2019-nCoV, el coronavirus que pone a prueba los sistemas de salud

El agente patógeno surgido en Wuhan (China) a finales del pasado diciembre ha causado la mayor crisis sanitaria de los últimos años. Su veloz expansión plantea una pregunta urgente: ¿cómo afrontar este tipo de amenazas globales?

Asiáticos con mascarillas
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El 31 de diciembre de 2019 se recibió un aviso en la sede que la Organización Mundial de la Salud (OMS) tiene en China: habían aparecido en la ciudad de Wuhan (provincia de Hubei) veintisiete casos de una neumonía de etiología desconocida, varios de ellos graves. Siete días más tarde, las autoridades sanitarias del país anunciaron que sus científicos habían identificado una nueva cepa de coronavirus responsable de estas infecciones. Su nombre: 2019-nCoV.

Este agente patógeno ha causado gran alarma, dada la rapidez de su expansión en China y su pronto salto a otros países y continentes y, sobre todo, porque puede resultar mortal. Ha generado la mayor alerta sanitaria internacional de los últimos años. Las autoridades chinas han puesto varias ciudades en cuarentena, algunos países han recomendado a sus ciudadanos no viajar a ese país y han cancelado los vuelos, y otros –como España– han evacuado a los compatriotas residentes en Wuhan. Los bulos sobre la enfermedad surgen sin cesar, y la OMS declaró el pasado 30 de enero una emergencia de salud pública internacional. ¿Cómo deben afrontar los países una crisis de este tipo y calibre?

Lo primero que deben hacer es tomar medidas con la mayor rapidez, explica Benito Almirante, jefe del Servicio de Enfermedades Infecciosas del Hospital Universitario Vall d’Hebron de Barcelona. “Hay que actuar –dice– muy deprisa en los primeros días para minimizar las posibilidades de que el virus se transmita al resto del mundo”. 

El segundo paso consiste en que la información facilitada por las autoridades y administraciones públicas sea clara y veraz. “En el caso que nos ocupa parece muy posible que el Gobierno chino diera la voz de alarma cuando ya habían transcurrido varias semanas desde el inicio del brote”, indica el infectólogo, que piensa además que “la información de los primeros días no debía ser correcta”, ya que el ritmo en la propagación del 2019-nCoV ha resultado ser mucho más rápido de lo que indicaban los datos iniciales. Las medidas de contención que han tomado en China “habrían sido mucho más efectivas si se hubieran implantado tres semanas antes”, dice el experto, que piensa que aún queda lo más importante: “Desarrollar una prueba de diagnóstico rápido que permita aislar en cuestión de horas a los afectados”.

Asiático tomando la temperatura
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Al igual que otros virus respiratorios, como los causantes de la gripe y el resfriado, el coronavirus entra en el organismo por vía aérea, infecta las células del tracto respiratorio y desencadena una respuesta inflamatoria de defensa. Esto implica la producción de líquido en los alveolos y los bronquios, lo cual da lugar a la tos y la dificultad respiratoria. Si el sistema inmune no controla la infección, esta se difunde y puede producir una insuficiencia respiratoria y un shock séptico a veces fatales.

Los síntomas por infección del 2019-nCoV incluyen fiebre alta y persistente, dolor muscular, fatiga, la citada dificultad para respirar y la presencia de infiltrados neumónicos invasivos –inflamación bronquial– en los pulmones, que se detecta mediante radiografías. Para prevenir la propagación del coronavirus se recomiendan las medidas estándar contra otras infecciones de esta clase: lavarse las manos regularmente, cubrirse la boca y la nariz al toser y estornudar, cocinar bien la carne y los huevos y evitar el contacto con quien presente síntomas de enfermedades respiratorias, como tos y estornudos.

La OMS ha publicado directrices para que los sistemas sanitarios sepan atajar la epidemia de coronavirus, que desde el 11 de febrero tiene nombre oficial: COVID-19, acrónimo de coronavirus disease (enfermedad en inglés). Incluyen la forma de controlar y tratar a los pacientes, los métodos de análisis de muestras, el manejo de la infección en centros de salud, cómo garantizar los suministros adecuados y el modo de comunicar al público las novedades. La amenaza no es para tomársela a broma, y por eso la OMS declaró una emergencia internacional a finales de enero. Su director general, el etíope Tedros Adhanom, justificó la decisión por la posibilidad de que el agente patógeno se propague por los países con los sistemas de salud más débiles.

Es la sexta vez que la OMS toma este tipo de medida. Ya lo hizo con la epidemia de gripe porcina de 2009; el resurgimiento del poliovirus (causante de la polio) en Pakistán en 2014, que se extendió a otros países de Oriente Medio; la crisis del ébola de 2014 en la República Democrática del Congo; la epidemia del virus del Zika en 2016 y durante el nuevo brote de ébola en 2018. Para declarar la alerta sanitaria internacional se tienen en cuenta cuatro criterios: la repercusión grave en la salud pública; que sea una enfermedad inusitada o imprevista; que exista riesgo de propagación internacional; y que implique el riesgo de imponer restricciones internacionales a los viajes o al comercio.

La respuesta de España

La mayoría de los países poseen sistemas de alerta epidemiológica orientados a la detección temprana de enfermedades o incidencias de salud pública similares a la causada por el nuevo coronavirus chino.

Justo Menéndez, jefe del Servicio de Urgencias de HM Hospitales, en Madrid, recuerda que los protocolos recomendados por el Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias del Ministerio de Sanidad incluyen todas las medidas a adoptar desde el principio. “Lo primero es identificar si un paciente es sospechoso, poner en marcha las medidas de aislamiento recomendadas y tomar muestras para enviar al laboratorio y confirmar si se trata o no de un afectado por el coronavirus. Si se confirma, se aísla a la persona en una habitación independiente con control del flujo de aire (si se tiene) o se le traslada a un centro donde se disponga de este recurso”.

Radiografía del enemigo

Virus del coronavirus
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El responsable del brote de neumonía surgido en Wuhan se identificó como un nuevo coronavirus gracias a las técnicas de secuenciación masiva aplicadas a virus cultivados y muestras de afectados, que obtienen millones de secuencias genéticas a gran velocidad. Pertenece a la familia de los virus del síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS-CoV) y del síndrome respiratorio agudo severo (SARS-CoV). Son patógenos que infectan a mamíferos y aves: se transmiten entre miembros de la misma especie y a veces mutan y saltan a los humanos. En este caso se sospecha de los pangolines, mamíferos con escamas.

Es el típico coronavirus esférico, con proteínas que sobresalen y hacen que recuerde a una corona. A grandes rasgos, la proteína S (que en la imagen sería cada uno de los "floretes") pega el virus a las proteínas de la membrana de las células y le permite entrar en estas, a lo que también contribuye la proteína HE. La proteína E ayuda a liberar las partículas virales de la célula infectada y difundirlas, y la M determina la forma redonda del microorganismo. 

La ilustración muestra la estructura del nuevo coronavirus, que causa un tipo de neumonía que puede resultar mortal. Es lo que se llama un virus con envoltura, porque su material genético –ARN (ácido ribonucleico)– está protegido por una capa de lípidos en la que también hay proteínas. Así el patógeno tiene más posibilidades de sobrevivir, penetrar en las células del organismo que lo acoge, replicar dentro de ellas su ARN y propagarse.

Por Sandra Pulido

Gaceta Médica

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