Muy Interesante

El cerebro dividido

En los años 60, dos científicos estadounidenses practicaron en pacientes epilépticos la llamada cirugía de escisión cerebral, que consiste en extirpar el cuerpo calloso que conecta los hemisferios derecho e izquierdo. Sus investigaciones permitieron conocer más a fondo el fenómeno de la lateralización de la mente y las funciones de las que se ocupa cada mitad de nuestro órgano pensante.

Imagina que, con un brazo, quieres abrazar a tu mujer, pero el otro tiene una intención distinta y le acaba propinando un gancho. O que, al vestirte, con una mano eliges una camisa mientras que con la otra coges un suéter. Puedes, incluso, declararte creyente y ateo a la vez, porque cada uno de tus hemisferios cerebrales piensa una cosa distinta. Por increíbles que parezcan, son casos documentados de personas con el encéfalo dividido, tal y como explica el físico teórico estadounidense Michio Kaku en su libro El futuro de nuestra mente.
No menos fascinante es el hecho de que existan a nuestro alrededor personas cuyo cerebro está cortado por la mitad por motivos médicos. Hablamos de una intervención quirúrgica que se ha practicado durante décadas para tratar los casos más graves de epilepsia, enfermedad del sistema nervioso desencadenada por la aparición de una actividad eléctrica anormal en la corteza cerebral que provoca repentinas convulsiones violentas y pérdida del conocimiento. En casos extremos, las crisis llegan a poner en riesgo la vida de los afectados. Ya en los años 40, los neurólogos se dieron cuenta de que las convulsiones eran, a menudo, provocadas por una retroalimentación descontrolada entre las dos grandes masas encefálicas. Y, en pacientes que no respondían a la medicación, empezaron a practicar callosotomías, esto es, extirpación del cuerpo calloso, el conjunto de fibras nerviosas situadas en la parte posterior del cerebro que sirven como vía de comunicación entre ambos hemisferios. La intención de cortar la conexión no era otra que frenar el avance de las tormentas neuronales que se extendían desde el área de origen al resto del encéfalo.

Debido a la imprecisión de las callosotomías, estas dejaron de practicarse hasta que, en los 60, dos neurocirujanos de Los Ángeles, Philip Vogel y Joseph Bogen, las retomaron con éxito. En aquella época, nadie supo explicar si la extirpación del cuerpo calloso tenía efectos colaterales en la función neurológica, pues los pacientes no mostraban cambios en el temperamento o en las facultades cognitivas. El biólogo Roger W. Sperry, quien ya había explorado la técnica con animales, y el joven neurólogo Michael S. Gazzaniga fueron los encargados de arrojar luz a esta cuestión. A través de una serie de experimentos con pacientes que se habían sometido a una callosotomía, Sperry y Gazzaniga se encontraron “en medio de una de las observaciones más asombrosas de toda la neurociencia”, recuerda Gazzaniga en su libro Relatos desde los dos lados del cerebro. Descubrieron que la desconexión de los hemisferios izquierdo y derecho produce dos mentes separadas, ambas en la misma cabeza. “Incluso yo, un neófito, comprendí que estos singulares pacientes iban a cambiar el campo de la investigación cerebral”.
En su laboratorio del Instituto de Tecnología de California, estos dos científicos exploraron, mediante la entonces novedosa tomografía por resonancia magnética, el cerebro de W. J., un hombre de cuarenta y siete años al que se le había extirpado el cuerpo calloso veinte años atrás. Después lo sometieron a diversas evaluaciones en las que se le mostraba un objeto desde cada uno de los campos visuales. Y lo que encontraron fue que W. J. no podía describir verbalmente, con su hemisferio izquierdo, un estímulo que se presentaba a su hemisferio derecho.

Cruce de informaciones

Para entender mejor la paradoja, no hay que olvidar que la información visual es segregada tan pronto entra en nuestro encéfalo. Lo que vemos en el campo visual derecho es controlado por el hemisferio izquierdo, y viceversa. De la misma manera, cada hemisferio está implicado en el movimiento del lado opuesto del cuerpo. Pero, en última instancia, la información es compartida por ambos, con lo que todo el cerebro está al tanto de lo que ocurre.

En el caso del paciente con el cerebro dividido, cuando se le mostraba, por ejemplo, un lápiz en el campo visual izquierdo y se le pedía que describiera el objeto, era incapaz de contestar. Porque el hemisferio que gobierna, el derecho, no se ocupa de las funciones lingüísticas. En cambio, cuando se le pedía que escribiera lo que había visto utilizando la mano izquierda, era capaz de apuntar la palabra lápiz, aun sin saber lo que había visto, puesto que la parte del cerebro que se encarga de la conciencia espacial sí que había sido expuesta a la imagen.

En definitiva, según la teoría del cerebro dividido, cuando se interrumpen las conexiones primarias, como ocurre en la callosotomía practicada en pacientes con epilepsia, las mitades izquierda y derecha pueden actuar independientemente la una de la otra, porque poseen capacidades distintas. Gracias a las investigaciones llevadas a cabo por Sperry, que ganó el Premio Nobel de Fisiología en 1981, y de Gazzaniga, así como de otros neurólogos posteriores, hoy comprendemos mejor la función de cada una de estas dos grandes masas encefálicas.


Especialización en lateral


En efecto, los hemisferios no se reparten todos los trabajos de igual manera, sino que “su diferenciación incluye varios dominios cognitivos, que abarcan desde el control motor de las manos hasta las emociones, el lenguaje, la atención espacial, el procesamiento facial, la memoria, etc.”, explica Juan Carlos Portilla, vocal de la Sociedad Española de Neurología (SEN). En la mayoría de personas diestras, el hemisferio izquierdo se encarga, preferentemente, de las funciones del lenguaje y la memoria verbal, el razonamiento matemático, la memoria verbal y el aprendizaje de secuencias manuales, entre otras. El derecho, por su parte, es el responsable de procesar la información visuoespacial y del reconocimiento facial. También es el dominante en el control de la atención, la memoria de sonidos y de formas, la memoria no verbal, la interpretación de contextos o el desarrollo de estrategias en el planteamiento de resolución de problemas.
iStock

dividido2iStock

¿Por qué tenemos dos?

Una característica notable del cerebro es que está formado por dos mitades casi idénticas. Desde hace mucho tiempo, los neurocientíficos se preguntan el porqué de esta redundancia innecesaria, puesto que el órgano rey puede funcionar, incluso, si se extrae o se inhabilita uno de los hemisferios. Este es un procedimiento quirúrgico conocido como hemisferectomía, usado para tratar trastornos convulsivos que afectan a un área del encéfalo muy amplia. Según un estudio de investigadores del Departamento de Biopsicología del Instituto de Neurociencia Cognitiva de la Universidad del Ruhr en Bochum (Alemania), publicado en la revista Neuron, en 2017, el cerebro humano evolucionó para tener dos mitades porque teníamos necesidades de especialización. Esto es especialmente útil para llevar a cabo tareas complejas a la vez, ya que si el cerebro se está ocupando de una función específica como podría ser el habla, aún queda libre para otra cosa, como, por ejemplo, el reconocimiento de una cara.

La lateralización prevalece en todo el reino animal; no hay más que pensar en las aves, como las gallinas, que utilizan un ojo para distinguir el grano de entre las piedrecitas del suelo, a la vez que el otro vigila atento a los depredadores que les puedan aparecer por arriba. “El beneficio evolutivo de esta diferenciación, según distintos estudios realizados en animales, es el de hacer un uso más eficiente del cerebro. Con ella, se consigue aumentar la capacidad neuronal, ya que evita la duplicación de las funciones cognitivas entre los dos hemisferios”, apunta el doctor Portilla, que también es especialista del área de Neurología y coordinador de la Unidad de Ictus en el Hospital San Pedro de Alcántara (Cáceres).


Cada uno va a su bola


Una de las controversias suscitadas a raíz de la teoría del cerebro dividido es si el hecho de que cada hemisferio pueda trabajar por separado, despojado del cuerpo calloso, da lugar a dos centros de consciencia dentro del cráneo. El propio Sperry escribió que cada hemisferio es “un sistema consciente por derecho propio, que percibe, piensa, recuerda, razona, desea y se emociona, todo ello de una manera característicamente humana y […] tanto el izquierdo como el derecho pueden ser conscientes al mismo tiempo de experiencias mentales, incluso contradictorias entre sí, que tienen lugar en paralelo”. Recordemos los ejemplos que vimos al inicio de este texto, cuando hablábamos de personas que con una mano hacían una cosa y con la otra, la contraria. Sin embargo, diversas investigaciones han puesto de manifiesto que la teoría clásica del cerebro dividido, formulada por Sperry y Gazzaniga, no se cumple de forma rígida.

La memoria echa un capote

En 2017, un grupo de psicólogos de la Universidad de Ámsterdam (Países Bajos ) demostró que, a pesar de caracterizarse por poca o ninguna comunicación entre los lados derecho e izquierdo, esto no siempre hace que la consciencia se divida. Sus experimentos, en realidad, no distaron mucho de los realizados en los años 60. Los sujetos fueron colocados frente a una pantalla en la que se proyectaron imágenes de diversos objetos y se les pidió que indicaran su ubicación. También tuvieron que nombrar correctamente lo que habían visto. Y no presentaron ningún tipo de dificultad. Puede que, tras la callosotomía, la información se halle desintegrada y que, pasado el tiempo, el cerebro sea capaz de aunarla.
Otro estudio, esta vez realizado en 2000 por científicos de la Universidad de Otago (Nueva Zelanda), encontró que los pacientes con esta peculiaridad podían llevar a cabo algunas tareas en las que se requiere coordinación de las dos manos, pero no todas. Así, se toparon con el caso de un pescador experimentado al que le resultaba sencillo hacer un nudo de pesca con las dos manos, pero que no podía enhebrar una aguja, una tarea poco familiar para él. Según la conclusión de los investigadores, las habilidades que requieren los dos brazos se coordinan a través del hipocampo, que está vinculado a la memoria. Por eso, las personas con el cerebro dividido siguen siendo capaces de hacer actividades bimanuales que ya conocían de antes.

En palabras del doctor Portilla, “aunque existe un grado de especialización interhemisférica, el cerebro trabaja de forma integrada gracias a la existencia del cuerpo calloso y la comisura anterior”. Tanto la callosotomía como las enfermedades que provocan daño en esta estructura cerebral, más que condicionar la presencia de dos voluntades en un mismo cráneo, “provocan lo que se conoce como síndromes de desconexión callosa. Estos se manifiestan de distintas formas, aunque tienen en común que la persona realiza actividades dependientes de un hemisferio, sin que el hemisferio contralateral sea consciente de esa acción”.
iStock

dividido3iStock

Por otra parte, en los últimos tiempos, se ha hecho muy popular, gracias, sobre todo, a los libros de autoayuda, la teoría de que las diferentes mitades del cerebro humano corresponden a diferentes habilidades y rasgos de la personalidad. Pero no es cierto que haya personas que emplean más el lado derecho y que, por eso, serían más creativas y espontáneas y tendrían más facilidad para el arte. Ni que haya personas más lógicas, racionales y orientadas al detalle porque dan prioridad al lado izquierdo, que es el del lenguaje.


Moldeable a voluntad

Este falso mito, difundido ampliamente también por las escuelas y algunas empresas, es peligroso en tanto que puede hacer creer a los estudiantes, por ejemplo, que no pueden dedicarse a algunas carreras porque no tienen el cerebro adecuado. O que los trabajadores no pueden acceder a determinados puestos, reservados solo a personas altamente creativas. Pero lo cierto es que el encéfalo tiene una increíble capacidad para reorganizarse y formar nuevas conexiones entre las células cerebrales, una plasticidad que se mantiene a lo largo de toda la vida. Así que nunca es tarde para aprender cosas nuevas y ampliar nuestras capacidades.

La ventana a un mundo en constante cambio

Muy Interesante

Recibe nuestra revista en tu casa desde 39 euros al año

Suscríbete
Suscripciones a Muy Interesante
tracking