¿Qué temperatura máxima puede soportar el ser humano?

Nuestro organismo es más resistente a la temperatura de lo que podría parecer. Y, aun así, un pequeño cambio en las condiciones de humedad puede hacer que nos achicharremos de calor.

La respuesta no es sencilla, pues depende de diferentes factores. Así, es posible que sucumbamos durante una ola de calor veraniega, en la que apenas se alcancen los 40 ºC, pero podemos aguantar diez minutos en una sauna a más de 70. Uno de los elementos que más influye en este fenómeno es la humedad. Esta explica, por ejemplo, que seamos capaces de estar a 50 grados en el Sahara y asarnos en las playas de la República Dominicana, a solo 30. En un informe de la NASA se indica que, en general, podemos vivir sin problemas en entornos que se hallen entre los 4 y los 35 ºC. De hecho, si la humedad es inferior al 50 %, el margen es algo mayor.

Temperatura interior

Ahora bien, una cosa es la temperatura ambiental y otra la de nuestro organismo. Si esta última supera durante mucho tiempo los 42 grados, las mitocondrias –unos orgánulos que se encargan de proporcionar energía a las células– dejan de funcionar y empieza a darse un proceso irreversible llamado desnaturalización de las proteínas. La consecuencia es la muerte. Pero hay excepciones. En 1980, un hombre llamado Willie Jones ingresó en el hospital con una temperatura de 46 ºC; le dieron el alta 24 días después. Jones posee el récord para la temperatura corporal más alta registrada. Eso sí, no se sabe muy bien cómo sobrevivió.

El efecto Leidefrost

En ocasiones, podría parecer que ciertas personas son especialmente resistentes al frío o al calor. Posiblemente, el caso más extremo es el que nos muestra un famoso vídeo que circula por la Red desde hace tiempo en el que se ve a un operario de un alto horno que se quita parsimoniosamente el guante de protección, pasa su mano desnuda por un chorro de metal fundido y la saca como si no nada. No se aprecia ni rastro de una herida. ¿Se trata de un truco? No, en realidad es una demostración del efecto Leidenfrost, llamado así por el físico Johann Gottlob Leidenfrost, que lo describió en 1756.

Sucede siempre que un líquido se coloca sobre una superficie con una temperatura significativamente mayor a su punto de ebullición; en ese momento, se forma una capa de vapor alrededor del mismo. En el caso del citado operario, la humedad de su piel hierve al instante y forma una película protectora durante un tiempo muy corto, lo que evita que el metal líquido toque directamente la mano.

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