La testosterona no es tan fiera como la pintan

Un estudio demuestra que esta hormona masculina podría contribuir a que el comportamiento del hombre sea más sociable y altruista.

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Un experimento dirigido por el neurocientífico francés Jean-Claude Dreher incide en este carácter socialmente benéfico de la hormona. En el estudio se administró testosterona a un grupo de hombres y un placebo a otros, todos ellos en edades comprendidas entre los 18 y los 30 años.

 

Después participaron en el conocido "juego del ultimátum", que es experimental y se basa en la negociación: a una persona (la llamaremos A) se le pide que reparta una determinada cantidad de dinero –normalmente 100 dólares– con otra (B) en los porcentajes que considere oportunos; si B acepta la propuesta de A, los dos pueden quedarse con el dinero, pero si la rechaza, ambos se irán con los bolsillos vacíos. Puede parecer que el receptor siempre va a aceptar la oferta porque mejor llevarse algo que nada, pero no es así: los criterios de justicia y equidad a veces priman sobre los del posible beneficio personal.

 

El juego se integró en este experimento con una variante: que B –en ese puesto ubicaron siempre a las personas a las que habían suministrado la testosterona o el placebo–, una vez aceptada o rechazada la oferta de A, luego tenía la oportunidad de castigarlo o premiarlo por su oferta; y el coste para él sería proporcional a la cantidad elegida para esa punición o recompensa (es decir, si B aceptaba la oferta de A y quería gratificarlo con un 10% más, él perdía el 10% de su propio dinero). En comparación con el grupo de control, a los que solo habían suministrado placebo, los hombres que habían recibido testosterona tendieron a penalizar con mayor dureza a aquellos A cuyas propuestas habían sido más bajas e injustas; pero también fueron propensos a recompensar con mayor generosidad las ofertas que habían sido más espléndidas.

 

Es decir, tras este juego de interacción social, los especialistas notaron que los sujetos con un extra de la hormona eran más agresivos, pero también que tenían una mayor tendencia a recompensar a quienes les ayudaban. La conclusión es que la testosterona podría fomentar la cooperación masculina en ciertos contextos.

 

Información aparecida en la sección de Prisma, con toda la actualidad científica, en el número 429 de Muy Interesante. 

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Etiquetas: investigaciónnoticias de cienciatestosterona

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