afectados de EPOC, que “usen los inhaladores de cartucho presurizado con cámara de inhalación, en lugar de nebulizadores, ya que estos últimos producen aerosoles en el ambiente que aumentan las posibilidades de contagio por el SARS-CoV-2”. Si sufren un empeoramiento agudo de sus síntomas, deben utilizar medicación de rescate (broncodilatadores de acción corta) junto con las medidas específicas para cada enfermedad.

La doctora Blanco ha observado en un estudio in vitro que los corticoides que inhalan habitualmente los enfermos de EPOC disminuyen la replicación viral del SARS-CoV-2. “Habrá que confirmar los resultados, pero esto podría explicar por qué entre estas personas hay un porcentaje menor de casos de COVID-19 que en el resto de la población. “Existe otra teoría que explica este fenómeno –añade–, pero afecta a una minoría de pacientes y no se puede extrapolar. Algunas personas con EPOC toman azitromicina tres días por semana”. Es un antibiótico que se está utilizando para frenar la COVID-19, así que podría existir una relación.

Lo que sí parece muy claro es que la enfermedad causada por el nuevo coronavirus surgido en China a finales de 2019 tiene más posibilidades de ser grave en el caso de los pacientes con EPOC y los fumadores. Unos y otros poseen en las células epiteliales bronquiales del tracto respiratorio inferior una mayor cantidad de receptores de la enzima convertidora de angiotensina 2 (ACE-2), la puerta que abre el SARS-CoV-2 para penetrar en las células donde se replica. Según la doctora Blanco, “esto puede explicar el hecho de que en los pacientes con EPOC la enfermedad resulte más peligrosa. Lo que no sabemos es si los tratamientos basados en los broncodilatadores o la inhalación de corticoides pueden modular la expresión de estos receptores”.

 

Las comorbilidades respiratorias de la COVID-19

Cuando dos enfermedades o más coinciden en una persona hablamos de comorbilidad. A veces, estas dolencias interactúan y empeoran la evolución de unas y otras. Julio Ancochea, jefe del Servicio de Neumología del Hospital Universitario de La Princesa (Madrid), comenta a MUY que en su centro y en el caso de la COVID-19 ponen el énfasis en estas comorbilidades: las dolencias cardiovasculares, la hipertensión y la diabetes; y no tanto en el asma y la EPOC, “que son minoritarias”.

Según dice, “hemos revisado un estudio publicado en la revista The Lancet Respiratory Medicine que analizó si estas dolencias respiratorias  y sus tratamientos eran factores de riesgo en pacientes de China, Taiwán, Hong Kong, Canadá... La conclusión es que, dentro de las comorbilidades, la EPOC y el asma están muy poco presentes”. ¿Por qué? Ancochea nos lo explica a partir de estos tres factores:

Infradiagnóstico: “En España se diagnostican poco estas enfermedades. Y en China aún menos. Si la dolencia no está previamente registrada en una persona, no se hace constar”.

Respuesta inmune: “Algunos especialistas tienen la teoría de que los pacientes que sufren asma y EPOC presentan una respuesta inmune particular frente al SARS-CoV-2. Sin embargo, es un hecho que aún no se ha podido demostrar”.

Los tratamientos: “Muchas personas con síntomas fuertes de asma y EPOC inhalan corticoides, a menudo asociados a broncodilatadores. ¿Hasta qué punto estos corticoides inhalados ejercen un efecto antiinflamatorio que puede inhibir la replicación del virus y la fase inflamatoria con producción de citocinas? No está nada claro, pero es una hipótesis que mantienen unos cuantos investigadores”.

Por Sandra Pulido

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