¿Son peligrosos los videojuegos?

Así valoran los últimos estudios los efectos cognitivos, neurológicos y psicológicos de los videojuegos, sus beneficios y los riesgos que implica engancharse a ellos.

En mayo de 2018, la nueva edición del manual psiquiátrico de la OMS, el CIE-11, recogerá la adicción a los videojuegos como una enfermedad mental, un tipo de dependencia con un gran impacto en las relaciones sociales, el desarrollo cognitivo y el rendimiento académico o laboral. En España, afecta a entre el 1,5% y el 8 % de la población, según Susana Jiménez, psicóloga responsable de la Unidad de Juego Patológico y otras Adicciones Comportamentales del Hospital de Bellvitge. Pero antes de llegar a ese extremo, está lo que se diagnostica como uso problemático, que alcanza a entre el 15% y el 40%.

Aun así, no está claro que sean un invento del demonio. Es más, pueden ayudar a desarrollar ciertos aspectos cognitivos. “Por supuesto que pueden ser positivos. Pero depende de qué tipo de videojuego, del tiempo invertido, del perfil de la personalidad del usuario y de su contexto”, recalca la doctora Dominica Díez Marcet, psicóloga clínica, responsable de la Unidad de Juego Patológico y otras Adicciones no Tóxicas de la División de Salud Mental de la Fundación Althaia, en la Red Asistencial Universitaria de Manresa. Por ejemplo, un experimento conjunto de las universidades de Ginebra y  Rochester ha demostrado que a los jugadores de títulos de acción se les da mejor seguir la posición de múltiples objetos en movimiento simultáneo, pues han cultivado su habilidad para “cambiar el foco de atención de una parte a otra de la pantalla mientras permanecen vigilantes a otros eventos de la escena. Además, toman decisiones un 25 % más rápido, sin sacrificar los aciertos”, asegura Daphne Bavelier, neurocientífica que lidera el estudio.

Más hábiles y concentrados

Adam Gazzaley, neurocientífico de la Universidad de California en San Francisco y fundador de Neuroscape, una compañía especializada en crear títulos terapéuticos, cree que en el futuro el psiquiatra o el neurólogo podrían recetar videojuegos en vez de pastillas, para emplearlos como una medicina digital. Decidido a darles uso para personas con trastornos como el alzhéimer, ha creado NeuroRacer, donde gana quien mejor maneja un coche en la pantalla mientras realiza otras tareas de forma simultánea. Tras practicar durante un mes, un grupo de dieciséis sujetos de entre 60 y 85 años experimentó mejorías en sus capacidades multitarea y en la concentración –si bien solo dentro del juego–, tal y como aseguraba su creador en la revista Nature.

Entonces, ¿los videojuegos son positivos porque desarrollan ciertas capacidades cognitivas o, por el contrario, son negativos por cómo nos influyen? ¿Nos hacen más violentos e insensibles o nos ayudan a descargar tensión? Las preguntas tienen miga, sobre todo porque la industria de los videojuegos mueve unos 53.000 millones de euros al año y alimenta las ansias de 1.200 millones de usuarios en el mundo, según la consultora Nielsen. Es un negocio próspero, que no se cansa de subvencionar estudios científicos para demostrar los beneficios de este pasatiempo. Son resultados que deben digerirse con cautela, porque existen variables que hacen que el mismo tiempo de juego no nos afecte a todos por igual.

Puedes leer íntegramente el artículo "Pros y contras de darle al mando", escrito por Laura G. de Rivera, en el número 17 de Muy Interesante Estar Bien.

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