4 mitos científicos que se resisten a morir

Existen muchas medias verdades o mentiras enteras que nacen a partir de confusiones y malas interpretaciones de la ciencia.

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Sostener que el aumento de la cultura científica racionalizará nuestra toma de decisiones, o que –como pensaba Auguste Comte (1798-1857), el creador del positivismo– un día abandonaremos la creencia en seres sobrenaturales porque la ciencia demostrará su incongruencia es otro mito, y muy poderoso. Esta idea se reveló falaz en 1956, cuando Leon Festinger, Henry Riecken y Stanley Schachter, psicólogos de la Universidad de Chicago, publicaron el libro When Prophecy Fails (Cuando falla la profecía). En esta obra demostraron con numerosos ejemplos que el fracaso de las predicciones religiosas, lejos de hacer desaparecer la fe de sus seguidores, la incrementa, e incluso provoca una ola de proselitismo. Como dice el viejo aforismo, “contra la estupidez humana, hasta los dioses luchan en vano”.

 

De ahí que siga creyéndose, por ejemplo, que tener un portátil entre las piernas produce esterilidad. Esta idea nació por un estudio de investigadores argentinos que indicaba que la radiación electromagnética de las señales wifi dañaba el esperma masculino. Sin embargo, los autores del trabajo se echaron pronto para atrás, porque su investigación tenía puntos flojos muy evidentes. Baste uno: nadie se pone el portátil sobre los testículos durante cuatro horas, como pasaba en el estudio, sino sobre los muslos, y por mucho menos tiempo. Otra falsedad extendida proclama que la orina alivia el escozor de la picadura de la medusa… cuando es todo lo contrario. Aquí te destripamos otros cuatro mitos de origen científico que, pese a todas las pruebas en contra, se resisten a morir.

 

 

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