Ken Follett: “La batalla por la libertad religiosa continúa”

El escritor galés llega con nuevo libro bajo el brazo. Aprovechamos la ocasión para hablar con él de historia, terrorismo, literatura y hasta del brexit.

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P: Una columna de fuego habla de la lucha entre las creencias religiosas, origen de muchas masacres.

R: Encontré ciertos paralelismos con la actualidad, en especial por el terrorismo de los yihadistas. Fue en parte lo que me atrajo para escribir la novela. El XVI es el siglo del odio religioso; y ahora vivimos en una época así. Así que, si comprendemos mejor lo que ocurrió entonces, quizá entendamos mejor lo que está pasando en estos momentos. Podemos creer que la cuestión de la libertad de culto es algo que todos aceptamos hoy en día, pero solo existe en una pequeña parte del mundo. No se permite en muchos lugares. Así que la historia es una especie de aviso de que la batalla por la libertad religiosa no ha finalizado todavía.

 

P: Según las investigaciones que tuviste que llevar a cabo para escribir este libro, ¿cómo de importante fue esa batalla religiosa entre católicos y protestantes?

R: Llegué a la conclusión de que no era un asunto teológico: nada de Dios, Jesús o los santos. Se trataba del poder, de quién estaba al mando. Cuando Isabel I de Inglaterra se coronó, dijo: “No obedeceré al papa”. La cuestión no era que ella fuera protestante o católica, sino que, al convertirse en monarca, no quería que nadie le dijera lo que tenía que hacer. Según los católicos, el papa era el representante del Creador en la Tierra, así que ¿cómo iba a decirle “no” a Dios? Lo que Isabel I quería expresar es que ella era la reina de Inglaterra, y nadie estaba por encima.

 

P: En la historia, esta soberana representa el símbolo de la tolerancia, de la moderación, entre las dos corrientes religiosas. Pese a ello, se la describe como un personaje cruel cuando decide decapitar a su prima María Estuardo, reina de Escocia. Parece una mezcla entre una mente moderna y la del viejo estilo.

R: Sí. Mi impresión es que ella empezó con altos ideales: creía en la tolerancia, en que católicos y protestantes podían convivir. Y Ned [Willard], que es el héroe ficticio, pensaba igual: amaba la tolerancia y creía que no necesitaban matarse entre sí. Pero, a medida que transcurría el tiempo, a Isabel I le resultó cada vez más difícil mantener esta postura. Todos los que intentan asesinarla son católicos. Ned, que es su espía, se dedica a rastrearlos. Cuando los atrapan, todos son torturados y acaban con ellos. La cuestión es: ¿son ejecutados por ser traidores o por ser católicos? Es ahí donde reside el problema. Es cierto que algunos pretenden matar a la reina, pero otros son simples sacerdotes que quieren llevar los sacramentos a sus fieles. Es una zona pantanosa, por lo que, al igual que todo aquel que se ve envuelto en política, se empieza con unos ideales muy altos y al final uno tiene que comprometerse. Así que Ned, al final de su vida, se da cuenta de que ha hecho muchas cosas buenas pero también algunas malas.

 

P: Los católicos aparecen como los villanos.

R: No siempre. También creé una heroína católica: Margery Fitzgerald. Es muy valiente e idealista. Logra camuflar y hacer entrar en Inglaterra a los sacerdotes. No tiene nada que ganar y arriesga su vida. Todo lo que desea es que los ingleses católicos reciban los sacramentos. Ned la ama. Es una mujer bonita e inteligente... Quiero aclarar que no tengo una postura predeterminada hacia los católicos o los protestantes. Yo soy ateo. No creo que los primeros sean mejores o peores que los segundos. Se trata de una novela sobre buenas personas que son tolerantes, y de gente maldita que es intolerante.

 

P: Otra cuestión de candente actualidad es el brexit. Tú te has manifestado en contra de la salida del Reino Unido de la Unión Europea, mientras que tu colega Frederick Forsyth [uno de los reyes de la novela de intriga política y espionaje] se ha mostrado favorable.

R: Es algo que no me ha sorprendido.

 

P: ¿Por qué?

R: Hablé con él sobre la Unión Europea mucho antes del referéndum, y me dejó muy claro que no apoyaba que los británicos permanecieran en Europa. Yo opino justo lo contrario.

 

P: ¿Podrías explicárnoslo tomando como referencia la novela?

R: En Una columna de fuego, vemos a una Inglaterra que está conectada con España, Francia, Holanda y Alemania. La gente de Kingsbridge hacía negocios con mercaderes de Sevilla y tenían un almacén en Calais (Francia). Algunos viajaban hasta el Caribe. Así que ya en el siglo XVI existía una globalización. De hecho, Inglaterra era un país muy pobre hasta que nos pusimos a comerciar. Y una vez que lo hicimos, en tiempos de Isabel I, empezamos a ser más prósperos. La prosperidad depende del comercio, es la manera en la que se ha hecho dinero, y creo que, a partir de ahora, va a ser algo mucho más difícil si no estamos en la Unión Europea. Nos vamos a quedar fuera de la unión aduanera, lo que va a traer todo tipo de problemas a la hora de comprar y vender. Vamos a perder dinero.

 

Puedes leer la entrevista completa a Ken Follett en el número 437 de Muy Interesante.

 

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Etiquetas: historialiteraturareligion

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