Beber agua ayuda a prevenir infartos

Una adecuada hidratación durante toda la vida puede mejorar nuestra salud cardiaca. ¿Cuál es la cantidad mínima de agua que deberíamos beber cada día?

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Una investigación que se acaba de presentar en el Congreso de la Sociedad Europea de Cardiología indica que mantener una buena hidratación durante toda la vida nos puede proteger de desarrollar insuficiencia cardiaca y otras afecciones cardiovasculares en edad avanzada. "Nuestros hallazgos indican que debemos prestar atención a la cantidad de líquido que consumimos todos los días y tomar medidas si descubrimos que bebemos muy poco", explica la autora del estudio e investigadora en el Instituto Nacional de Salud de Bethesda (Estados Unidos) Natalia Dmitrieva.

Recomendaciones de ingesta diaria de agua

Los expertos recomiendan beber de 1,6 a 2,1 litros de agua diarios a las mujeres y de 2 a 3 litros a los hombres. Sin embargo, y como revelaba un estudio publicado en 2015 en la revista European Journal of Nutrition, muchas personas de todos el mundo ni siquiera alcanzan los límites inferiores de estos rangos.

Los autores han utilizado como medida del estado de hidratación los niveles de sodio en sangre: cuando se bebe poco líquido, esta concentración aumenta. Para intentar retener la mayor cantidad de agua posible, en estas situaciones el organismo activa procesos que se sabe que contribuyen al desarrollo de la insuficiencia cardiaca. “A simple vista se podría esperar que la hidratación y los niveles de sodio en sangre varíen cada día en función de lo que bebamos”, explica Dmitrieva. Sin embargo, parece que este valor permanece estable dentro de un rango estrecho durante largos periodos de tiempo, lo que probablemente esté relacionado con el consumo habitual de líquidos”.

En el estudio se evaluó si la concentración de sodio en sangre como medida de los hábitos de hidratación es capaz de predecir el desarrollo de insuficiencia cardiaca 25 años después. Los investigadores también examinaron la conexión entre la hidratación y el engrosamiento de las paredes de la cámara de bombeo principal del corazón (ventrículo izquierdo), llamada hipertrofia ventricular izquierda, que es un precursor del diagnóstico de insuficiencia cardíaca.

El análisis se realizó en 15.792 adultos que tenían entre 44 y 66 años en el momento del reclutamiento y fueron evaluados en cinco visitas hasta los 70 a 90 años. Los participantes se dividieron en cuatro grupos según su concentración de sodio sérico promedio. Para cada grupo de sodio, los investigadores analizaron la proporción de personas que desarrollaron insuficiencia cardíaca e hipertrofia ventricular izquierda en la visita cinco (25 años después).

Los resultados revelaron que la mayor concentración de sodio en sangre en la mediana edad se asociaba con un mayor riesgo de insuficiencia cardíaca e hipertrofia ventricular izquierda 25 años después. Además, esta asociación permanecía después de ajustar otros factores relacionados con el desarrollo de insuficiencia cardíaca: edad, presión arterial, función renal, colesterol en sangre, glucosa en sangre, índice de masa corporal, sexo y tabaquismo. Cada aumento de 1 micromol por litro de sangre (mmol / l) en la concentración sérica de sodio en la mediana edad se asoció con un aumento de 1,20 y 1,11 en las probabilidades de desarrollar hipertrofia ventricular izquierda e insuficiencia cardíaca, respectivamente, 25 años después.

Además, los riesgos de hipertrofia ventricular izquierda e insuficiencia cardíaca entre los 70 y los 90 años comenzaron a aumentar cuando el sodio sérico excedía los 142 mmol / l en la mediana edad.

 “Los resultados sugieren que una buena hidratación durante toda la vida puede disminuir el riesgo de desarrollar hipertrofia ventricular izquierda e insuficiencia cardíaca. Además, nuestro hallazgo de que el sodio sérico superior a 142 mmol / l aumenta el riesgo de efectos adversos en el corazón puede ayudar a identificar a las personas que podrían beneficiarse de una evaluación de su nivel de hidratación”, explica la autora. “Este nivel de sodio está dentro del rango normal y no se etiquetaría como anormal en los resultados de las pruebas de laboratorio, pero los médicos podrían usarlo durante los exámenes físicos regulares para identificar a las personas cuya ingesta habitual de líquidos debe ser revisada”.

Texto: Sociedad Europea de Cardiología

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