En busca de mensajes extraterrestres

Llevamos seis décadas buscando sin éxito indicios de civilizaciones extraterrestres. ¿Es posible contactar con ellas? Y, si se logra, ¿cómo nos entenderíamos?

observatorio de Arecibo

Nunca antes se han rastreado tantas señales provenientes del espacio en busca de mensajes alienígenas, pero lo cierto es que ni siquiera sabemos si estamos usando la tecnología adecuada para lograrlo. Aun suponiendo que existieran extraterrestres con deseos de comunicarse, no está nada claro cómo lo harían. De hecho, eso es lo que intenta responder desde mediados del siglo pasado el programa SETI, acrónimo, en inglés, de búsqueda de inteligencia extraterrestre.

Esta iniciativa ha sufrido altibajos a lo largo de los años. Vivió su época dorada en los setenta y ochenta, pero decayó considerablemente poco después. Ahora ha experimentado un notable impulso gracias al apoyo del multimillonario ruso Yuri Milner, que ha donado cien millones de dólares para financiar durante una década el proyecto Breakthrough Listen. Con él se pretende observar un millón de estrellas en busca de posibles señales emitidas por civilizaciones ajenas a Tierra.

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Todavía no ha habido suerte, pero en este campo las falsas alarmas se dan con cierta frecuencia. Por ejemplo, un equipo de astrónomos anunció el pasado mes de agosto la detección de una extraña radioemisión que parecía provenir de HD 164595, una estrella similar al Sol a 94 años luz. Tras el revuelo inicial, se supo que en realidad tenía un origen terrestre.

Para algunos expertos, la mejor forma de llamar la atención de los extraterrestres sería alterar de algún modo nuestra estrella o el espacio circundante. En los años 60, Morrison, físico del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), propuso convertir el Sol en una especie de faro. Para ello bastaría con colocar una nube de partículas a su alrededor, con una masa total parecida a la de un cometa. Esta bloquearía en parte la luz, así que desde la distancia nuestra estrella parecería parpadear con un periodo igual a la órbita de la nube. Cada pocos meses la moveríamos para modificar el patrón de señales, lo cual incluso nos permitiría representar ecuaciones algebraicas.

Otra forma de hacer señales pasa por utilizar nuestro arsenal atómico. Un informe de 1973 ya estimaba que los telescopios orbitales de rayos X podrían haber detectado a cuatrocientas unidades astronómicas, unas diez veces la distancia de Plutón al Sol, el ensayo nuclear Starfish Prime, realizado por Estados Unidos sobre el océano Pacífico en 1962. Si todas las armas nucleares se hicieran estallar en una única megaexplosión en el espacio, esta podría captarse a 190 años luz.

Puedes leer íntegramente el artículo "Alienígenas sin cobertura", escrito por Miguel Ángel Sabadell, en el número 427 de Muy Interesante.

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Imagen: H. Schweiker / WIYN / NOAO / AURA / NSF

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