También hay democracia en el mundo animal

Los humanos no somos los únicos en “votar” para tomar decisiones que afectan a la comunidad. Otras especies actúan de forma colegiada para escoger las mejores opciones para el grupo.

La coordinación y sincronización de actividades son esenciales para mantener la cohe­sión durante los movimientos colectivos en las comunidades de seres vivos. Todos los grupos necesitan tomar decisiones: elegir una dirección cuando migran, dónde buscar alimento, la forma de escapar cuando se acerca un depredador... La visión tradicional es que los ejemplares dominantes, esto es, los líderes, deciden por el resto, pero diversas investigaciones científicas en la última década han descubierto que los individuos de muchas especies votan y pactan para tomar decisiones, como si formaran verdaderas democracias. Todas las especies que viven en manadas, bandadas u otras agrupaciones gregarias requieren de algún tipo de consenso en ciertos momentos. A veces se trata de reglas sencillas, como tratar de influirse mediante el tacto, como hacen algunos gusanos que viajan juntos. Pero otros casos muestran una complejidad que recuerda a los procesos humanos en los que hay conflictos de intereses y los individuos deben decantarse por una u otra opción por el bien de la comunidad.

Por ejemplo, muchos ungulados opinan sobre el camino a seguir. Amandine Ramos, etóloga del Instituto Pluridisciplinar Hubert Curien de Estrasburgo (Francia), explica en un estudio publicado en la revista Animal Behaviour que los  bisontes americanos (Bison bison) eligen de forma similar a como hacemos los humanos en las elecciones. Cada miembro del grupo orienta su cuerpo hacia el lugar al que le gustaría dirigirse para pastar o beber. Luego alguno dará el primer paso; si es en la dirección preferida por la mayoría, la manada le seguirá. Pero si elige la opción menos popular, puede quedarse solo o hacer que el grupo se divida durante un tiempo. Al final, el bisonte emprendedor con más seguidores acaba liderando la comunidad. Lo interesante es que cualquiera puede dar el primer paso, aunque las hembras adultas suelen tener más éxito y reclutan más seguidores. Algo similar le ocurre al ciervo rojo que habita en Asia, que solo se levanta para seguir a la masa cuando más o menos el 60 % de los individuos del grupo lo hace, una proporción que supera lo que los humanos consideramos mayoría absoluta. Estos animales se pronuncian a base de pisotear el suelo con la pezuña contra el suelo.

¿Y qué decir de las hormigas? Estos invencibles insectos son capaces de organizar recorridos, detener el forrajeo si las condiciones no son óptimas porque llueve o hay un depredador merodeando, construir hormigueros complejos y asaltar en masa lugares provistos de comida sin que los dirija ningún líder. Ni siquiera la reina influye en este tipo de acciones. Los hormigueros integran a miles de individuos, algunos de los cuales se dedican a defender y otros a cuidar de la reina, mientras que las obreras se encargan del mantenimiento de los túneles y las forrajeras traen comida para la colonia. Se trata de un sistema flexible y autosuficiente. Quizá por eso existen decenas de miles de especies de estos insectos desde hace millones de años y viven en casi la totalidad de los ecosistemas terrestres. Pero ¿cómo alcanzan ese grado de coordinación?

La bióloga Deborah Gordon cree que los individuos no son listos en sí, sino que es el hormiguero el verdadero organismo inteligente. No parece fácil decidir cuántas hormigas se van a dedicar a la recolección, cuántas a la exploración y quiénes se quedan a cuidar de las larvas. Gordon ha descubierto que las forrajeras frotan sus antenas contras las de las exploradoras, que son las que tienen el rol principal en la toma de decisiones. Cuanto más contacto tengan, más probabilidades hay de que las primeras salgan a buscar lo que las exploradoras han encontrado. No tienen que dar órdenes. El contacto es el mensaje. Lo interesante es que sus acciones no vienen impuestas desde arriba. Surgen de manera espontánea, desde la base. Cada hormiga actúa por sí misma aunque no sepa cuál es el objetivo final.

Más información en el artículo Democracia animal, escrito por Pablo Herreros. Puedes leerlo en el número 453 de Muy Interesante.

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