Entrenamiento autógeno, la receta para ser feliz

El entrenamiento autógeno es una de las psicoterapias más eficaces, aunque exige la plena voluntad del paciente. Nos lo explica Luis de Rivera.

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¿En qué consiste el entrenamiento autógeno? Es una forma de  concentración mental que produce un estado especial de conciencia que mejora la autorregulación, la aceptación y el desarrollo personal. Esta técnica activa las regiones cerebrales que contrarrestan los efectos del estrés. Produce cambios biológicos –relajación muscular, bajada de la tensión y del cortisol, aumento de la oxitocina– contrarios a los causados por el estrés. A nivel psicológico, ayuda a mantener la calma, a expresar sentimientos positivos, como el amor, y a controlar emociones negativas, caso de la rabia y el miedo.

¿Cómo es una sesión típica? Primero se estudia la historia clínica para entender el problema y diseñar los objetivos. Luego empieza el aprendizaje del método, que suele llevar diez sesiones. Algunos ya no necesitan más apoyo y pueden seguir el entrenamiento solos. Pero muchos abandonan por resistencia inconsciente al cambio, y necesitan un apoyo más continuado. Es frecuente, al profundizar en el mundo interno, encontrarse con traumas o sentimientos insoportables que requieren complementar el entrenamiento básico con los métodos avanzados.

¿Cuál es el papel del paciente en la terapia? Fundamental: la terapia la hace él. El terapeuta actúa como instructor, le enseña y supervisa la técnica; le apoya y acompaña en el momento en que revive el acontecimiento traumático.

¿Es una forma de relajación? Mucho más. No se trata solo de relajar cuerpo y mente ni de concentrarse en la sensación de bienes­tar. Se centra en ponerse en contacto con uno mismo, en activar el estado de calma y autorregulación para digerir y neutralizar experiencias no superadas. Es como echarse colirio: normalmente cierras el ojo; hace falta práctica para no cerrarlo. Te enseña a mantenerte en estado de aceptación, aunque sea duro revivir una emoción dolorosa. El estado autógeno permite sobrellevarlo.

¿Y qué tiene de especial revivirlas con este método? Todo trauma que se revive en situación de estrés, se agrava, empeora. Pero en estado autógeno, de calma, va perdiendo fuerza y curándose.

¿Cuál es la duración aconsejada del tratamiento? Debe hacerse todos los días, tres veces de quince minutos, durante seis meses al menos. Los beneficios empiezan a notarse los primeros días. Pero al cabo de medio año es cuando aparecen cambios neurobiológicos estructurales: mejora la conexión entre hemisferios y en el sistema límbico y aumenta la actividad de la zona de la calma en el hipotálamo.

¿Es usted feliz? Sí. Una forma buena de ser feliz es no ser desgraciado; para eso tienes que dar poca importancia a tus desgracias. Si las ves como una molestia menor e inevitable, eres más feliz.

¿Le ha ayudado esta terapia a aceptarse y a estar en paz consigo? Sí. Ha sido lo único que me ha ayudado.

Más información en el Dossier: Las cinco psicoterapias más eficaces, escrito por Laura González de Rivera. Puedes leerlo en el número 421 de Muy Interesante.

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Etiquetas: ansiedadcerebroestréspsicología

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