La genética, a la caza de Nessie y otras bestias míticas

Gracias a la ciencia, ha llegado el momento de dilucidar si criaturas como el monstruo más escurridizo de Escocia, el yeti y el bigfoot viven o han vivido entre nosotros.

El monstruo del lago Ness, el yeti y el bigfoot son las tres criaturas estrella del universo de la criptozoología, seudociencia que se postula como el estudio de animales cuya existencia no ha podido ser constatada por la ciencia. Sin embargo, gracias a la genética, ha llegado el momento de poner fin al enigma.

Es lo que está intentando hacer un equipo de científicos neozelandeses dedicados a estudiar la biodiversidad y que usan una técnica con menos de una década de vida: el ADN ambiental o eADN. El principio es sencillo. Los seres vivos vamos dejando, allá por donde pasamos, piel, pelos, plumas, heces, sangre, mocos, corteza, polen o esporas. Todas estas trazas dan como resultado un popurrí orgánico que queda depositado en el suelo o en el agua. Al extraer muestras de este ecosistema y realizar análisis moleculares de ADN, se puede obtener información genética de los organismos que lo habitan sin necesidad de capturar a estos especímenes.

El equipo liderado por el experto en ecología molecular y evolución Neil Gemmell, de la Universidad de Otago (Nueva Zelanda), se desplazó al lago Ness y recogió, en abril de 2017, un total de 259 muestras de agua de diferentes zonas, incluidas sus profundidades, a más de doscientos metros. El razonamiento de Gemmell era que si el escurridizo Nessie –como se conoce popularmente a la legendaria criatura escocesa– estaba viviendo en uno de los recovecos naturales del lago, algo de su ADN debería estar flotando por allí.

Para que no pareciera una “simple caza de monstruos” –como el mismo Gemmell lo describió–, la expedición llegó con un objetivo más científico: “Estudiar la biodiversidad del lago de una manera sin precedentes, y obtener información sobre los movimientos de especies de peces migratorias como el salmón, la anguila y la lamprea”. Cuando el experto concluya el análisis de las muestras –se espera que tenga los resultados en los primeros meses de este año–, no solo documentará la existencia de nuevas especies, particularmente bacterias, sino que proporcionará datos sobre la penetración que han tenido ciertas especies invasoras que se han avistado en el lago, como el salmón rosado del Pacífico.

Y, por supuesto, “la perspectiva de buscar pruebas del monstruo del lago Ness [usando el eADN] es el gancho de este proyecto”, reconoce Gemmell. El eADN permitiría “identificar a esa criatura comparando la secuencia obtenida con grandes bases de datos de secuencias génicas conocidas de cientos de miles de organismos diferentes”. Y es que, como suele ocurrir cuando los científicos se acercan al mundo de los mitos y las leyendas, su mayor anhelo es dar con una causa natural: “Tal vez haya una explicación biológica para algunas de las historias —dice Gemmell. Y añade—: El ADN podría respaldar explicaciones alternativas para los avistamientos de Nessie, como pueden ser el esturión gigante y el pez gato”.

Supuestos avistamientos

La primera referencia escrita que tenemos del monstruo se remonta al siglo VII, cuando el abad del monasterio de la isla escocesa de Iona, Adomnán, escribió la hagiografía Vita Sancti Columbae, donde relata la vida de san Columba. Allí cuenta cómo este misionero que cristianizó Escocia salvó en el año 565 a un nadador del ataque de un monstruo acuático haciendo el signo de la cruz y gritando: “¡No irás más lejos!”. Ahora bien, Adomnán sitúa a la criatura en el río Ness, no en el lago, y es una narración que forma parte de los milagros que realizó esta figura casi mística de la mitología cristiana irlandesa con el objeto de convencer a los habitantes de la zona –los pictos– para que se convirtieran a la fe cristiana. No parece una referencia muy convincente. De hecho, el monstruo –salvo una contada excepción en 1870– no volvió a aparecer hasta el siglo XX. Algo sorprendente, puesto que el lago Ness fue un lugar muy visitado en el XIX: la alta sociedad británica acudía allí de vacaciones.

Así, la historia moderna de Nessie empezó el 4 de agosto de 1933, cuando el periódico The Inverness Courier publicó una peculiar noticia: un matrimonio había visto cruzar la carretera que pasaba junto al lago a un animal de casi ocho metros de longitud. Y, en poco menos de un año, apareció la imagen más famosa del monstruo. Conocida como la foto del cirujano, en ella se puede ver un cuello y una cabeza sobre la superficie del lago; se especuló con que fuera un plesiosaurio, criatura extinta a finales del Cretácico. Por supuesto, era un fraude: una cabeza de serpiente de arcilla colocada sobre un submarino de juguete.

La siguiente prueba de la existencia de la criatura lacustre llegó en 1960, en forma de película, cuando Nessie fue el protagonista de cien metros de película de 16 mm. Durante poco más de treinta segundos, se ve algo desplazándose por el lago, pero resulta imposible identificar lo que es. La conclusión de los estudios realizados fue que “un pequeño bote de madera aparece exactamente como el objeto que se filmó en 1960”, por lo que la famosa prueba solo fue “un objeto corriente filmado en condiciones de poca luz”.

Puedes leer íntegramente el artículo "La nueva búsqueda de Nessie", escrito por Miguel Ángel Sabadell, en el número 453 de Muy Interesante.

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