Transfusiones de sangre antiedad

Nuevas investigaciones en ratones y humanos apuntan a que el plasma sanguíneo de la gente joven produce efectos rejuvenecedores en individuos con más años y achaques.

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Jesse Karmazin, fundador de la startup Ambrosia, está tan convencido de su efectividad que, en 2016, puso sobre la mesa una llamativa oferta: cualquier persona mayor de 35 años dispuesta a invertir 8.000 dólares podía probar en sus propias carnes cómo mejoraba su salud al tener plasma adolescente corriendo por sus venas, es decir, sangre sin hematíes ni otro tipo de células sanguíneas. Un centenar de individuos aceptaron rápidamente el reto.

Y si bien Karmazin ha recibido muchas críticas, tanto por el coste que supone para los participantes como por el hecho de que no haya placebos con los que contrastar los resultados, los científicos no quitan ojo de sus experimentos. Entre otras cosas, porque el investigador y su equipo aseguran que los niveles de ciertas proteínas asociadas al cáncer, los antígenos carcinoem­briónicos, caen hasta un 20 % después de las transfusiones. Y no solo eso: además, los voluntarios han experimentado un descenso del 10 % del colesterol. A lo que se suma que los amiloides, esas proteínas pegajosas que forman placas dañinas en el cerebro de los enfermos de alzhéimer, descendieron un 20 %. 

Los ratones ancianos vuelven al cole

Su osado ensayo se basa en los resultados obtenidos, en 2014, por dos equipos independientes de las Universidades de Stanford, California y Harvard. Al introducir sangre de ratones jóvenes en el sistema circulatorio de roedores ancianos, lograron regenerar importantes funciones cognitivas y motoras.

Por un lado, los músculos recobraban fuerza. Por otro, se multiplicaban las conexiones neuronales en el hipocampo, el almacén de la memoria. Es decir, los cerebros envejecidos se volvían mucho más plásticos. Y, ante los atónitos ojos de los investigadores, tras una decena de transfusiones, los ratones viejos empezaron a aprender y recordar con la misma facilidad que sus nietos.

En la misma línea, análisis recientes señalan que, si se opera a la inversa, inyectando sangre de roedores ancianos en sus congéneres jóvenes, el reciclaje de neuronas se frena y crecen las dificultades de aprendizaje. En otras palabras, manipular hacia delante o hacia atrás el reloj biológico parece posible mediante ciertas moléculas del plasma.

De momento, se estudia la proteína GDF11, más abundante en la sangre de los jóvenes. Tras inyectarla a roedores ancianos, Amy Wagers y sus colegas del Instituto de Células Madre de la Universidad de Harvard (EE. UU.) consiguieron frenar el engrosamiento de las paredes del corazón que suele sufrir este órgano a medida que envejecemos. Para colmo, mejora la regeneración y el rendimiento muscular. Todo gracias a que, según apuntan los experimentos de Wagers, las dosis extra de proteína GDF11 restauran la función de las células madre, tanto en el cerebro como en los músculos.

 

Otros elixires de juventud en el reportaje de Elena Sanz que puedes leer íntegramente en el Muy Interesante número 439.

 

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