Así espiaron los americanos en la España neutral

Mantequilla para la pobre España puso el tío Sam para controlar el espionaje en Madrid.

espías

La I Guerra Mundial tuvo importantes consecuencias económicas, sociales y políticas para España, pese a que nuestro país se mantuvo al margen del conflicto. En la prensa se podía leer: "la guerra ha trastornado de tal manera la situación económica del país que hoy es imposible la vida. Muchas fábricas han cerrado, otras tienen a sus obreros a medio trabajo, hay fábricas que están haciendo un soberbio agosto y, sin embargo, éstas no han aumentado sus jornales, a pesar de saber sus dueños que todo ha encarecido".

Cuando empezó la I Guerra Mundial el 28 de julio de 1914, España era un país económicamente atrasado. Solo el País Vasco y Cataluña contaban con una industria importante. Tras el Desastre del 98 y el posterior tratado con Alemania en 1899, España había perdido sus colonias y era un país desmoralizado, cuyo sistema de gobiernos de «turno» estaba constantemente cuestionado, con un ejército anticuado, casi sin armada naval y atascado en el problema de la guerra con Marruecos.

Así las cosas, el gobierno conservador de Eduardo Dato decidió mantener a España neutral, porque en su opinión, compartida por la mayoría de la clase dirigente, carecía de motivos y de recursos para entrar en el conflicto. El rey Alfonso XIII también estuvo de acuerdo, aunque según confesó al embajador francés le habría gustado que España entrara en la guerra del lado aliado a cambio de «alguna satisfacción tangible», como la cesión de Tánger y disponer de manos libres en Portugal, pero que se consideraba rodeado de políticos de poca monta y que él "estaba en una posición muy difícil".

Entonces, el Comité de Información Pública de EE. UU., su principal aparato de propaganda, abrió una delegación en Madrid, en la calle Zurbano. La dirigía el productor cinematográfico Frank J. Marion y su cometido era contrarrestar la propaganda que los alemanes llevaban a cabo en España. Según el historiador José Antonio Montero Jiménez, la sede madrileña del CPI se encargó de la difusión de películas norteamericanas en colegios, universidades y otros centros públicos españoles.

También se ocupó de abastecer de noticias a los periódicos y de traducir al castellano documentos propagandísticos, como el titulado Cómo llegó la guerra a América. El boletín American News se distribuyó entre los estadounidenses residentes en España, y la Cámara de Comercio de EE. UU. en Barcelona y varias empresas privadas de ese país usaron sus escaparates para exhibir carteles. La máquina propagandística de Marion no se limitaba a exaltar las campañas militares; también pasaba films que mostraban los avances técnicos del país y el alto nivel de vida de los norteamericanos. Según George Dorsey, número dos del CPI madrileño, se trataba de hacer comprender a los españoles que el tío Sam podía "poner mantequilla en su pan, salvar su cara, preservar la monarquía y evitar la anarquía".

CONTINÚA LEYENDO