Así se inventó la dinamita

A partir de la nitroglicerina, Alfred Nobel, que inspiró los célebres galardones, ideó en 1867 un nuevo y potente explosivo menos peligroso de manejar.

Contra la angina

Los estudios posteriores sobre los efectos farmacológicos de aquella sustancia confirmaron que funcionaba como vasodilatador, y en 1876 se utilizó por primera vez para tratar una angina de pecho. Hoy continúa aplicándose con ese fin en forma de tabletas que se colocan bajo la lengua.

Pero el uso de la nitroglicerina que tuvo más repercusión económica está vinculado al mundo de los explosivos, en donde, por su gran potencial –y pese a los grandes riesgos que entrañaba su manipulación– comenzó a usarse para reemplazar la pólvora. La solución vendría con Alfred Nobel, un químico sueco que había conocido a Sobrero en París. Nobel había aprendido de su padre la importancia de esta tecnología para la construcción, especialmente de puentes y carreteras, y desde pequeño se interesó por esa especialidad, a la que dedicaría su profesión. En 1864, una explosión de nitroglicerina en una fábrica de Estocolmo mató a cinco personas, una de ellas el hermano menor de Nobel; el hecho supuso un acicate para que este se volcase en el estudio de un modo de hacer más seguro su manejo.

Para desarrollar la dinamita, el sueco empleó tierra de diatomeas –proveniente de fósiles marinos– como si se tratara de una esponja, con la que podía absorber la nitroglicerina. Así, se formaba una pasta que podía envasarse en tubos de cartón.

Etiquetas: curiosidades históricasinventos

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