Acostúmbrate a visitar cada vez menos a tu médico

Las consultas virtuales y el seguimiento del paciente a través de aplicaciones y dispositivos se han potenciado durante estos meses por la pandemia.

Médico en una tablet
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En España estamos aún lejos de convivir con las conocidas como one minute clinics que China tiene repartidas por el país.

228 millones de ciudadanos hacen uso de ellas para contactar a distancia con un profesional médico –aleatorio– y recibir en apenas unos minutos –sin salir de esta suerte de fotomatón– un diagnóstico y una prescripción. No obstante, aquí también hemos iniciado ya un proceso hacia la virtualización de la asistencia sanitaria. La tendencia invita a irse acostumbrando a visitar cada vez menos al especialista, siempre que la gravedad del caso lo permita y sin que vaya en detrimento de la necesaria personalización.

La telemedicina, si bien con mucho camino por desarrollar, no es nueva. Aunque las consultas virtuales o el seguimiento terapéutico a través de los datos que aportan aplicaciones y dispositivos ponibles o wearables –pulseras, relojes inteligentes y otros aparatos con los que el facultativo puede tener conocimiento a tiempo real de la evolución o de parámetros específicos del paciente– se han acelerado durante la fase más grave de la pandemia, no es una apuesta atribuible en exclusiva a esta crisis. Como ha podido constatar +Salud, servicios sanitarios autonómicos están programando revisiones médicas a casi un año vista en formato telemático.

Ahora bien, ¿en qué casos deberemos acostumbrarnos a ver con mayor asiduidad a nuestro médico de cabecera o especialista a través de la pantalla o escucharle a través de un móvil? De momento, esta opción se reserva para consultas de determinadas especialidades, revisiones periódicas, atención de síntomas –a priori– leves… Y siempre que también las circunstancias del paciente –si maneja habitualmente la tecnología, qué distancia hay de su residencia al centro de salud, si está o no afectado por la brecha digital...– lo propicien.

La atención sanitaria presencial es sustituible a menudo por una llamada telefónica convencional o una videollamada.

De acuerdo con un reciente estudio llevado a cabo por la plataforma Doctoralia, en el que se ha recabado la opinión de los propios profesionales sanitarios, las especialidades que mejor se adaptan a la asistencia a distancia serían la dermatología, la ginecología, la oftalmología y la cardiología. Estas valoraciones coinciden en buena manera con el Índice SEIS 2019 de la Sociedad Española de Informática de la Salud –realizado con datos anteriores a la llegada de la COVID-19–, donde se indica que las especialidades de teledermatología, teleictus y teleoftalmología son las más frecuentes en los servicios de salud autonómicos: las tres se pueden encontrar en doce comunidades.

Concretamente, la dermatología fue una de las primeras disciplinas en adoptar la telemedicina, ya que es una especialidad donde las imágenes son el patrón oro para diagnosticar dolencias asociadas a la piel. La determinación de la enfermedad cutánea y el posterior seguimiento son posibles, pues, si dichas imágenes tienen buena calidad. Según indican los especialistas, aproximadamente un 90 % de los casos dermatológicos pueden valorarse en remoto.

Así lo considera, por ejemplo, Gloria Abad, dermatóloga del Centro Médico Teknon, en Barcelona, y miembro de Doctoralia: “A través de la consulta online se puede hacer seguimiento a personas que padezcan dolencias crónicas, como la psoriasis y la dermatitis atópica o seborreica, pero también es posible realizar diagnósticos de infecciones de la piel –hongos o herpes–, alergias, urticaria o acné”.

Respecto a la cardiología, los pacientes con trastornos crónicos pueden realizar un tratamiento recurrente a distancia. Luis Calvo, especialista del Servicio de Cardiología del Hospital Universitario La Paz, en Madrid, y también miembro de Doctoralia, señala que “los pacientes más adecuados son aquellos que se encuentran en una situación estable y con una enfermedad cardiovascular crónica, como puede ser la hipertensión arterial y la hipercolesterolemia”.

En otras de las áreas antes identificadas, como la ginecología, asimismo es posible de partida esta asistencia virtual, pero juega un mayor peso la precisión del paciente a la hora de describir lo que le ocurre.

Hasta el 90% de los casos de enfermedades cutáneas se pueden examinar mediante el envío de imágenes al dermatólogo.

Los ‘wearables’ más útiles, los que controla el doctor

No cabe duda de que cada vez se usa más la tecnología para vigilar la salud en tiempo real. No obstante, con el fin de asegurar su eficacia en la práctica clínica, los expertos hacen una primera criba: diferenciar aquellas apps y dispositivos wearables en los que solo el usuario maneja e interpreta los datos –más enfocados a llevar estilos de vida saludables– de los que sí permiten el acceso y supervisión de los registros por un tercero. En este caso, el médico.

Sea como fuere, el papel de estas herramientas en el control y prevención de problemas de salud sigue creciendo. Recientemente, la prestigiosa revista científica Annals of Internal Medicine recogía el proyecto del cardiólogo español Miguel Ángel Cobos, del Hospital Clínico San Carlos, en Madrid, para realizar electrocardiogramas completos con un reloj inteligente de última generación. Su índice de fiabilidad es similar al de una prueba realizada en un centro sanitario.

Ahora bien, este ámbito también se ve afectado, como los medicamentos, por problemas de adherencia, o sea, de constancia en su uso. Diversos estudios que demuestran que, pasados seis meses, el porcentaje de pacientes que siguen usando estos dispositivos y apps es pequeño –en torno al 30 %–.

 

Por Alberto Cornejo.

Los relojes inteligentes más avanzados ya cuentan con sensores para medir diversas constantes cardiovasculares.

Gaceta Médica

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