Canibalismo, el impulso de comer carne humana

El canibalismo, ya sea por necesidad, fanatismo o deseo, a menudo se ha considerado tabú, pero ha sido una constante en la historia de nuestra especie.

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Está claro que el hambre puede explicar el canibalismo, pero este no solo se da como consecuencia de una necesidad fisiológica. Cuando el 8 de noviembre de 1519 el conquistador Hernán Cortés y sus hombres entraron en Tenochtitlán, la capital del Imperio azteca, fueron testigos de cruentos sacrificios humanos que culminaban con una ceremonia antropofágica. En su Historia general de las cosas de Nueva España, el franciscano Bernardino de Sahagún describe cómo tras haber arrancado el corazón a la víctima, el cuerpo era desmembrado a fin de comerlo en una ceremonia. Según esta crónica, los brazos y piernas se cocinaban con pimientos, tomates y flores de calabaza.

La tercera variante del canibalismo, la más repudiada, no está motivada por una necesidad alimenticia ni se relaciona con un patrón cultural. Algunos estudiosos la denominan canibalismo sexual, criminal o patológico. Uno de los casos más representativos se dio en Rotemburgo (Alemania) en 2001. En la noche del 9 al 10 de marzo, Armin Meiwes asesinó y devoró en parte a Bernd Jürgen Brandes, un hombre al que había conocido a través de un chat de internet. Tras descuartizar a Brandes, Meiwes congeló algunos trozos para ir dando cuenta de ellos en días posteriores. Los psiquiatras forenses dictaminaron que padecía graves trastornos mentales y actuó movido por impulsos sexuales. Fue sentenciado a cadena perpetua.

Puedes leer íntegramente el artículo "Estás para comerte", escrito por Janire Rámila, en el número 431 de Muy Interesante.

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Etiquetas: culturahistoriapsicologíapsicópatas

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