4 milagros de la medicina española

Estas historias con final feliz ilustran el alto nivel de la sanidad en nuestro país.

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"Este problema, cuando se presenta antes de la viabilidad, desemboca en la muerte de ambos en la gran mayoría de los casos", explica Eugenia Antolín, jefa de Ecografía y Medicina Fetal del Hospital La Paz de Madrid y médico de la paciente. Sin embargo, hay veces que tiene solución gracias a la cirugía endoscópica. Mediante una técnica mínimamente invasiva, la fetoscopia, se coagulan con láser las conexiones vasculares placentarias para restablecer el flujo sanguíneo adecuado. No se trata de una intervención frecuente, pero en el Hospital La Paz se realizan unas quince al año desde hace un lustro.

 

El diagnóstico suele hacerse entre la semana dieciséis y la veintidós del embarazo. "Aunque se obtienen mejores resultados cuando se interviene después de las veinte semanas, a veces, la gravedad del cuadro requiere actuar a edades gestacionales más tempranas. Es una intervención compleja, pero estamos especializados en ella", recalca la doctora Antolín.

 

Las posibilidades de supervivencia son entre un 75 % y un 85 % para al menos un gemelo, y del 55 % al 60 % para ambos. Las secuelas neurológicas se sitúan por debajo del 5 % y con frecuencia están relacionadas con un parto prematuro. En el caso de Tamara, la operación se llevó a cabo en la vigesimotercera semana de gestación. Recuerda que permaneció tranquila, "porque sabía en manos de quién estaba". Resuelto el problema, el embarazo continuó con normalidad. Pablo y Mario nacieron con dos kilos de peso y sanos.

 

Caso 2: El martirio de una prótesis infectada

Margarita Cuétara, de 53 años y residente en Puebla (México), ha vuelto a interpretar su papel en La casa de Bernarda Alba, la obra de Federico García Lorca. Fue operada en varias ocasiones de la cadera hasta que en una de ellas se infectó la prótesis. El dolor la acompañó durante meses. “En la cicatriz de la operación apareció un bulto doloroso, y un día reventó. Me sometieron a otra cirugía, pero al mes la herida volvió a abrirse y regresé al quirófano para una limpieza. Sin éxito”, detalla la actriz.

 

En medio de ese calvario, casualmente, su hermano leyó un reportaje sobre Manuel Villanueva, un virtuoso de la traumatología mundial, director de Avanfi y de la Unidad de Prótesis de Cadera y Rodilla y Recambios Protésicos del Hospital Beata María Ana de Jesús, en Madrid. Tras una conversación con el especialista, Margarita se puso en sus manos. “Llegó a Barajas de su vuelo transoceánico con la ropa manchada de pus, estaba consumida por la enfermedad, pero mantenía una mirada viva y transmitía una dignidad y un deseo de curarse que me impresionó”, rememora el doctor Villanueva.

 

La infección en las operaciones con prótesis representa una de las complicaciones más importantes y devastadoras. Es muy poco frecuente en una primera intervención, pues ocurre como máximo en un 3 % de los pacientes, aunque el porcentaje va incrementándose cuando aquellas tienen que repetirse o los tejidos están muy dañados.

 

El objetivo del tratamiento es, en palabras del especialista, “erradicar el proceso infeccioso y mantener la función de la extremidad”. Para lograrlo, se lleva a cabo un tratamiento en dos tiempos. En la primera cirugía se retira el tejido contaminado, se implanta una prótesis temporal recubierta de antibióticos y se colocan unos espaciadores para mantener la articulación activa. Solventada la infección, se ejecuta el implante definitivo.

 

“La gente me ve caminar con normalidad y les parece increíble. Hasta bailo, eso sí, con precaución”, recuerda la paciente. Casos como el suyo son extraordinarios, pues la mayoría de las personas que pasan por un quirófano no tienen problemas.

 

Estas operaciones antes eran poco comunes, pero ahora, como destaca el doctor Villanueva, son muy demandadas: “Primero, porque las tasas de éxito se han elevado, dada la superespecialización de los cirujanos y las mejoras en los materiales. Pero, sobre todo, porque las prótesis dan excelentes resultados. No hay que temerlas, no duran, como todo el mundo cree, solo diez años”. Las de rodilla pueden alcanzar los veinte y las de cadera incluso los veinticinco entre los pacientes de menos de 55 años. Se espera que la incorporación de nuevos metales ultraporosos que permiten una mejor fijación al hueso hagan que estos resultados sean la norma o incluso mejoren en un futuro cercano.

 

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