Un monumento a los animales de laboratorio

El conocimiento científico no puede progresar sin la experimentación con animales. La importancia de su sacrificio es tal que empiezan a recibir homenajes más que merecidos.

raton Novosibirsk

Cualquiera que haya convivido con otras especies conoce la facilidad con la que surgen lazos afectivos entre humanos y animales. En casa, en la granja, en el trabajo... Ningún entorno frena del todo la formación de esos vínculos, ni siquiera las rutinas de un laboratorio de investigación.

Pese a una convicción inquebrantable en la importancia de su labor, es frecuente que los investigadores que trabajan con animales experimenten sentimientos conflictivos ante la necesidad de sacrificar a sus objetos de estudio.

Para combatir ese malestar, en Japón se celebran ceremonias anuales en homenaje a los animales de laboratorio. En 1993, la Universidad de Guelph, en Ontario (Canadá), se convirtió en la primera de Occidente en adoptar esta tradición.

Va creciendo el número de centros que dedican ceremonias o placas conmemorativas a estos seres vivos. Uno de los monumentos más conocidos se halla en el Instituto de Citología y Genética de Novosibirsk (Rusia); una estatua de un ratón de casi dos metros de alto (foto), en honor a todas las vidas sacrificadas en beneficio de la ciencia. La efigie muestra a un roedor tejiendo una cadena de ADN. 

Más información sobre la experimentación con animales en el artículo "Conejillos de Indias, ¿sí o no?", escrito por Joana Branco en el número 434 (julio) de Muy Interesante.

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