7 ventajas de echarse la siesta

¿Te gusta dormir la siesta? La ciencia avala los beneficios físicos y psíquicos que deparan las cabezaditas diurnas.

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4. Nos hace más productivos

¿Qué es mejor, arrastrar el cansancio durante la jornada laboral vespertina o interrumpirla durante diez minutos para poner a punto el cerebro? El neurofisiólogo del Hospital Ramón y Cajal de Madrid Antonio Pedrera apunta que uno de los efectos demostrados de echar una cabezada es la mejora de la productividad. Ocurre si se hace después de la comida y también por la noche: "A las personas que trabajan en el turno nocturno, un descanso de solo quince minutos a mitad del mismo les permite seguir después a pleno rendimiento". Los sesos no necesitan más tiempo para ponerse a tono: "Es un reseteo rápido como el que hace un ordenador cuando lo apagamos y lo volvemos a encender".

5. Imprescindible para crecer

La doctora María Sainz, jefa del Servicio de Medicina Preventiva del Hospital Clínico San Carlos de Madrid, tiene claro que sestear "es una práctica que seguirá existiendo porque responde a una necesidad fisiológica". Si tuviera que prescribir la siesta como tratamiento obligatorio a alguien, no duda que sería a dos grupos: bebés y adolescentes. Su desarrollo depende, en buena medida, de la cantidad de horas que duerman. "Hasta los dieciocho o veinte años es imprescindible, porque el cuerpo está en plena progresión y la hormona del crecimiento solo se libera cuando se descansa", explica. Los bebés lo hacen entre doce y dieciséis horas hasta los tres años. A ellos no hace falta insistirles, pero los adolescentes suelen dormir menos de las ocho o nueve horas que deberían, y echar la siesta compensaría lo que le roban al sueño por las noches.

6. Cabezadita para despejar

Leon Lack, profesor de psicología de la Universidad Flinders, en Australia, dice que hay una forma infalible de poner a pleno rendimiento la mente después de la comida: diez minutos de sueño. Una pausa rápida es más efectiva que una de media hora, según comprobó en un grupo de veinticuatro voluntarios a los que sometió a tareas de agilidad mental tras el descanso. La agudeza de los que durmieron poco fue evidente de inmediato y durante un periodo de dos horas y media, explica en su investigación, mientras que los que descansaron treinta minutos se vieron arrastrados por lo que los especialistas conocen como inercia del sueño. Dicho de otra forma: tardaron en despertarse.

7. Mejora el estado de ánimo

"No hay más que ver el berrinche de un bebé con sueño para caer en la cuenta de los efectos de la siesta: es un magnífico antídoto contra la irritabilidad y una terapia óptima para mejorar el ánimo", dice la doctora Sainz. Practicada desde la infancia, constituye una vacuna emocional. Una investigación de la Universidad de Colorado, en EE. UU., apunta que los pequeños que se saltan la siesta tienen más riesgo de padecer trastornos anímicos más adelante. Los científicos comprobaron que a los niños de tres años que se les privaba de ella tenían un descenso de un 34 % en las respuestas emocionales positivas.

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