¿Para qué sirve el odio?

La pasión más negativa tiene una explicación evolutiva: en el pasado de la especie, sentir inquina hacia los demás podía ser cuestión de supervivencia.

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Por otra parte, como señala Aristóteles, puede ser una forma de ira no desahogada. Necesitamos ese sentimiento para separarnos de aquello que previamente hemos amado. Es una gasolina vital diferente, pero igualmente útil evolutivamente: si una persona o idea nos defrauda, tenemos que generar inquina hacia ella. Si la podemos liberar, se convertirá en ira puntual, y de lo contrario, generará odio crónico. Cualquiera de los dos fue adaptativo cuando una decepción significaba una traición en la que el individuo se jugaba incluso la vida.

Todas las claves sobre este sentimiento infeccioso y universal en el reportaje La verdadera cara del odio, escrito por el psicoterapeuta Luis Muiño. Puedes leerlo en el número 434 de Muy Interesante. 

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Etiquetas: comportamientoevolución humanapsicología

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