Manipular las proteínas alargará la vida

El bioquímico David Baker diseña métodos para predecir la estructura en 3D de las proteínas y alterarlas. Su trabajo revolucionará la medicina.

Manipular las proteínas alargará la vida

La vida no se concibe sin proteínas. Respiramos gracias a una de ellas, la hemoglo­bina, que transporta el oxígeno en la sangre. Las proteínas hacen de mensaje­ras entre las células. Forman parte de los tejidos y los huesos. Son indispensables para acelerar millones de reacciones metabólicas que permiten crear y almacenar energía, transformar y digerir las sustancias. Las proteínas están presentes en las defensas inmunológicas que luchan contra las infecciones y los tumores.

La sinfonía metabólica que produce el milagro de la consciencia –el pensamiento, la planificación, la comunicación entre las neuronas, los estados de ánimo, la creatividad y el genio– no sería posible sin ellas. La ciencia conoce la estructura de decenas de miles de proteínas. Las más sencillas consisten en cadenas lineales de aminoácidos, de los que existen veintidós tipos. Estas cadenas se doblan y adoptan caprichosas formas tridimensionales que determinan su función. Por ejemplo, la insulina, que permite quemar el azúcar, parece un manojo de tallarines retorcidos unidos por puentes. Las maquetas de proteínas de plástico como piezas de Lego abundan en el laboratorio de David Baker, junto a pipetas y microscopios.

Desde hace más de dos décadas, este bioquímico de la Universidad de Washington, en Seattle, trata de descubrir la estructura tridimensional que adoptarán las hebras de aminoácidos al plegarse para formar las proteínas. Es un gran desafío. Baker afirma que una cadena hecha de solo setenta aminoácidos puede doblarse hasta de 100.000 formas distintas. Encontrar la que funciona es hallar la aguja en el pajar. Su equipo ha desarrollado un software llamado Rosetta para predecir esas estructuras, lo cual puede revolucionar la medicina y ayudar, entre otras cosas, a "diseñar fármacos que alteren la forma de las proteínas defectuosas y neutralizar así muchas enfermedades y alargar la vida".

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Baker describe todo lo que las proteínas hacen en nuestro cuerpo y las que se podrían diseñar: "Por ejemplo, una capaz de romper el gluten, que produce la enfermedad celíaca; o que neutralice el virus de la gripe; o que funcione como una vacuna contra el sida. Esperamos que en unos cinco años tendremos los primeros fármacos dispuestos para la clínica", en referencia a las pioneras proteínas de diseño con fines terapéuticos.

Él vaticina que el mayor impacto de esta ingeniería va a recaer en el campo de las vacunas, alergias alimentarias, terapias contra el cáncer e inmunoterapia. La posibilidad de crear estas sustancias de diseño abre la puerta al tratamiento de las enfermedades hoy incurables producidas por fallos en la cadena proteínica. ¿Serán la alternativa a la terapia génica?: "Las terapias génicas van a mejorar. No creo que el diseño de proteínas vaya a sustituirlas. Puede funcionar muy bien contra las enfermedades infecciosas, pero cuando haya una proteína rota, la terapia génica será más efectiva". Esta ingeniería necesita un medio adecuado de distribución en el cuerpo humano. Baker ha fabricado icosaedros hechos de proteína, parecidos a las cápsulas virales que contienen el ADN. Son contenedores perfectos para meter en ellos cualquier medicamento y "puedes dirigirlos a un objetivo específico" en vez de diseminar el fármaco por todo el cuerpo, como sucede con la quimioterapia.


Más información en el Perfil sobre David Baker, bioquímico, escrito por Luis Miguel Ariza. Puedes leerlo en el número 432 de Muy Interesante.

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