Así afecta la personalidad a tu salud

Hay formas de ser que aumentan o disminuyen la probabilidad de sufrir algunas enfermedades, pero el origen o la curación de la mayoría no está en la mente.

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La primera hipótesis que emitieron los investigadores era que la personalidad influía en los hábitos cotidianos. El consumo de tabaco, alcohol y otras drogas era más habitual entre las personas más impulsivas y agresivas. Pero, profundizando en los datos, llegaron a la conclusión de que la conexión bienestar-carácter entraña mayor complejidad; entre personas en las que los malos hábitos estaban igualados, llamaba la atención la mala salud que presentaban los coléricos.

Otra docente, la profesora de la Universidad de Harvard Laura Kubzansky, ha realizado numerosas investigaciones sobre la tendencia al optimismo o al pesimismo y su relación con enfermedades físicas. Su conclusión: la negatividad es mala para la salud. Los datos de sus trabajos muestran que cuando se sigue a colectivos de personas durante décadas, las que perciben el futuro en tonos grises tienen una salud más vulnerable. El número de infartos o de problemas gástricos se duplica entre estos individuos, aunque el resto de factores de riesgo –hábitos de vida, genética...– sea similar al del resto.

Pero, además, la base bioquímica del temperamento de tipo A aumenta la propensión a ciertas enfermedades. Quienes presentan este perfil, afirma Williams, están constantemente secretando una gran cantidad de hormonas del estrés, como el cortisol, y su presión arterial y número de pulsaciones sube a menudo, lo cual los hace más vulnerables a accidentes cardiovasculares.

A partir del ejemplo del corazón ha tratado de explicarse por qué existen asociaciones entre lo psicológico y el cuidado de la salud. Una de las hipótesis propone que la personalidad es un factor determinante del que depende si un individuo cae en ciertas conductas de riesgo o tiene hábitos sanos. Por ejemplo: nuestro temperamento es un elemento que define si hacemos más o menos ejercicio, si nos alimentamos bien o cometemos excesos continuos o si arriesgamos nuestra vida en el trabajo o el ocio.

 

El optimista irracional

¿Por qué algunas personas se colocan en el filo de la navaja? Responde a un fenómeno cognitivo que el psicólogo Neil Weinstein, de la Universidad Rutgers, en EE. UU., denominó ilusión de invulnerabilidad. Los sujetos con este sesgo arriesgan su salud continuamente por un optimismo irracional. A pesar de estar informados de los peligros de su conducta –es aplicable al tabaquismo, el sobrepeso o las toxicomanías–, siguen actuando igual, porque creen que ellos están a salvo de la estadística general. No solo eso, también dejan, por falta de motivación, de cuidarse, ya que consideran que ellos no lo necesitan.

Hay investigaciones que se adentran en este aspecto, como un estudio sobre la percepción de riesgo de contraer el VIH realizado por los profesores de la Universidad Rey Juan Carlos, de Madrid, Carolina Rojas-Murcia, Yolanda Pastor y Jesús Esteban-Hernández. Su conclusión es que, a pesar de las campañas de prevención, muchos jóvenes practican sexo sin preservativo, porque su personalidad les hace creer esto: "A mí no me va a pasar".

Investigaciones como esta nos muestran la importancia de tener en cuenta los factores psicológicos a la hora de prevenir y curar los problemas de salud. No obstante, existe un peligro: la correlación entre personalidad tipo A y la probabilidad de un infarto ha hecho que muchos investigadores quieran extrapolar estas hipótesis psicologicistas a otras enfermedades en las que el factor mental es mucho menos decisivo.

La incógnita oncológica

El ejemplo más estudiado ha sido el cáncer. Numerosos científicos han intentado investigar si la posibilidad de contraer esta enfermedad o el índice de supervivencia estaban asociados a algún carácter concreto. Pero, a pesar de que se ha intentado definir un patrón, no hay hasta ahora datos consistentes que avalen la relación. Es lo que encontraron, por ejemplo, las profesoras Andrea Canada y Nancy Fawzy, según reflejaron en un artículo en el Journal of Psychosomatic ResearchMuchos estudios extraen factores psicológicos que favorecen un mejor curso de la enfermedad, pero otros llegan a la conclusión de que esos mismos rasgos aumentan el riesgo de mortalidad y las tasas de recurrencia.

Aunque la personalidad del individuo sea, en ocasiones, una de las variables influyentes para saber cómo será su salud, no podemos simplificar esa relación como hacen sin pudor ciertos seudocientíficos.

Eso no evita que abunden libros de autoayuda en los que se presiona a los pacientes para que tengan una actitud positiva, insinuando que será decisiva para vencer su enfermedad. Ofrecen ejemplos de finales milagrosos que el lector pocas veces puede comprobar. La modelo venezolana Eva Ekvall representa una muestra trágica de esta seudociencia: fue diagnosticada de cáncer de mama en 2010 y publicó una obra en la que contaba su lucha y supuesta curación. Falleció al año siguiente, pero el libro siguió vendiéndose como un modelo de fortaleza y victoria contra el cáncer.

Aunque la personalidad del individuo sea, en ocasiones, una de las variables influyentes para saber cómo será su salud, no podemos simplificar esa relación como hacen sin pudor ciertos seudocientíficos. Existen enfermedades tan determinadas por cuestiones físicas –ADN, virus, bacterias– que el papel que juega el carácter es mínimo. E incluso en aquellas en que parece probado un cierto influjo, la relación se produce de una manera muy compleja.

Etiquetas: personalidadpsicología

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