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Moléculas de defensa en la leche materna

La leche materna contiene distintos componentes que la hacen una buena fuente de alimento para el bebé, pero es importante saber qué tipos de anticuerpos contiene, en qué niveles y para qué sirven.


Los beneficios de la leche materna son muchos y variados, y una de las cosas que siempre se incluye es la presencia de anticuerpos que ayuden al bebé a estar protegido de patógenos hasta que sea capaz de desarrollar su propio sistema inmunitario. Este concepto no es completamente cierto, ya que depende del tipo de anticuerpo que estemos hablando y si lo encontramos en altos o bajos niveles.

¿Qué anticuerpos encontramos en la leche materna?

Los anticuerpos son los agentes del sistema inmunitario que patrullan por nuestro interior en busca de moléculas que puedan parecer peligrosas para el organismo. Se conocen cinco tipos de anticuerpos en base a su estructura y función: IgA, IgD, IgE, IgG y IgM. Cada tipo se puede encontrar en la leche materna a diferentes concentraciones, pero la cantidad no es el único factor a tener en cuenta. Otro aspecto muy importante es si esos anticuerpos tienen especificidad, es decir, si son capaces de reconocer una molécula en concreto.
De todos los tipos de anticuerpos, el grupo IgA se conoce como el más relevante en la inmunidad de las mucosas. Esto hace referencia al mecanismo de protección contra agentes externos que está presente en superficies concretas como las vías respiratorias o el intestino. En nuestro organismo, los niveles de IgA en sangre son bastante bajos, en la leche materna se encuentran en altas concentraciones.
Los anticuerpos de tipo IgD son una gran incógnita aún a día de hoy, ya que algunas de sus posibles funciones se desconocen. Sin embargo, ya en un estudio de 1985 fue capaz de detectar anticuerpos IgD en sangre y en el calostro de 14 madres lactantes. El calostro es el nombre que recibe la primera leche que produce la madre y que se suele decir contiene altos niveles de nutrientes. Los resultados mostraron que, aunque en menores cantidades que en la sangre de las madres, se podían detectar anticuerpos IgD en el calostro.
En artículos anteriores hemos explicado que los anticuerpos de tipo IgE son los responsables de desencadenar reacciones alérgenas cuando entran en contacto con los alérgenos (polen, alimentos, ácaros, etc). Los niveles de IgE en sangre se usan para diagnosticar y evaluar el riesgo de las reacciones. Entonces, ¿una madre lactante puede transferir estos anticuerpos IgE al bebé y ponerle en riesgo de sufrir alergia? La respuesta es no. La leche es perfectamente sana para el bebé, ya que no contiene anticuerpos IgE en muy bajos niveles, incluso aunque la madre sufra una alergia grave. Incluso aunque se puedan detectar en la leche, no transfiere la sensibilidad o riesgo al bebé.
Por último, tenemos los anticuerpos de tipo IgG e IgM. Ambos tipos presentan bajos niveles en la leche, y el recién nacido debe crear sus propios anticuerpos IgG/IgM durante el desarrollo de su propio sistema inmunitario. Ahora que sabemos qué tipos de anticuerpos se encuentran en la leche materna, ¿para qué sirven? ¿Cumplen alguna función en la defensa inmunitaria del recién nacido?
Moléculas de defensa en la leche materna. Fuente iStock

Moléculas de defensa en la leche maternaMoléculas de defensa en la leche materna. Fuente iStock

¿Qué función tienen estos anticuerpos?

Ya que los anticuerpos que están en mayor concentración en la leche materna son los de tipo IgA, son estos los que van a desempeñar una función más relevante. Sin embargo, ahora entra en acción otro proceso muy importante. Si el recién nacido se alimenta de leche materna que contiene altos niveles de anticuerpos, pero su organismo no es capaz de asimilarlos, el beneficio se perdería. Una de las funciones características de los anticuerpos IgA es que se pueden absorber por el intestino del bebé y le servirán como barrera protectora contra infecciones y patógenos claramente dañinos. Los IgA funcionan como unos antibióticos de amplio espectro, que previene de los peligros más básicos y comunes a los que puede estar expuesto el bebé. Esto se ha comprobado en varios estudios utilizando modelos de ratón y en observaciones en humanos con recién nacidos que recibían leche materna o leche de fórmula.
Sin embargo, los niveles de anticuerpos no se mantienen constantes durante toda la lactancia. Un estudio analizó los niveles de anticuerpos en la leche materna de 116 madres lactantes a lo largo del tiempo de lactancia, desde el inicio hasta 48 meses después. Los resultados demostraron que los niveles varían con el tiempo, donde los anticuerpos IgA e IgG están presentes a bajos niveles en el primer año y alcanzan niveles máximos al final de la lactancia. Sin embargo, estos cambios se veían afectados por el número de tomas realizas.
La lactancia es recomendada en la medida en que las circunstancias lo permitan y no haya contraindicaciones porque los beneficios están ampliamente evaluados y confirmados. La presencia de anticuerpos y, en concreto de tipo IgA, es uno de los motivos. A pesar de los estudios, en algunos casos puede ser recomendable optar por opciones alternativas a la lactancia. Como siempre, en caso de dudas, lo mejor es consultar con un especialista que las resuelva y ayude a dar con la mejor opción.
Referencias:

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