Así se llamarán los estudios científicos hechos con caca

Las heces contienen gran cantidad de microorganismos, enzimas y rastros de ADN que pueden emplearse para futuros tratamientos médicos.

El afán científico por aprender y descubrir cómo funciona todo lo que nos rodea ha hecho que los investigadores busquen hasta debajo de las piedras para sacar nuevas conclusiones y seguir avanzando para beneficio de toda la humanidad. En lo que se refiere al cuerpo humano, la ciencia es capaz de aprovechar cualquier materia y sustancia que lo comprende. Sangre, órganos, tejidos, fluidos y caca son el centro de los focos para los estudios.

Los experimentos basados en el análisis de caca son cada vez más comunes, pero no existe ningún término específico que permita referirse a ellos como ‘in vivo’ (investigaciones hechas con animales vivos) o ‘in vitro’ (investigaciones realizadas fuera del organismo, normalmente en placas Petri). Un equipo de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill decidió poner fin a esta situación y han popularizado un nuevo término: ‘in fimo’.

Aadra Bhatt y su equipo, cansados de tener que utilizar expresiones como “desechos fecales de…”, investigaron las diferentes palabras latinas con las que los romanos se referían a las heces. ‘Fimus’, de la que deriva ‘in fimo’, era utilizada para excrementos tanto humanos como animales y solía emplearse para el estiércol. Otra de las opciones barajadas, según ha comunicado Bhatt, era ‘in feces’ pero la rechazaron porque no posee la misma riqueza escatológica y porque originalmente era utilizada para designar los posos del vino. El término elegido fue dado a conocer en un artículo de la revista Gastroenterology en diciembre de 2018.

El recibimiento por parte de la comunidad científica ha sido considerablemente bueno y todo apunta a que su uso irá extendiéndose y normalizándose poco a poco. Bhatt y su equipo han declarado que, comparado con el laborioso trabajo que supone juntar y publicar un trabajo científico, realizar este artículo ha sido “un placer y no nos llevó demasiado tiempo”.

Que los propios investigadores hayan resaltado la necesidad de un término concreto para los estudios realizados a partir del análisis de heces humanas y animales es un claro indicativo de la importancia que estos han ido adquiriendo en los últimos tiempos. Se puede obtener una gran cantidad de valiosa información científica a partir de la caca como monitorear microbios, rastrear la actividad de las enzimas o usar el ADN hallado para recopilar información sobre la salud general del sujeto.

El uso de caca como tratamiento para mejorar la salud tampoco es algo nuevo. Algunas regiones de Asia ya la utilizaban en el siglo IV para curar los dolores intestinales y Iósif Stalin, el antiguo líder soviético, realizó experimentos basados en la teoría de que se podía conocer el estado mental de una persona a partir de sus deposiciones. Actualmente, las píldoras de heces o los trasplantes de caca para repoblar con bacterias beneficiosas el sistema digestivo de pacientes con colitis, diarreas o dolores crónicos de estómago empiezan a estudiarse como posibles técnicas, aunque todavía están en fase experimental y se desconocen sus posibles consecuencias a largo plazo.

Como curiosidad final, en 2015 abrió el primer banco de heces de los Estados Unidos. El lugar fue abierto por la fundación sin ánimo de lucro Open Biome y utiliza las muestras para investigar el microbioma (espacio compartido con los millones de organismos expulsados con las heces) y tratar patologías como la enfermedad de Crohn o el síndrome de colón irritado. Los donantes pasan un riguroso proceso de selección y las heces pueden llegar a pagarse por hasta 40 dólares.

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