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10 cosas que no sabías sobre el pulso

El ritmo cardiaco es una importante medida de tu salud, que puede moldearse para bien o para mal y no es inmune a ciertas prácticas, como cantar, beber alcohol o, incluso, navegar por internet.

1. Se te nota en la cara


Olvídate del frío estetoscopio. Una cámara de vídeo es suficiente para medir tu latido cardiaco. Ingenieros de la Universidad Estatal de Utah (EE. UU.) desarrollaron el año pasado una tecnología que calcula a qué ritmo late el corazón a partir de imágenes de vídeo. Se basaron en que, cuando el corazón bombea la sangre a las venas y arterias, se pone en circulación abundante hemoglobina, que absorbe la luz de color verde. Con el ojo desnudo, resulta imposible detectarlo, pero la cámara puede procesar esos cambios en la piel del rostro y el cuello y calcular con una precisión asombrosa a qué velocidad te late el corazón.


2. El mejor momento.


Si de verdad quieres tomarte el pulso y cerciorarte de que está dentro de los parámetros normales, no hay nada cómo medir cuántas veces late por minuto en reposo. Es decir, nada más abrir los ojos por la mañana, antes incluso de poner un pie fuera de la cama. Si ronda las sesenta pulsaciones por minuto, tu riesgo de sufrir un ataque cardiaco es ínfimo. Por el contrario, si superas las ochenta en reposo, más vale que le hagas una visita al médico, dado que tu riesgo de fallecer por cualquier causa –principalmente, un infarto– se dispara un 45%.


3. Fácil de encontrar


Ni el cuello, ni el interior del codo, ni el pie: el mejor sitio para tomar el pulso es la muñeca. Solo tienes que presionar tus dedos índice y corazón juntos justo bajo la almohadilla de grasa de tu pulgar, y moverlos suavemente hasta que palpes el bombeo. Los expertos recomiendan contar el número de latidos en quince segundos y multiplicar el resultado por cuatro.


4. Bebés a todo ritmo

Nada más llegar al mundo, el corazón humano bombea a un ritmo medio de 127 latidos por minuto. Transcurrido un mes, alcanza un pico de 145 pulsaciones. A partir de ahí, desciende progresivamente hasta rondar los 113 latidos cuando los críos cumplen dos.
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5. Sincronizados por amor

Seguro que has notado que, en una primera cita, el pulso late desbocado, a unas 130 pulsaciones por minuto. Lo que quizá has pasado por alto es que luego, cuando la relación sentimental se consolida, tu corazón y el de tu pareja se acompasan. Al menos, en las relaciones heterosexuales, según demostró un estudio de la Universidad de California en Davis. Para probarlo, los investigadores sentaron a las parejas juntas, relajadas, y les midieron la temperatura, la tensión arterial y otras constantes vitales. Sorprendentemente, tanto la frecuencia respiratoria como el ritmo cardiaco se sincronizaban. Luego hicieron la misma prueba mezclando las parejas, pero la armonía se esfumó. Conclusión: solo el amor recíproco hace latir dos corazones a la par.


6. Coros bien afinados

Cuando varias personas canturrean al unísono, la melodía que entonan sincroniza la frecuencia cardiaca de los intérpretes, que tiende a aumentar y disminuir al mismo tiempo, tal y como se podía leer hace poco en la revista Frontiers in Neuroscience. De acuerdo con este estudio, las canciones con frases largas logran el mismo efecto calmante del corazón que los ejercicios de respiración propios del yoga.


7. Pálpitos a demanda


Un corazón sano no late regularmente como un reloj: acelera y se frena para acomodarse a las demandas de oxígeno que supone cada una de tus actividades diarias. De hecho, cuanto más moldeable es su ritmo, mucho mejor. Los expertos consideran que la variabilidad de la frecuencia cardiaca (HRV, por sus siglas en inglés) predice la esperanza de vida. De hecho, se ha demostrado que un corazón demasiado regular, con un latido imperturbable, nos hace más vulnerables a las enfermedades coronarias, la diabetes, el cáncer y el deterioro cognitivo, entre otras dolencias.
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8. El alcohol te acelera

Cuanto más wiski, ginebra y vodka consumimos, más se desboca el corazón. Cardiólogos del Hospital Universitario de Múnich (Alemania) estimaron que si el alcohol corre por tus venas, la medida se eleva por encima de las cien pulsaciones por minuto. La cosa es especialmente preocupante si practicas el binge drinking, es decir, si consumes bebidas alcohólicas en atracones, de cuatro a cinco copas en un plazo aproximado de dos horas, algo habitual entre los jóvenes durante los fi nes de semana. A la larga, esta práctica podría generar arritmias.


9. Internet, factor de riesgo

Según un estudio dado a conocer en PLOS ONE, las personas con cierta adicción a la Red experimentan un ascenso de hasta un 4% en sus pulsaciones y su tensión arterial cuando pasan de estar online al mundo offline. Aunque no reviste gravedad suficiente para considerarlo una amenaza para la vida, los investigadores advierten de que puede alterar los sistemas hormonales y reducir la capacidad de respuesta del sistema inmune.


10. Latido y prejuicio

Cuando el corazón bombea más sangre, nuestra tendencia al racismo crece. Investigadores de la Universidad de Londres lo demostraron en un experimento con voluntarios, a los que se controló el ritmo cardiaco mientras se les mostraban fotografías de personas blancas y negras que portaban objetos que podrían ser un arma, un teléfono móvil o una herramienta manual. Cuando se presentaba la imagen durante el latido del corazón –sístole– en vez de entre pálpitos –diástole–, los participantes eran un % más propensos a percibir el objeto como si fuese una pistola cuando estaba en manos de un individuo negro.

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