El peligro de los malos aires

En España fallece una media de 10 000 personas al año por la polución atmosférica. Reducir la exposición a esta es fundamental, sobre todo para los afectados de enfermedades respiratorias crónicas.

Autovía con coches y cartel de alta contaminación
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Es nociva para todo el mundo. Más aún para niños, embarazadas y personas de la tercera edad. Y nefasta en el caso de quienes sufren dolencias como el asma y la enfermedad pulmonar obstructiva crónica ( EPOC). Nos referimos a la contaminación atmosférica, cuyo peligro avalan los datos de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR): en nuestro país fallecen cada año 10.000 personas a consecuencia de la mala calidad del aire. Respecto a los diagnosticados con una enfermedad respiratoria crónica, Isabel Urrutia, neumóloga y coordinadora del área de Medioambiente de SEPAR, explica que “cuando aumenta la contaminación, aumentan sus síntomas, y está documentado que acuden más a urgencias y hay más hospitalizaciones”.

Algunas de las consecuencias de estos episodios de alta contaminación son, en palabras de la doctora Urrutia, “el aumento de infecciones respiratorias y de neumonías, sobre todo en niños, aunque también hay un incremento de esta última enfermedad en personas mayores”. Más allá de estos casos o de las complicaciones en pacientes de asma o EPOC, la especialista precisa que se han observado otros problemas graves de salud asociados a la mala calidad del aire, como la embolia de pulmón y el infarto de miocardio. Cabe destacar que entre las afecciones ligadas de algún modo a la contaminación, el EPOC es la que registra mayores índices de mortalidad, junto con la neumonía en los ancianos.

La polución del aire no solo tiene implicaciones en las enfermedades del sistema respiratorio

La doctora Urrutia explica que “hay un estudio muy importante liderado por Jordi Sunyer, catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública en la Universidad Pompeu Fabra (Barcelona), que establece que la contaminación ejerce una influencia directa en el deterioro cognitivo infantil”. En este trabajo se evalúa el papel de la exposición prenatal y en los primeros años de vida a las partículas finas en suspensión, que son aquellas con un diámetro menor o igual a 2,5 micras (una micra equivale a la millonésima parte de un metro). Esta investigación concluyó que los niños de cuatro a seis años expuestos a un aire de mala calidad tienen peor memoria de trabajo, también llamada operativa, que es la que nos permite mantener en la cabeza la información necesaria para completar la tarea que en un momento dado estemos ejecutando. Sin embargo, esta asociación negativa no se produce entre las niñas que se desenvuelven en los mismos ambientes. Entre los males vinculados a una mayor exposición a las partículas finas se encuentran el trastorno por déficit de atención (TDA) y el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH).

Los hijos de las embarazadas expuestas a una atmósfera insana también salen bastante mal parados. “Tienen más posibilidades de ser prematuros, morir en el parto o sufrir dolencias pulmonares. Además, la función pulmonar de los niños cuyas escuelas se encuentran en lugares muy contaminados va disminuyendo con el paso de los años”, advierte la doctora Urrutia. Al parecer, estos niños son más propensos a desarrollar enfermedades crónicas en edad adulta.

Panorámica de Madrid con contaminación
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Con este panorama ¿es necesario que las administraciones públicas tomen medidas para mejorar el estado del aire?

La neumóloga es contundente al respecto: “Sí, hay que reducir la emisión de contaminantes”. Y para ejemplificar los efectos positivos de la caída de la polución cita el caso de Madrid Central, la zona de bajas emisiones que comenzó a aplicarse en noviembre de 2018: “Cuando se redujo la circulación de vehículos mejoró notablemente la calidad del aire. Pero sigue siendo necesaria una estrategia política ejecutada por técnicos”. Para maximizar los efectos positivos de estos proyectos “nos tenemos que involucrar todos”, dice la doctora Urrutia, que aboga además por potenciar el papel de los profesionales sanitarios.

“Los neumólogos debemos incorporar la formación ambiental a nuestros conocimientos y contribuir a la concienciación de la gente. Ya damos educación sanitaria a asmáticos y pacientes con EPOC: los concienciamos para que reduzcan la exposición y les enseñamos a cómo hacerlo”. ¿Conviene usar mascarillas para protegerse? “Algunas funcionan y otras no, hay que ver cada caso concreto”.

En cuanto a las medidas que pueden tomar los ciudadanos, la doctora Urrutia cree que son pocas y muy claras.

“Los pacientes, sobre todo los enfermos respiratorios crónicos, tienen que informarse y evitar andar por la calle durante mucho tiempo en los días de más contaminación. A pesar de los beneficios que les reporta caminar o hacer deporte al aire libre, deben evitar la respiración directa de este aire”.

Menos contaminación = menos mortalidad

La Organización Mundial de la Salud (OMS) asocia de manera directa la mejora de la calidad del aire a una bajada de los índices de mortalidad, y afirma que si la presencia de partículas en suspensión PM10 (las de menos de 10 micras de diámetro) cayese de 70 a 20 microgramos por metro cúbico (objetivo fijado en sus guías de calidad del aire) podrían reducirse un 15 % los fallecimientos asociados a la polución, además de las enfermedades respiratorias y cardiovasculares vinculadas a esta. Según la OMS, disminuir la contaminación a los niveles establecidos en su guía también aminoraría “las emisiones de gases de efecto invernadero y otros contaminantes que contribuyen al cambio climático”.

Esto último es importante, porque los científicos ligan el trastorno global del clima a la abundancia de fenómenos meteorológicos extremos (grandes tormentas, huracanes, inundaciones…), que acarrean consecuencias para la salud. ¿De qué manera? Facilitan la propagación de enfermedades transmisibles por el agua o por insectos. Es el caso del virus del dengue y el parásito del paludismo, que viajan en ciertos mosquitos.

 

Por Nieves Sebastián

Gaceta Médica

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