Así nos espían en las redes sociales

Tras su cara amable y los millones de amigos que las habitan, hay un lado oscuro: la facilidad que ofrecen a las empresas tecnológicas de controlar nuestra vida y comerciar con nuestros datos.

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No es la única compañía que actúa así. En 2010 el director de Google Eric Schmidt se vanagloriaba de que ellos sabían al momento dónde estábamos y lo que hacíamos. Pero ni él ni Zuckerberg han sido los primeros en plantear una vigilancia orwelliana. En 1985, Erich Mielke, director de la policía secreta de la República Democrática Alemana (RDA), la temida Stasi admirablemente retratada en la película La vida de los otros, creó una red para espiar a los dieciséis millones de ciudadanos del país por orden del máximo líder Erich Honecker. La Stasi recabó datos de juzgados, bancos, aseguradoras, oficinas de correos, hospitales, empresas de radio y televisión y bibliotecas, que, unidos a los de la propia policía secreta, permitieron a Mielke saberlo todo sobre los alemanes orientales: los libros que leían, el médico al que iban, con quien se relacionaban... Se trataba de crear al hombre de cristal, que viviría en un país donde todo era visible por bien del Estado y, supuestamente, del propio ciudadano. La caída del Muro de Berlín sepultó este proyecto llamado Regularización del Uso de Datos Almacenados, pero unas décadas después la idea ha sido llevada a la práctica, a escala mundial, por Google, Facebook y otras empresas de big data. El objetivo ya no son unos pocos millones de personas, sino miles de millones. Y sin tener que pagar un dólar a informantes ni espías, porque no los necesitan. Son los propios espiados los que regalan de buen grado la información, con la que Serguéi Mijáilovich Brin, uno de los fundadores de Google, ha hecho una fortuna de 26.000 millones de dólares. Y si la Stasi espiaba por el bien del alemán oriental, Google lo hace por el “bien del consumidor”.

Más información en el artículo El espía que surgió de internet, escrito por Miguel Ángel Sabadell. Puedes leerlo en el número 425 de Muy Interesante.

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Etiquetas: Derechos Humanosinformáticainternetredes sociales

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