Así se vive en una ciudad sin coches

La ciudad de Pontevedra ha transformado su modelo de movilidad para reducir al máximo el tráfico y la contaminación. Este es el resultado.

En el corazón de las Rías Baixas, tierra de leyendas y meigas, se encuentra la ciudad de Pontevedra. Calles empedradas, plazas, iglesias y antiguos pazos señoriales que recuerdan el esplendor de épocas pasadas conforman una ciudad de carácter peatonal que invita a pasear y a detenerse en todos sus rincones.

En el año 1999 comienza en Pontevedra un proceso de transformación que convertiría a esta pequeña ciudad gallega en todo un referente internacional en políticas de urbanismo y movilidad sostenible. El objetivo fue claro: “no nos planteábamos mejorar el tráfico, porque si facilitas la circulación en coche haces que, al final, lo acabe usando más gente. Nuestra prioridad era mejorar la calidad de vida de las personas”, ha explicado Miguel Anxo, alcalde de Pontevedra, en unas jornadas informativas sobre  contaminación y salud organizadas por la Sociedad de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR).

Eliminar el tráfico innecesario

Una de las primeras resoluciones que se tomaron fue la eliminación casi total del tráfico por el centro histórico: “El 30% de los vehículos que había en el centro estaban simplemente atravesando la ciudad”, ha explicado Anxo, que también se refirió a otro tipo de circulación, el ‘tráfico de agitación’: son coches que están circulando para buscar aparcamiento. La solución que se tomó fue establecer un aparcamiento gratuito con 2.500 plazas en la periferia de la ciudad, de forma que las personas que proceden de otras localidades puedan aparcar y caminar unos diez minutos hasta el centro de Pontevedra.  Además, existen unas 4.000 plazas en aparcamientos subterráneos privados y 500 plazas en superficie para hacer gestiones de menos de 15 minutos.

El resultado: por el centro histórico de la ciudad solo circulan los mínimos coches necesarios, que conviven con la circulación de  bicicletas (casi todas las calles tienen una velocidad máxima de 30 kilómetros por hora y se han instalado badenes salvavidas). “Los coches necesarios para que una ciudad funcione son muchos menos de los que pensamos, y no son incompatibles con el peatón y con una mayor calidad de vida”, ha reflexionado Anxo.

Un cambio de prioridades

Frente al actual modelo de urbanismo, en el que el tráfico a motor monopoliza los espacios públicos, los gestores de esta pequeña ciudad gallega se han planteado un cambio de prioridades que se refleja en una pirámide en cuya cúspide están los peatones y las personas con movilidad reducida, seguidos de las bicicletas, el transporte público y, por último, el vehículo privado.

La lógica es aplastante: tener un coche no te da derecho a ocupar el espacio público: “¿Por qué tengo que tener un espacio para aparcar mi coche, en la calle? Si sacara un frigorífico o un sofá y lo pusiera en la calle, la gente se echaría las manos a la cabeza. O si me comprara una vaca y la tuviera atada a una farola…”, ha comentado el alcalde. Y es que, desde esta perspectiva, no parece comprensible que los niños tengan poco sitio para jugar, o los ancianos para desplazarse con comodidad, porque casi todo el espacio esté ocupado por coches.

Prácticamente todas las calles de Pontevedra son accesibles para personas con movilidad reducida, una medida que sigue esta lógica: “Si el espacio se adapta a los que más dificultades tienen, la ciudad resulta más cómoda para todos”.

 

Menos contaminación, más salud

En España, el 3% de la mortalidad anual es atribuible a la contaminación atmosférica, que causa graves problemas de salud entre los que destacan neumonías, infecciones respiratorias o cáncer de pulmón. La reducción del tráfico en las ciudades mejora la calidad del aire que se respira, y además lleva asociados otra serie de efectos ‘colaterales’, como por ejemplo el descenso del uso de combustibles fósiles, con lo que se limitan las emisiones con efecto invernadero que contribuyen al cambio climático.

Además, la limitación para el uso de vehículo particular obliga a los ciudadanos a buscar otras formas de desplazarse que suelen ser más saludables: caminar o ir en bici al trabajo y a hacer los recados evita el sedentarismo, además de ser más económico.

Usa tu propia energía para moverte

Cuando se disminuye el tráfico, las calles se convierten en espacios más seguros y amables para moverse caminando o en bici. En la ciudad solo circulan los coches necesarios (garajes, repartos, abastecimientos, urgencias…), y las calles diseñadas para caminar animan a una movilidad más sana. En Pontevedra, siete de cada diez desplazamientos se hacen a pie o en bici.

Al colegio, andando

Un estudio publicado hace unos años en la revista International Journal of Behavioral Nutrition and Physical Activity y en el que participó la Universidad de Granada recomendaba realizar más campañas para concienciar a los padres de los beneficios de que los niños vayan andando al colegio. No solo porque ayuda a combatir la epidemia de obesidad infantil, sino porque también les ayuda a adquirir otras capacidades como la autonomía personal.

Los caminos escolares consisten en el uso de la ciudad como espacio seguro para la infancia: en Pontevedra el 70% de los menores va al colegio a pie en un sistema en el que participan niños, padres y maestros. Una medida que ha acabado con las tradicionales y molestas aglomeraciones de coches en las puertas de las escuelas.

Es necesario repensar completamente el modelo de las ciudades

Obviamente, la solución al tráfico y a la congestión en las ciudades no pasa solo por vetar el acceso al vehículo privado: esta medida debe ir acompañada de otra serie de iniciativas que permitan la vida y la realización de las actividades cotidianas.

Muchas de las urbes actuales están pensadas para moverse en coche: la proliferación de centros comerciales en las afueras de las ciudades, por ejemplo, forma parte de un modelo hecho a medida del vehículo privado. Por el contrario, el fomento del comercio local y de proximidad facilita la movilidad a pie.

¿Y qué pasa en las grandes urbes? En ellas puede ser más complicado restringir el tráfico, pero la cuestión vuelve a pasar por repensar el modelo de ciudad. Si en los barrios hay acceso a todos los servicios básicos (colegio, establecimientos de ocio, tiendas…), estos al final equivalen a ‘miniciudades’ en las que la mayoría de desplazamientos se pueden realizar a pie o en bicicleta. La conexión entre ellos a través de una buena red transporte público y del fomento de la bicicleta es un incentivo más para dejar el coche en el garaje.

Victoria González

Victoria González

Bióloga de bota. Tengo los pies en la tierra y la cabeza llena de pájaros. De mayor quiero ser periodista.

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