Los mil usos terapéuticos del bótox

¿Migraña? ¿Tics? ¿Incontinencia urinaria? ¿Problemas con el sexo? El bótox no solo disimula las arrugas. También arregla estos y otros trastornos.

Los mil usos terapéuticos del bótox

Hace unos años, el bótox, la neurotoxina más popular de la medicina estética, dio el salto a otros terrenos. Y ahora se emplea para tratar las migrañas y dolores de cabeza, la sudoración excesiva, los espasmos, la vejiga hiperactiva, el estrabismo y cientos de dolencias más. Resulta llamativo que se le puedan atribuir tantas bondades a uno de los venenos más potentes que existen. Es más, si se ingiere comida contaminada por la bacteria que la fabrica, Clostridium botulinum, interfiere con músculos clave del cuerpo y los inmoviliza. Hasta el extremo de que, si no recibimos un antídoto a tiempo, podemos sufrir una parada cardiorrespiratoria y perder la vida. Pero lo cierto es que la toxina botulínica, comercializada como bótox, también es capaz de curar.

Cuando se inyecta en pequeñas dosis, de forma controlada y en áreas específicas, impide la liberación de acetilcolina y bloquea las señales entre nervios y los músculos. Eso permite detener las contracciones involuntarias en dolencias de todo tipo, desde las sacudidas de la esclerosis múltiple hasta molestos tics. O tratar el blefaroespasmo, un problema neurológico que provoca un parpadeo continuo e incontrolable. Sin obviar que, cuando apunta a los músculos que rodean los pliegues de la cara, las arrugas de expresión se borran de un plumazo. En esas estaba, precisamente, el dermatólogo californiano Richard Glogau cuando se dio cuenta de que a sus coquetos clientes no solo les desaparecían los pliegues del entrecejo con el bótox que les inyectaba cada semana en el músculo corrugador, situado bajo la ceja. Muchos de ellos solían quejarse en la consulta de sufrir fuertes migrañas crónicas durante, al menos, quince días cada mes. La sorpresa fue que, tras el tratamiento antiarrugas, desaparecían los dolores.

Aquel caso llegó a oídos de Allergan, la compañía irlandesa propietaria de Botox, que puso en marcha un ensayo clínico llamado PREEMPT. Los resultados demostraron que su infiltración en múltiples puntos de la cabeza y cuello reducía la intensidad y el número de migrañas en un 44 % de los pacientes. Lo que aún no está del todo claro es el mecanismo que hay detrás de esta reacción. “Los neurólogos postulan que se debe a un efecto inhibidor del dolor. Pero los cirujanos pensamos que se explica por el bloqueo de la musculatura que se encuentra rodeando la salida de algunas ramas de los nervios trigémino y occipital, de forma que este deja de estar irritado y, así, se reduce el dolor”, explica Jesús Benito Ruiz, cirujano del Antiaging Group de Barcelona.

Más información en el reportaje El bótox terapéutico, escrito por Elena Sanz. Puedes leerlo en el número 12 de Muy Estar Bien.

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