El bombardeo que pudo iniciar la vida

Las llamaradas solares pueden arrasar la atmósfera de los planetas cercanos y dañar todo tipo de sistemas eléctricos, pero también contribuir a la aparición de la vida.

Las fulguraciones o erupciones solares, explosiones que suceden en la superficie de las estrellas y arrojan al espacio gran cantidad de partículas subatómicas y radiación electromagnética, se han asociado siempre al daño que pueden causar. Algunas son capaces de afectar a los satélites, la navegación por GPS e incluso a la red eléctrica. Y no sin razón: en marzo de 1989, una de ellas dejó sin suministro de electricidad a siete millones de personas en la provincia canadiense de Quebec. El fenómeno de este tipo más potente registrado hasta la fecha se conoce como evento Carrington, y ocurrió en 1859. En aquella ocasión, la tormenta solar fue de tal intensidad que se pudieron ver las auroras boreales desde Florida, y los cables del telégrafo sufrieron cortocircuitos que causaron numerosos incendios. En la actualidad, nuestra sociedad depende mucho más de la tecnología, por lo que si se diera hoy, sus efectos serían catastróficos.

En marzo de 2017, tuvo lugar uno de estos fenómenos en Próxima Centauri B, una enana roja situada a 4,2 años de la Tierra alrededor de la cual gira Próxima B, el mundo extrasolar más cercano al nuestro que ha sido descubierto hasta la fecha. El suceso apenas duró unos minutos, pero, tal como ha revelado un estudio recientemente publicado, fue de tal magnitud que podría haber arrasado la atmósfera del exoplaneta y esterilizar su superficie. La fulguración, diez veces más brillante que cualquiera de las registradas en el Sol, multiplicó el resplandor de la estrella por mil durante diez segundos.

Energía creadora

No obstante, en el caso del astro rey, estos estallidos podrían haber tenido en el pasado un efecto positivo, desconocido hasta ahora. Un estudio publicado en The Astrophysical Journal sostiene que podrían haber jugado un importante papel en la aparición y el desarrollo de la vida en la Tierra. Según este trabajo de investigadores de las universidades de Harvard y Princeton, habrían actuado como fuente de energía externa imprescindible para la formación hace unos 4.500 millones de años de moléculas orgánicas, como los aminoácidos, a partir del oxígeno, el carbono y el nitrógeno, presentes en nuestro planeta.

Los científicos llegaron a esta conclusión tras calcular mediante modelos computacionales el aporte de energía de las diferentes fuentes disponibles, al margen de la radiación ultravioleta proveniente del Sol: radiactividad natural, volcanes, impactos meteoríticos y las emisiones ultravioletas de estrellas cercanas.

Su análisis reveló que en nuestro planeta y en Marte, el aporte energético de las fulguraciones solares habría supuesto entre el 10 % y el 20 % del total y habría
ayudado a desencadenar las reacciones químicas que llevaron al surgimiento de la vida.

Puedes leer íntegramente esta y otras noticias científicas en la sección Prisma del número 442 de Muy Interesante.

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Imagen: NASA

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