Así podríamos traspasar los límites del envejecimiento

Aunque la esperanza de vida promedio ha aumentado en las últimas décadas, no ha sucedido lo mismo con la esperanza de vida máxima: aunque lleguemos sanos a la vejez, existe un tope de edad que no podemos traspasar. Una nueva investigación propone una explicación a este fenómeno.

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El envejecimiento es un cambio natural e inevitable que todos experimentamos casi desde el mismo momento de nuestro nacimiento. Aunque la esperanza de vida promedio actual ha aumentado considerablemente en las últimas décadas, especialmente gracias al fomento de hábitos saludables y a la prevención y tratamiento de diversas enfermedades, lo cierto que es que el ser humano no ha conseguido traspasar los límites de este proceso imparable.

Según un artículo que se acaba de publicar en la revista Nature Communications, el envejecimiento va asociado a una pérdida de resiliencia, es decir, de la capacidad para recuperarse de perturbaciones o episodios de estrés. Según los autores, la prevención y curación de enfermedades ha permitido alargar la esperanza de vida media, pero no así la esperanza de vida máxima, y esto se debe porque, incluso para individuos sanos, la resiliencia disminuye con la edad hasta que se llega a un punto en el que el cuerpo ya no es capaz de volver a su estado de equilibrio fisiológico después de la más mínima perturbación.

El equipo ha presentado los resultados de un análisis muy pormenorizado de las propiedades dinámicas de las fluctuaciones de los índices fisiológicos individuales durante el proceso de envejecimiento. Los resultados demuestran que, a medida que cumplimos años, el tiempo necesario para recuperarnos de una perturbación es cada vez más largo: desde las dos semanas de media para adultos sanos de 40 años a seis semanas para personas de 80 años. Además, si esta tendencia se mantiene constante en edades posteriores, la extrapolación de los datos muestra una pérdida completa de la capacidad de recuperación del cuerpo humano a una edad de entre 120 y 150 años. Esta resiliencia reducida se observó también en individuos que no padecían enfermedades importantes, lo que significa que, por muy sanos que lleguemos a esas edades, nos costará más recuperarnos de cualquier mínimo problema. Esto podría explicar, según los autores, por qué no observamos un aumento evidente de la esperanza de vida máxima a pesar de que la esperanza de vida promedio haya crecido de manera constante durante las últimas décadas.

Separar envejecimiento y enfermedades

"Este trabajo, en mi opinión, es un avance conceptual porque determina y separa los roles de los factores fundamentales en la longevidad humana: el envejecimiento, definido como pérdida progresiva de resiliencia, y las enfermedades relacionadas con la edad, como ‘ejecutores de la muerte’ una vez que se ha producido la pérdida de resiliencia. Explica por qué incluso la prevención y el tratamiento más eficaces de las enfermedades relacionadas con la edad sólo podrían mejorar la esperanza de vida media, pero no la máxima, a menos que se hayan desarrollado verdaderas terapias antienvejecimiento"- explica Andrei Gudkov, director del Departamento de Biología del Estrés Celular del Roswell Park Comprehensive Cancer Center, coautor de este trabajo y cofundador de Genome Protection, Inc., una empresa de biotecnología que se centra en el desarrollo de terapias antienvejecimiento.

"La investigación muestra que la tasa de recuperación es una característica importante del envejecimiento que puede guiar el desarrollo de medicamentos para ralentizar el proceso y extender la vida útil", explica David Sinclair, profesor de genética de la Escuela de Medicina de Harvard.

Dos marcadores de envejecimiento

Los autores caracterizaron la dinámica de los parámetros fisiológicos en escalas de tiempo de la vida humana mediante un conjunto mínimo de dos parámetros. El primero es un valor instantáneo, denominado edad biológica, y se ejemplifica en este trabajo con el Índice de Estado del Organismo Dinámico (DOSI por sus siglas en inglés). Su valor está asociado con el estrés, el estilo de vida y las enfermedades crónicas y se puede calcular a partir de un análisis de sangre estándar. El otro parámetro, la resiliencia, es nuevo y refleja las propiedades dinámicas de las fluctuaciones del estado del organismo: informa del tiempo que se tarda en volver a ese valor de equilibrio (DOSI) tras una perturbación o estrés.

¿Cuándo comienza el envejecimiento?

Los cambios relacionados con la edad en los parámetros fisiológicos comienzan desde el nacimiento. Sin embargo, cada parámetro cambia a una velocidad en cada etapa de la vida.

Los datos de este trabajo muestran un límite claro entre la fase de crecimiento (en su mayoría completa a la edad de 30 años). A partir de los 40 años, el envejecimiento se manifiesta como una desviación de los índices fisiológicos de sus valores de referencia. Todo esto se puede medir, ya que de forma natural los parámetros fisiológicos están sujetos a fluctuaciones alrededor del nivel de equilibrio: los niveles de glucosa suben y bajan después de comer, el número de horas de sueño cambia cada día, etc. Para recoger todos estos indicadores y acumular una buena cantidad de datos, los responsables de la investigación aprovechado la tecnología wearable, desarrollando una especia de ‘medidor DOSI portátil’ en los que se registraban los parámetros fisiológicos de las personas implicadas en el estudio.

Interceptar el proceso de envejecimiento

Para los autores, no es posible prolongar la vida mediante la prevención o curación de enfermedades sin interceptar el proceso de envejecimiento, la causa fundamental de la pérdida subyacente de resiliencia. “No prevemos ninguna ley de la naturaleza que prohíba tal intervención. Por lo tanto, el modelo de envejecimiento presentado en este trabajo puede guiar el desarrollo de futuras terapias para prolongar la vida”, explican los investigadores. “Los estudios longitudinales brindan nuevas posibilidades para comprender el proceso de envejecimiento y la identificación sistemática de biomarcadores del envejecimiento humano en grandes datos biomédicos. La investigación ayudará a comprender los límites de la longevidad y las futuras intervenciones anti-envejecimiento. Lo que es aún más importante, el estudio puede ayudar a cerrar la brecha creciente entre salud y la esperanza de vida, que continúa ampliándose en la mayoría de los países en desarrollo”, indica Brian Kennedy, profesor emérito de Bioquímica y Fisiología en la Universidad Nacional de Singapur.

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